Una producción
de Editorial Letralia
Cagua, Venezuela
Jorge Gómez Jiménez
Editor

Conviértanos en su página de inicio

Alojamiento:
AbracaAdabra.Network

¡Obtenga su propio buscador GRATUITO!

Letralia, Tierra de Letras
Año VIII • Nº 103
3 de noviembre de 2003
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Otoños de abril
Andrés Velásquez

Comparte este contenido con tus amigos
Pero me fui, no me reconocí y el apartamento se oscurece y yo aquí en esta ventana tonta que me ofende con su poca luz me confundo entre las sombras de una cortina que se va cayendo por el día...

La luz cae..., la luz no existe y el pequeño aire que brinca por la mesa sólo me da muchos recuerdos de vasos vacíos y de vasos dentro de mis manos que se agrandan hasta el extremo de decir: ¡Basta! Y ¡basta ya! Que hoy es el día que nunca esperé por aquel corredor donde corrí, me alcé y te busqué, Mary, ¿o es que siempre me quedé quieto y sólo pienso? Pues en verdad no sé.

La ventana se achica y no me dice nada, y yo con cada pestañeo que doy, como que se me oscurece cada vez más este cuarto tonto donde el reloj sólo me hace tic-tac tic-tac y cu-cu cu-cu.

¿Qué hago? Me siento demasiado indefenso y pequeño y peor aun cuando comienzo a escuchar el disco que me regaló..., pero es tarde, yo pienso que es demasiado tarde para llamar, para coger el maldito teléfono y ¡que viva! El odio antes del amor y yo contigo Mary quizás estemos mejor dándonos mil abrazos lejos que de aquí cerca, y si tú me llamaras te colgaría, y si tú no me llamaras te volvería a colgar, ¿no me entiendes, Mary? No supones que es cuatro de marzo y que aún busco por todas partes mi pañuelo dentro de tus ojos tristes, creo que siempre en el colegio te enseñaron que cuatro más cuatro y más cuatro son doce y que yo así soy una ecuación que no funciona, no te das cuenta que esta ventana me odia y que yo aquí estoy dando vueltas mientras el maldito disco pone la canción numero cuatro.

"Cuéntame cómo va cayendo el sol mientras hablas peeensaré qué guapa estáaas qué sueeerte ser... la mitad del cuento de un atardecer que observo al escucharte, porque mis ojos son tu voz".

Sí, Mary, es tarde, te lo repetí hace poco y yo aquí no detengo el vaso lleno, tú no me miras... y esta ventana cada vez más chica no me aclara nada, no entretiene ni un rumor sordo fuera de tu casa de jardín, aquella que visité de casualidad por no darme cuenta que las calles siempre se parecen pero no son las mismas, si aquella que toque pensando que vivía Sally; que ya no te amo, no, ya no, y por eso dame los recuerdos y no te amo y escúchame bien, Sally: si llore no fue por ti, sino por el tan lindo amor que maté para llegar aquí, así que por eso vine antes que parta algún avión de noche y me deje en puro recuerdo y puro agitar de brazos que la verdad verdad ya están muy cansados, por eso Sally no te amo, no te molestes en ordenar tus cosas en mi delante y no me digas que estoy ebrio y que apesto, no, Sally, yo vine a buscarte sólo para mandarte a la mierda, para decirte que tenías razón...; que diez años se pueden borrar así de fácil y con un puta que los parió..., sí..., así que adiós, Sally, adiós..., sólo adiós...

Creo que ahí fue cuando bebí mi primera copa tan solo y tan bien acompañado, con la cabeza que me daba mil vueltas y tú explicándome que aquí no vivía ninguna Sally, pero si quieres otra copa con gusto te la doy, ¿y sabes qué?, yo ya estoy comenzando también a detestar a esa maldita Sally, hija de puta, sí, porque en verdad dejarte a ti, tan triste..., tan solo, tan... y la puta que la parió...

—Mary, no hables lisuras, Sally ya no está.

—Pero te das cuenta que estoy yo, ¿no?

—Sí, yo me doy cuenta y tus dieciséis...

—Bueno, tengo quince pero faltan sólo tres meses para mis dieciséis.

—...

—Vamos, levántate y dejemos a esa maldita en su avión y mira, aún quedan mil copas encima de la botella y queda aún más vino, más champán, más de lo que tú quieras pero no te vayas, no lo hagas...

