sepia
la gente moría en casa, en mi tiempo,
el tiempo de cualquiera
es su infancia, por si las moscas,
y mi abuela,
no sé por qué carajo le tocaba dar la extremaunción,
con ella me despertaba y llevaba,
sandín fue la última persona que vi morir,
era de madrugada,
y, cosa rara, yo no sentía miedo,
un coro de mujeres con mediofondos,
lideradas por mi abuela,
ayudaba a sandín a revivir en este poema,
cuarenta y pico años después,
el cual no es de mi autoría
sino de la mata de sandín de mamón,
de la que me caí
por no haberle hecho caso al miedo
que me poseía
manuel de jesús
lo recuerdo corriendo hacia mí,
cuando me caí,
nervioso, preocupado,
culpándose y luego aliviado,
persignándose
y dándole las gracias a su dios,
pues mi vuelo aún
no era para tanto,
yo no sabía entonces
decirle al abuelo lo que siento
y lo mucho que lo siento,
lo mucho que extraño
que ya no corra a levantarme
raíz cuadrada
afuera está lloviendo
y yo estoy despierto,
es un pequeño concierto
de sueños y paraguas,
de gente que está cayendo
por tantear
y tentar las alturas
de su condición,
de su raíz cuadrada,
y tú estás durmiendo
mientras está lloviendo,
mientras me toca a mí
cumplir con el café,
cumplir
con los trapitos
que esperan por el sol
para secarse
estampa
la gente jura que volábamos chichiguas,
que nos robábamos
los zapatitos de nailon de los bebés
para hacer soga,
para poner a favor de nuestro esfuerzo
los vientos de la nación,
pero se olvida de las cartas
que escribíamos,
que enviábamos a dios con las chichiguas,
y se olvida de las varillas,
de la mata de muñeco que usábamos
para pegar el papel
y preparar sus alas para el combate
con los cielos,
la gente no se acuerda de la corrida
que teníamos que hacer para volar,
para despegar como aviones,
ni el susto que pasábamos
cuando nos cortaban el hilo de ariadna
y teníamos descalzos
y semidesnudos que saltar mayas
para recomenzar,
para recuperar nuestra chichigua
le flâneur
jarto de reírme de mí mismo,
salgo a caminar todas las mañanas.
es gratis y dicen que es bueno para la salud
reírse también del otro.
tampoco hace falta tener una mascota,
aunque puede ayudarte
a disipar sospechas si llevas contigo un perrito,
a atraer mujeres
(si eres hombre, como es mi caso).
salgo antes del café a recoger el reguero
que los sueños me dejan:
no escarmientan,
siempre se les va la mano conmigo.
tampoco es necesario llevarte el móvil
(aunque entreveo el pánico en tus ojos
al sugerir susodicho disparate),
ni mucho menos tener una inclinación artística.
aunque ayudan,
no se necesitan ítacas, ni citas de amor,
con tu paraguas o tu chichigua a mano,
simplemente abres la puerta de tu casa
y sales a comprobar si va a llover
o si el sol,
por los vientos,
hoy se saldrá con la suya.
en mi caso,
el cual está lejos de ser meritorio de estudio,
de ser un caso para un detective
de amores no correspondidos,
salgo sin falta a caminar todas las mañanas,
no conozco otra forma de volar.
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