cuando me sincero, me dan ganas de tirarme al zafacón.
la derecha, esa otra mano izquierda.
síganme los buenos, decía el chapulín, y tuvo que quedarse solo el chavo.
hay cosas que no te dicen, y otras, más importantes, que no te dices.
tarde o temprano te agarran con las manos en la masa; pero, por suerte, nunca te agarran a tiempo.
nos une la felicidad que no podemos proveer a los otros, ese fracaso.
opciones: si te descubren, te matan; si no te descubren, te mueres de hambre.
la idea es no madurar, terminar siendo un viejo verde.
fácil llegar temprano o tarde. llegar a tiempo es lo dificultoso.
nunca es tarde, te dicen, para empezar, cuando siempre lo es, cuando ya se te ha hecho tarde.
si te dicen que todavía eres joven, es que ya te has hecho viejo.
aquí no se explica, aquí se aplica.
cambia, la vida de un hombre cambia, después de consultar con un urólogo.
soy inofensivo, aunque por ello ofenda lo que estimo.
los perfumes fuertes de los viejos no son para atraer mujeres, son para hacer marear a la muerte.
dura mucho para darse, tanto así que olvidas que una vez lo sembraste en el conuco de tu corazón, tanto así que cuando finalmente brota de la tierra como un géiser ni se reconocen.
acercándome al final puedo ver ahora bien claro el principio, el principio de este azaroso después.
abriendo un buen libro a veces se siente como bajándote el zíper de tu vestido.
ser como la aguja del tocadiscos y ponerte la piel de gallina, hacerte compartir conmigo la pecaminosa música de tus gemidos.
el tren llega hasta donde llegan las vías, nosotros hasta donde nos lleve el baile de tus caderas.
hay que saber hacer las dos cosas, cocer y coser, si queremos llegar a la tercera parte y recuperar parte de nuestro contrabando.
como los tristes poetas que cuentan sílabas y rimas para no morirse de aburrimiento, sigo minuciosamente la receta al pie de la letra, olvidándome de improvisar lo que quieres, lo que necesitas, lo que te hace pegarme los cuernos con cualquier pariguayo.
yo me quedé en la era de los discos, en querer convencerte de que bailaras conmigo mientras el dj se distraía con un bizcochito, mientras él no se apresuraba en cambiarnos de canción.
cuando alcancé a verle el culo, me di cuenta de que me había equivocado del que había elegido.
por culpa de la carne se me hace agua la boca.
si la paz tuviese un hijo lo llamaría guerra.
la cultura es sepultura convertida en agricultura.
para las recaídas no hay paracaídas.
es más leve que el agua el amor, el alcohol, aunque no te salven de la horca ni de la náusea cuando te sirven el café con sus sobrecitos, con sus pacitos de hormigas rumbo a la dulzura.
el deseo mata, pero es lo único que nos mantiene vivos.
si no se descuentan, se multiplican los errores.
papel higiénico, me ahorro, cuando voy a la oficina.
lo que ganas, el otro lo pierde.
leo a los premiados, a los que fueron engañados.
el sueño es un planeta inhóspito.
qué bien nos quedaban los brincacharcos. señal de que aprendíamos, de que crecíamos a pesar de la pobreza. qué bien nos hicieron.
el amor escribe, el odio corrige.
son palabras que no envejecen, que se resistieron a vivir, que sólo las encontramos en los diccionarios.
el deseo no madura, no envejece, nunca caduca; sólo cambia de piel, de ropa interior.
una pareja con hijo ya no culea cuando quiere, sino cuando puede.
la tierra no salva, aunque el mar nos ahogue.
lo mejor del futuro son las mujeres, aquellas que ya no se fijan en ti.
jarto del móvil, prefiero fijarme en los culos mientras camino.
nunca fui papá por segunda vez, con la primera entendí que acercarme no podía a una tercera vez.
parto de pocas seguridades, de los acentos de las esdrújulas, por ejemplo, de las esdrújulas que pessoa ridiculizó e inmortalizó.
se pierde la eñe cuando se emigra, y los acentos te los hacen sacar de la maleta antes de salir del aeropuerto.
constante esfuerzo requiere el bien, constante atención sentirse bien.
te cuento: me caen mal los de la derecha, y no me caen bien los de la izquierda.
la vida, esa hija de puta, afortunadamente sigue saliéndose con la suya.
entre hombre y hambre sólo diviso un intercambio de vocal.
cómo cuesta la paz
en mi cuarto oscuro pongo en libertad a la luz.
el dolor es un cargo vitalicio.
me despierto para olvidarme de los sueños.
busco un manual para entender las instrucciones.
jarto de hojearme, me doy cuenta de que me he convertido en lo que más detesto, en un libro de autoayuda.
necesito un café para mear después.
frustraciones: ser pobre en este país o aquel, en esta ciudad o aquella, contigo o sin ti.
tenemos que poner en orden alfabético los números, luego ya veremos.
montado en el tren de la esperanza, rumbo al matadero.
repite hasta que un día escuches: ya te puedes morir.
a la vida hay que cruzarle los dedos.
para acertar conmigo, contigo espero equivocarme.
me asombra que ya no me asombre.
es la oscuridad la culpa de la luz.
procuro poner el café, quitarme los sueños de encima.
el pronóstico no es bueno, cierto, pero ¿cuándo no ha sido malo?
en la pintura de la pared de mi casa se ve de lejos, casi una silueta, a un hombre caminando por la playa, pero yo lo que entreveo es un signo de interrogación, con dos piernas y manos en los bolsillos, a quien se le ha perdido justamente su signo de admiración. en la pintura de la pared de mi casa, la cual no existe.
el tiempo enseña, pero a un precio fuera de mi presupuesto.
me levanto a orinar, no para apuntar algún sueño, mucho menos para agarrar con las manos en la masa a alguna estrella que se haya escapado de los cielos.
para ser fiel, hay que traicionar lo justo y lo debido.
lo importante no es morir con dignidad, sino vivir o saber convivir con ella.
nunca me voy a perdonar no haberte agarrado el culo a tiempo.
como tu falda, el proyecto se vino abajo por culpa de mis manos.
si te dieron un reglazo en la escuela, eres de los míos.
soy de esos músicos de oído, que no sabe leer música, pero te toco hasta el culo si la pieza me lo indica.
son actos las palabras, no lapicitos de colores.
tranqui. el día menos pensado alguien se acuerda de ti y te llama para pedirte prestado.
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