—Tú dieciséis..., quince...

—Sólo faltan tres meses.

—Tres vidas...

—No hables así.

—...

—Te amo, descansa.

—...

Casi nadie espera lo que nunca piensa, y tú, Mary, te amo, y tú, Sally, vete a la mierda con todo y tu maleta y esos diez años con los cuales me robaste para estar bien con Mary que recién conozco, por eso, Mary, te abrazo pero me da miedo, te beso pero me da aun más miedo, no se qué pasa... todo camina, se cae, tú te ríes, yo me entristezco, Mary, habla, Mary, sólo mírame...

Fue muy lindo columpiar a Mary por las calles y que sé dé cuenta que la casa a uno a veces lo deja ciego, por eso paseemos y te prometo no fumar, te prometo que no te sacaré de Miraflores, acá esos dieciséis años recién cumplidos me retienen, y sí que pasaron rápido estos tres meses, sí que verte todos los días me devolvió la felicidad en un vaso que ya no busco, tal vez no en tu delante... porque el adiós...

Vamos, Mary, no es verdad que no te quiera, sí te quiero, pero me da miedo, tú pareces..., mejor caminemos por otro lado ya que esta calle se me hace conocida, ¿y cómo estás en el colegio? ¿Cómo están tus amigos y los juegos, los deportes?, háblame más de tu familia y cómo te olvidaste de guardar tu cepillo donde se debe, pero no importa, a mí me pasaba eso cuando yo era..., mejor demos la vuelta y volvamos y sólo mirémonos ya que la mirada es muy limpia y no jode tanto como toda la vida me jode a mí, no te preocupes, sí sigo escribiendo, pero por más que intento no recuerdo o no consigo ponerle nombre que libere a alguna página, a alguna reacción... y por Dios, Mary, no me mires así con esa cara, en verdad me pones más triste y esa tristeza sólo me hace quererte más, mucho más...

¿Sabes, Mary? Aún no quiero que conozcas mi casa, no quiero que entres por esas paredes, que mires esa ventana y que descubras que aún sigue la misma cama que compartía con Sally, pero te juro que sólo está ahí porque el avión despegó, está por..., sólo para saber que tuve un pasado, pero te prometo que ya no duermo ahí, que para inhabitado y que sólo queda una cama y un retrato que se cayó cuando llegó abril a cuestas y sin modo...

Pero, Mary, no iré a tu casa, sé que tus padres no me quieren, no te buscaré seguido al colegio, sé que tus amigos me miran con mala cara, prefiero no acercarme mucho a tu alrededor; por eso, Mary, te prometo que mejor me quedaré en mi casa a terminar el libro que comencé a escribir hace un año, pero, ¿sabes? No encuentro aún el nombre, mi nombre, tu nombre... y peor aun, no encuentro el saber por qué me miras tanto, porque..., yo casi treinta y el cigarro, y tú dieciséis y el colegio, así no es como la vida planta su orden, pero a mí no me importa, yo te sigo, Mary, y por eso aquel jueves olvidamos que tú tenías colegio y nos fuimos a caminar dejando mi cigarro en la silla; por eso, Mary, supe que te amaba, supe que mis lentes no me sirven para verte mejor, no, Mary, qué te parece si mejor me dejas que te acaricie la mejilla de niña que aún no aprende que el amor suele ser muy cruel con aquellos en que la soledad los tiene atrapados.

—¿Y si nos abrazamos?

—No sé, Mary... te quiero..., no sé, Mary.

—¿A qué le temes?

—No sé, Mary... te quiero..., no sé, Mary.

—¿Sabes? Ayer soñé contigo y sentí que te tenía tan cerca que prácticamente éramos uno, estaba feliz, estaba como siempre te digo que estemos, como la primavera se echa en invierno, como nuestro beso se convierte en caricia, tú sabes, ¿no? Pero... de pronto sentí que te ibas de Miraflores, mejor dicho, de Lima, mejor dicho, del Perú..., te ibas y me dejabas llorando y temblaba y maldita sea, te odié, y maldita sea, ¿por qué me dejaste? ¿Por qué lo hiciste? Quería despertar, quería descubrir que todo era falso, ¿dónde estabas? Te quiero, te amo... ¿dónde estabas? Y por fin desperté y descubrí que estaba en mi cuarto y que las cosas tenían su mismo orden, y que a las ocho te vería y que aún es abril y tú..., ¿tú me amas? ¿Siempre lo harás?

