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Lo órfico en la lírica de Alexis Vázquez-Chávez

lunes 3 de abril de 2017
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Alexis Vázquez-Chávez
Ante los dos horizontes del estar en la lírica Alexis Vázquez-Chávez (1951) la vieja caminería de los órficos tomó.

“Loando lo digno de loanza”.
Píndaro, Nemea, VIII.

Asumo, cual irrefutable, la definición de Platón sobre las dos actitudes ante la creatividad lírica; en su diálogo Fedro por boca de Sócrates afirma (Diálogos; México, Porrúa, 1972, p. 636): “Pero todo quien intente aproximarse al santuario de la poesía sin estar agitado por el delirio de las Musas, o crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, está muy distante de la perfección” (…). Señala el filósofo ateniense dos respuestas ante la invitación de la Poesía: una, la del “delirio que viene de las Musas”, la otra basada sólo en el arte (el ars). Ocupan esta última postura quienes buscan la belleza de la composición apoyados en sus conocimientos formales: métrica, dominio de los tropos, de las figuras, de la rítmica, fulgencia, gallardía escritural. Pero éstos ¿tocan en algún momento el Ser de la poesía? Concluye Platón la frase, por boca de Sócrates, así: “La poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino” (Op. cit. ídem). Vayan dos ejemplos paradigmáticos: los poetas parnasianos sobre este ars su elocución lírica levantaron, reposan en sus libros esas hermosas estrofas sin secreto. Por el contrario los románticos, a veces descuidados en el ensarte de metáforas, sílabas métricas, vocablos acertados, solían sin embargo abrir aquellos profundos postigos para revelar el latir de lo poético. Ya antes de Platón, Píndaro (siglo V a.C.) en versos la misma reflexión había conceptuado:

Porque ciegas están las almas de los hombres
quienes sin las Vírgenes del Helicón (…las Musas)
sólo en su sabiduría de mortales
exploran la senda profunda de las odas.

Peanes (frag. 52 h).

¿A quiénes Sócrates, cuando afirma “estar agitado por el delirio que viene de las Musas” o “que respiran un éxtasis divino”, según el pasaje citado, se refiere? Identifica bajo esas descripciones a los poetas órficos, aunque ese término en ningún momento del diálogo aparece.

Pájaro de luz

Pájaro de luz enaltece penumbras
en tiempo de camelias
atiza brasas de algún sol lejano
promueve silente música torbellino
en ojos luna
aun si viaja
en naves luminosas de cantos
extraviados en aberturas
de bosques blancos
Provino un sonido
en perdidos ecos
de solitarios planetas
al encuentro de risas sinceras
en ambiguas confusiones
de hojas caer
al seno de centellas

Alexis Vázquez-Chávez, Certidumbres del alba (1989).

Fluye por la voz de los órficos —heraldos de las Musas— un desbordado río de resonancias reminiscentes, de armonizados vocablos cautivantes para revelar a los otros los misterios de la Madre Gea uncidos a los de Uranuscaelum—:1 intemporales, aespaciales, mánticos. “Cuando un hombre percibe la belleza de este mundo y recuerda (anamnesis) la belleza verdadera su alma toma alas y desea volar”… (Fedro, Op. cit., p. 639). Transcribo, apenas a manera de un retumbo de lo sugerido, las dos primeras estrofas del poema de Alfredo Silva Estrada “Un día tu esqueleto es la súbita alianza”:

Te hundes en desvarío de micas imbricadas,
Transparencia aturdida, beoda inflorescencia
Triturando su aroma para alzar esa grieta que aloja lo infinito.

Entre restos ahogados
—Oh altivez en derrota, cómplice de lo eterno—
Aún calientes guarida como fluyente holgura,
Como terrón deshecho en bodas de equinoccios
O broza percatada de sideral molienda.
(…)

Acercamientos (1969).

Sacrificarían jamás los órficos su lenguaje a un severo orden lógico expositivo de los versos sumisos a la barroqueña realidad inmediata, más bien el melos2 oracular eligen, el grito, lo profético, el alarido del vidente, de la pitonisa; su ódica con libérrima fuerza brota desde la arcanidad del soma del humanus. Rotulo esta actitud ante el hacer poético pulchritudo obscura3 (Orphica).

