sin usuario
en la gaveta que chirría,
una media
a la que le hace falta la otra,
un lapicero sin tinta
pero un lápiz
todavía con su borra
y punta,
y una moneda de poco valor
que quiso
una, dos, decenas de veces
terminar en una fuente,
también una ficha de dominó
y un cigarro encenizado,
a medio acabar,
con un corazón metido,
escondido en una cajita de fósforos,
y una contraseña pueril
sin usuario,
en la gaveta que te cuesta abrir,
que ya no cierra del todo
mensaje de voz, mensaje sin vos
tranqui. no te llamo desde la cárcel,
menos desde el hospital.
ya sé, llamándote a esta hora de la noche
no ayuda, menos a ti,
que sufres porque no sufres lo suficiente.
la última vez te llamé desde una barra,
no escarmiento,
¿te acuerdas?,
para dizque aconsejarte que moderaras
el nivel de tu embriaguez.
pero esta vez, no me lo vas a creer,
te llamo desde el mismísimo infierno.
conseguí la dirección
gracias al chévere desliz del paraíso
y los de la puerta
en trajes de baño
me dejaron entrar sin problemas.
aunque no me hayas tomado la llamada
y esto sea sólo un mensaje de voz,
un mensaje sin vos,
necesitando un aire acondicionado
y un traguito de lluvia añejada,
te llamo para felicitarte en tu cumple,
qué chula aún te ves,
antes de que se me vaya a olvidar
como la otra vez
cuando por estúpido me fui de parranda
sin la dosis exacta de tu amor.
condiciones atmosféricas
soy ideal para identificar mujeres en la calle,
pero conquistarlas ya es otra historia
salen muy caras y requieren de tiempo,
de tener que, incluso,
partirte el culo los domingos
soy ideal para señalarlas:
con su pro y contra,
es una actividad como cualquier otra
escucharlas, tocarlas, probarlas,
sería ya otra cosa
y otro gallo seguro cantaría
pues sólo si ellas me lo propusieran
(lo cual no me sucede hasta la fecha),
y sólo si yo pudiera devolverlas
en un par de horas
tiraría la casa que rento por la ventana
mientras tanto, me hago el chivo loco
y me conformo con alternativas
al alcance de la mano,
al alcance de cualquier infeliz
la broma
a la tercera no siempre es la vencida.
estaba en la librería
cuando, un tanto desprevenido,
me atacó la diarrea
con sus armas bélicas.
suerte que había un baño
y que a nadie más en ese momento
lo estuviese atacando también
la malnacida.
lo cierto es que me la pasé más tiempo
sentado en el inodoro
que buscando algo para leer.
no fue sino después de la quinta vez
de ir y regresar del baño
que la diarrea se dio por vencida,
y pude respirar, secarme el sudor,
pagar de prisa por el libro de kundera
y correr rumbo a casa,
no fuese que me volviera a atacar
sin escrúpulos la inconsiderada.
muertelogía
te vas de vacaciones, cuando te mueres,
decía la abuela,
aunque ni ella ni tú supieron,
pudieron irse de vacaciones,
por falta de recursos,
también por miedo a no querer regresar
te vas de vacaciones, finalmente,
disfrutando de su puro, la recuerdas
son tan buenas que nadie regresa,
ni la abuela que tanto te quería
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