El estanque se secó y la serpiente se iba a marchar. Una serpiente pequeña le dijo a la grande: “Cuando tú te marches yo te seguiré. Los hombres al ver el movimiento de las serpientes, seguramente te matarán. Mejor sería que me llevases en el lomo. Los hombres creerán inevitablemente que yo soy un dios”.
Entonces la gran serpiente cargó a la pequeña. Atravesaron el camino público. Los hombres se ocultaban al verlas y decían: “¡Es un dios!”.