Santuario

Eterno vacío y revelación
Totalidad: destella espíritu
Vértigo y tropel
Piel transparente irradia
Santuario del adepto fulgura lumbre
Musical silencio
Celebración solemne en colina del este

Alexis Vázquez-Chávez, Reverso de la paradoja (2003).

Asumirán siempre los órficos su oficio de aedos, rapsodas, trovadores, seguidores del mítico poeta Orfeo4 cuyos dulcísimos versos movían las rocas, danzaban los árboles, apaciguaban las fieras. Hechizó con sus odas las divinidades del mundo subterráneo, el reino del atardecer del dios Hades:

…………………………….Revoloteaban sobre su cabeza
……………………………………………………..infinitos los pájaros
…………………………….los peces fuera del agua azul
al son de sus bellos cánticos saltaban…

Simónides de Keos (556-467 a. C.), “Orpheus”.

Se ha tejido con el impulso atado a la concepción de lo kállos5 órfico, a lo largo de tres milenios, una extensa locución lírica de la cual en Mérida de Venezuela, en la esquina de entresiglos, Alexis Vázquez-Chávez bajo la tolda de esta estancia del tiempo una ódica digna ha erigido. Pero ¿proviene de dónde esa singular escritura lírica de Orfeo y de los órficos? ¿Esas presenciales verdades extasiantes de lo obscuro, lo nocturnal, lo tiniebloso? ¿Ese “éxtasis divino”, esas resonancias reminiscentes con las cuales alimentan sus odas al inserir en ellas las señales de las múltiples manifestaciones de la Madre Gea? A lo cual se suma esa expresividad identificada con su alta percepción del discurrir de los misterios del horizonte espiritual, de lo sacrati.

Estancia VII

Y vino el Anunciador
acordado entre violines,
con cuerdas de tiempo a flor
y arpegios y celemines.
Curvéle hasta los finojos
el arco azul de los ojos,
lo que el Señor le decía.
¡La Gloria estaba en desvelo,
y una abeja iba de vuelo
porque Gabriel lo sabía!

Juan Beroes, “Retablillo de la anunciación” (1953).

Osado, felizmente, Alexis Vázquez-Chávez cuando las saetas encandecidas de sus versos lanza para iluminar, con el lampo del poema, a la órfica vigilia del sacro misterio milagro de la ódica, por eso traza estas rítmicas voces.

En el desfiladero del suburbio
la malicia flota en la opacidad
como festín del sigilo
y la euforia del fugitivo.

Es el reino de las murallas y la desconfianza.

En el asfalto de la conciencia abismal
y la locura del peregrino en la solitaria avenida
quien escudriña lo insólito y la extrañeza.

El desgarre premonitorio en las tinieblas
como destello del relámpago
alcano y algarabía.

La periferia entrañable del instante
en el recodo del letargo
del viajero y su aventura.

Un eco inadvertido de la sabiduría que retorna
en la tormenta que elimina influjos y certezas.

Alexis Vázquez-Chávez, “Amarillo” (2012).

Ante los dos horizontes del estar en la lírica Alexis Vázquez-Chávez (1951) la vieja caminería de los órficos tomó, así en sus tres poemarios hasta fines de 2013 lo rubrica. En esos arcanos mesteres de las odas de Orfeo el poeta Vázquez-Chávez amoroso cautivo de ese bosque encantado permanece.

Lubio Cardozo
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Notas

  1. Cielo, bóveda celeste.
  2. Canto, poema lírico.
  3. La oculta belleza.
  4. Documentos arcaicos historian a Orfeo (hijo de la musa Calíope), nativo de Tracia, como poeta y músico de origen divino, creador de arquetipos del canto y del arte de las Musas, fundador del orfismo (religión mistérica de la antigua Grecia originada entre los siglos VII-VIII a.C.), sus himnos órficos trasmiten el meollo mítico de la doctrina con la reinterpretación del mito de Dionisos-Zagreo; buscaban la purificación o κάθαρσις, kátharsis (catarsis), mediante rituales místicos y ascéticos.
  5. κάλλος: belleza, hermosura.
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