—Mary, abrázame, que tengo miedo y acá tus mejillas me destrozan.

—¿Tú me amas?, ¿siempre lo harás?

—Yo te amo, siempre lo haré.

—Abrázame, sólo abrázame...

Desde aquel día sugerimos que esperábamos a que lloviera en nuestros hombros, el abrazo duele contigo, Mary, cuando te amo tanto, cuando veo que yo tengo casi treinta y tú cada vez estás más joven, cada vez más niña... como si en vez de avanzar, retrocedieras; dieciséis, quince, catorce...

Me da miedo, Mary, me da demasiado miedo y mejor oculto mi cigarro y el vaso para que no te des cuenta que yo aún sigo llorando a veces en mi cuarto que detesto porque no está..., porque tal vez tú y yo casi treinta y por eso mejor no nos abrazamos tanto, no me busques con tus labios cuando juego con tu mejilla que me alegra; pero, Mary, no sé..., no es que no te quiera, no es que espere algún avión..., sólo que tú eres demasiado linda y yo soy demasiado triste, no quiero verte como me encuentro ahora, por eso nunca el cigarro aparecerá ante tus ojos, y mejor volvamos, en tu casa se preocuparán y se darán cuenta que te has venido conmigo, con alguien tan..., sí, vámonos, Mary, vamos... que ayer fue abril y da pena...


La mesa del cuarto tiene las patas muy delgadas, hace frío, creo que el viento de abril dejó sus entrañas en las paredes, todo camina y vive, avanza, respira..., todo me conoce y hasta me extraña, nada de lo que pase me sorprende, nada de lo que me ponga triste me pondrá más triste de lo que soy.

—¿Tú me amas?, ¿siempre lo harás?

Es por eso que este cuarto queda en alguna calle que no conoce nadie, que se reparte entre dos esquinas que ya no se llaman esquinas, que ya se pierden y vuelan, nadie oye..., nadie...

—¿Tú me amas?, ¿siempre lo harás?

Es por eso que ahora de noche este maldito reloj no se calla y su maldito tic tac tic tac y cu cu cu cu, no se detiene, la mesa se achica al igual que la ventana cada vez más y mi nombre es..., y siempre escuché por el disco la misma canción, el mismo número de tema y así yo soporto...

"Acércate, cuando estemos piel con piel mis manos te dibuuuujarán..., tu aroma me diráaaa tu edad, junto a tiiii, unido sin saber por qué, seguramente se me note... el resplandor de una ilusióooon, porque a tu laaaado puedo olvidaaaar... que para mí siempre es de noche...".

—¿Tú me amas?, ¿siempre lo harás?

Maldición..., quisiera alejarme un poco más del pequeño aire que me absorbe, de aquella caída en abril que nunca espera, que nunca llega a junio..., creo que es mejor que a veces me calle, así no me odio tanto, así dejo la soledad y muero de una vez...

—¿Tú me amas?, ¿siempre lo harás?

Yo te amo, Mary, siempre lo haré.


Las semanas convertidas en meses pasaban; los abrazos, los pequeños besos se quedaban por los pasajes de nuestro camino.

Tú y yo, Mary; yo y tú, Mary, y que se vaya a la mierda la gramática y disculpa la lisura, Mary..., disculpa la desesperación, es que ya me voy cansando del orden de las cosas que me están dando a entender que tú y yo, yo y tú... y en verdad que se vaya a la mierda todo lo que nos separe, que a pesar de tu cara de niña, casi estamos saliendo ilesos. Tus padres casi no te hablan mal de mí, y tus amigos me saludan y casi parece como si fuéramos contemporáneos, aunque la vez pasada el "Cojudo" (como tú le dices) de Alfonso, me dijo "Señor", sí, Mary, señor..., ¿señor yo? Que tiene un cuarto..., el avión despegó y la puta que te parió, Sally... ¿Señor yo? Yo...

No importa, Mary, déjalo así, que las páginas avanzan y tú vas de dieciséis a diecisiete y de diecisiete a dieciocho y así, cuando cumpliste tus diecinueve años, la alegría hizo a un lado mi tristeza de siempre, la metió en el rincón de mi cuarto que sin saber cómo se le prendieron las luces, y sin saber tu ropa de colegio se deshizo por unos pantalones jeans y un polo que hasta a mí me daba frío, así que quizás..., tal vez..., así ya todo ande mejor, ya todo tome su curso y quizás no sea tan disparejo como la vida nos dice que es, no, Mary, quizás..., sí, tú ya casi..., por poquito ya eres toda una mujer, nadie te ordena, nadie te dice que no andes conmigo, sí, Mary, la libertad nos destapa y quizás ya no me dan tanto miedo tus mejillas, ni que tú entres a mi cuarto y que te acaricie... ni que mis manos se diviertan con tu silueta que se palpa con cada tacto, quizás así tu desnudez ya no me haga huir, así la cama, el abrazo, el amor... nos espera en plenitud hacia el sur. Tú tienes ya diecinueve, Mary, y con cada suspiro que das el cuarto se va aclarando, con cada unión de nosotros el futuro ya no nos odia tanto, sí, Mary, te amo, tu cuerpo delgado hecho un jirón de desnudez me atrae y yo... así..., nadie hay en el aeropuerto con el brazo en alto, por eso el libro te esperaba para continuar, y es de noche y por ti es de día, estamos desnudos en la cama y te amo y tú me dices: "Yo también".

Qué bello día es aquél que después del amor viene, qué lindas canciones aparecen en el aire de la nada cuando todo brilla y las sonrisas se desnudan en actitud de un vuelo tímido.

Mary duerme a mi costado, Mary ya no usa uniforme y casi cumple veinte, casi es ella misma y mía a la vez, es como si la que estuviera a mi lado hubiera estado allí siempre, hubiera nacido, crecido, llorado, reído..., todo allí, Mary, sonríe y está más linda, Mary duerme suspirando y sus quince... diecinueve años parecen como si me hicieran llorar a mí de repente, necesito un cigarro y la copa y mejor bajo mi brazo que desde que se durmió Mary está en alto, que hasta siento ruidos que en el viento me asustan y Mary duerme, Mary no ve lo que pienso, es abril y es doce, es mi cara la que cambia de cara y la línea que me ubica aquí me dice que tengo, desde tus quince años, doscientas canas más, así... mira... en verdad... yo ya lo sabía, sabía que mis lentes se nublan y que la cama que está en el otro cuarto siempre seguirá allí, y tú creces... y yo marchito, tú avanzas y yo más que eso sólo desaparezco como el curso que siempre da la vida, por eso me siento culpable, me siento triste..., sabía que la felicidad sólo dura un pequeño tiempo junto a otro tiempo, y así qué tonto de mi creer que sería eterno, qué tonto y Sally la puta que te parió, qué tonto y Mary aún me busca dormida con sus manos, soy yo y me di cuenta que Mary me encontró y que yo ya me perdí de nuevo...


Me acabo de acordar que mis ropas son las mismas que las de hace diez, cinco, dos años, casi no hay ventana, casi no hay silla, nadie me podría mirar, nadie se daría cuenta que voy extrañando un poquito con dos lágrimas. Sé que estamos en otoño y que por más que sean las seis aún sigue siendo de noche, qué tonto pretender otra cosa, qué tonto fingir e ilusionarse que tal vez podría ser diferente..., la tristeza de uno siempre es la misma, el dolor, el pasado, todo es un cofre que contiene la misma llave en un mismo bolsillo, cada uno se encuentra cuando menos lo espera, cada uno canta... y en verdad... ¿qué queda?

"Para mí siempre es de noche, pero esta noche es como un atardeceeerrr, si logras que a la vida me asomee, tus ojos sean los que brilleeen y laa luuuna que la borree, pero en su eterna oscuridaaad, a veces se le oye, a voces, qué no daría yo por contemplarte aunque fuera un solo instante".

...un solo instante.

—¿Tú me amas?, ¿siempre lo harás?

—...

—¿Tú me amas?, ¿siempre lo harás?

—Yo te amo, siempre lo haré.

—¿Y por qué me dejaste?

—...

—¿Por qué..?

Mary, se te escucha a veces por los mismos pasillos queriéndome siempre, queriéndome y extrañándome pero no tanto como yo a ti, y te hablo en serio, no dejo de pensar en ti y no..., escúchame por un momento; te quiero tanto que daría la vida por ti, y por eso mismo, no, Mary, escúchame, por favor, hazlo..., que así me entristezco menos, ¿sabes, Mary? Hay un jardín enorme en París que tiene tu nombre; bueno, se llama Rue Mary, es muy hermoso, tiene muchas flores de todos los colores y la gente pasea con su familia por ahí los domingos...

—¿Por qué me dejaste?

Aunque los días de semana algunos jóvenes estudiantes se ponen debajo de alguno de sus árboles para leer o poderse besar con su pareja en discreción...

—¿Por qué me dejaste?

Tiene una estatua en el medio de la virgen; bueno, yo supongo que es de la virgen por la manta que cubre su cabeza, aunque creo que todas las santas se parecen, aunque creo que yo no me di cuenta muy bien...

—Maldita sea, ¿por qué me dejaste? ¿Por qué lo hiciste..., por qué?

Mary, no me escuchas... me daba miedo de que fuera así, casi temblaba, te amo... y tu cara, tus mejillas..., ¿por qué dejaste que entrara a tu casa? ¿Por qué no me dijiste que sí eras Sally?, y así me iba para siempre, tenerte en mi cuarto, durmiendo en la cama que compré por dejar a la otra cama oculta allá atrás, estabas linda, no podía creer que te haya vuelto mía cuando yo no soy de nadie, cuando tú te vas de diecinueve a veinte y yo me voy de treinta y uno a treinta dos, cuando tú avanzas y yo me voy aun más lejos, sí, Mary..., me di cuenta que uno se engaña para no sufrir, que por más amor que haya, la tristeza a uno lo vuelve un viento que se pierde por otoño, no, Mary..., escúchame bien, escúchame y deja que termine, que ahora ya no hay lejanía ni dulzura que me detenga, que por más que espero siempre es abril también en este sitio.

Ese día antes que despertaras pensé en pedirte que te vinieras conmigo a París o a cualquier otro sitio, dejar a esta ciudad por otra ciudad que olvidara que para el amor se tiene que sufrir primero, sí, Mary, quería despertarte y que alistaras una maleta pequeña y que no llevaras en ella tu uniforme que habías dejado años atrás en tu cuarto, quería que imaginaras junto a mí que sí se puede ser feliz y amar al mismo tiempo, por eso, Mary, casi lloro de lo lindo que pensé en tenerte todos los días entre mis brazos, por eso nuestros hijos se llamarían Gabriel y Mary como tú, por eso nuestra casa tendría dos columpios y un aire a Miraflores que tanto me vuelve hacia ti, pondrías tus cuadros y yo te escribiría un poema por día y te daría un beso por aire, pasarían años, pasarían mil cadenas juntas por la más grande felicidad que existe, así llegaríamos con nuestras lindas arrugas paseando por la Rue Mary agarrados de la mano y pensando en nuestros hijos que volvieron al Perú por nosotros, sí, Mary, nada ni nadie nos separaría, ni el avión que despegó hace años, ni mi tristeza que ya hasta parece cotidiana, por eso te amo y yo aquí... sólo te amo..., sólo sé que la que está a mi lado eres tú, Mary, y me doy cuenta que más que cerca estás lejos, que no habría futuro, que para mí los días no existen si no hay pequeñas horas y el avión en alto..., no quiero engañarte, Mary, no quiero recordar tanto y menos cuando te tengo a mi costado, no, Mary, cada segundo son diez canas, cada segundo es un suspiro tuyo, por eso no habrá maleta, te amo tanto que no habrá París, ni Rue Mary, te amo tanto que mañana cuando quede en buscarte yo ya estaré paseando por mi antiguo lunes que siempre se planta abril, por eso tú debes seguir en tu casa y con tus amigos de universidad que te siguen por ser tan linda, por eso cuando despiertes yo seré el que esté dormido, por eso cuando me busques con tus manos yo seré el que esté suspirando, esperando que sea muy tarde y tú te tengas que ir porque mañana es martes y abril a ti sí te quiere mucho, por eso, Mary, te beso por última vez mientras suspiras, te miro por última vez mientras París me espera para esconderme de lo que siempre caí por ser sólo en el que el avión y Sally... la puta que te parió, que así soy el que escribe y que te columpia con tu uniforme de cuadros esperando que crezcas cuando sé que es inútil la espera, ¿dónde estas?, ¿dónde estoy? Da pena... y sólo me quedo en este abril triste...

—Se me fue el mundo desde ese día.

—Mary... aquí es París y tu Miraflores me prometió cuidarte.

—Te busqué todos los días y hasta tuve que caer en el aeropuerto, viendo cómo te ibas por esa maldita, la puta que la parió..., viendo que yo sólo fui un abril en tu vida y que te dormiste y no te despediste...

—Mary..., no hables así, Mary, no busqué a Sally, su cama se encuentra en el mismo sitio y yo te amo y tú..., tú debes ser feliz, tú debes ser siempre la de los columpios y tu Miraflores en el cuarto de canciones que se tocaba de noche...

—¡Te odio!, te odio...

—Mary... yo... Mary...

—¡Te odio!

Hoy aquí vengo y el cuarto con cada minuto que pasa me envuelve más con su aspecto de soledad que llora. Yo me fui en el primer avión de Air France que partió al mes que fingí dormirme mientras ya te ibas, me fui... y creo que hasta pude ver cómo Sally volvía a volar otras cuarenta veces más, por eso cogí mis cosas en una maleta chica y puse mi libro a medio terminar en mi mano, ya teniendo en claro que jamás lo acabaría, comencé a recordar cada pasaje, cada señal que contigo planté para siempre, Mary... y no me digas que me quedé solo dormido, no finjas que tú no sabías que esto sucedería, allá París es como Lima cuando no estás tú, cuando sé que aún fumo y bebo más de lo que tú nunca pensaste que lo hacía, por eso, Mary, no creas que logré quitarme el pasado de encima, no creas que de nuevo por ser abril he logrado ser otro siendo yo mismo, no, Mary, yo te quiero, yo sé que estoy condenado a lugares sin ti y hasta con el viento mismo, por eso que Miraflores se quedó para ti, por eso cuando tú suspirabas intenté pensar en Sally, la puta que la parió..., quería olvidarme de un minuto jugando con dos segundos..., no pude, Mary... no pude, creo que sólo me sirvió para saber que uno pierde siempre porque Dios a uno lo agarra con mucha cólera por no ser hijo y amén en una cruz, sí, Mary, por eso te he escrito muchas veces, he llamado y tú nunca contestas, tú nunca vuelves a pisar mi cuarto y yo así por más calma que eso me trae, también me pone demasiado triste porque siempre el consuelo a uno le da un poquito de esperanza, pero no importa, yo quiero eso, quiero adornar un camino olvidado hacia este cuarto que tú no sabes que existe, llenar de otoños todas las primaveras que se sembraron por lunes, quizás así logro sentarme y que nada se haga más chico ni que haya más luces que sopuras farsas para mí.

Te quiero..., te amo..., pero ya estoy olvidado, sé que fuiste feliz y una pintora excelente dentro de tu Miraflores querido, sé que tuviste dos novios, sé que sólo te distrajeron unos meses, sé que detestaste abril con todas tus fuerzas y que te acordabas de mí pensando en otra cosa, sé que mis lágrimas por tu partida fueron ríos que siempre tienen olas en dirección hacia mi soledad, sé que fue una mala reacción y por eso tu auto se volcó y no se detuvo hasta que te llevara toda la vida..., tenías veintitrés años... tenías un hogar y un París que me volvieron ingrato.

Se muere...., se muere.... ¿y por qué no lo hago yo? ¿Por qué?

"Volveráaas, dime si mañana volveráas, como lo has hecho cada tarde, para contarme cómo muere el día..., y se marchó, ella se alejó de él, pero como en las cartas, dos puntos, posdatas, se me olvidaba, no me presenté...".

Este cuarto es oscuro y mi imagen es de azul, ¿quién pensó en todo esto?

¿Quién, Mary? ¿Quién..?


       


¡Vota y gana!
2 pasajes a Estados Unidos
1 monitor plano de 15"
3 teléfonos celulares

Aumentar letra Aumentar letra      Reducir letra Reducir letra

Predicado.com, la comunidad de la letra

Letralia ha sido seleccionada por Novedades ICTNet 2.0

Letralia participa en el Stockholm Challenge 2003/2004



Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 24 de noviembre de 2003 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes