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“El Aleph”, una refutación del tiempo

• Jueves 14 de junio de 2018

Jorge Luis Borges

“La lluvia es una cosa que sin duda
sucede en el pasado”.
“La lluvia”, J. L. Borges

En el inicio de “Nueva refutación del tiempo”, de 1946,1Borges, J. L., “Nueva refutación del tiempo”, en Otras inquisiciones (1952). Borges sitúa su texto en un pliegue que acaba de inventar: el ensayo que postula una argumentación de la que el autor descree:

En el decurso de una vida consagrada a las letras y (alguna vez) a la perplejidad metafísica, he divisado o presentido una refutación del tiempo, de la que yo mismo descreo, pero que suele visitarme en las noches y en el fatigado crepúsculo.2Borges, J. L., op. cit.

Entre la postulación de una idea que recoge cierta tradición filosófica de Schopenhauer, Berkeley y Hume, y su brillante expansión estética, Borges elabora lo que llama “refutación del tiempo” luego de deconstruir (cuando ese verbo derrideano aún no tenía entidad) la noción de espacio:

Hume ha negado la existencia del espacio absoluto, en el que tiene su lugar cada cosa: yo, la de un solo tiempo, en el que se eslabonan los hechos.3Borges, J. L., op. cit.

“El Aleph”, de 1949, inventa una escritura que no existía, un lenguaje que se fuga de su esencia, la sucesión, para decir la simultaneidad de los hechos, la superposición de los tiempos.

El embate de Borges, entrelazando el concepto filosófico (al que elige llamar perplejidad metafísica) con la invención literaria —que es el sitio desde el cual verdaderamente le interesa discurrir—, es contra la noción de espacio único y, especialmente, la de sucesión temporal. Para ese propósito citará un relato suyo de 1928, “Sentirse en muerte”, en el que cuenta una visita a una esquina “entre las penúltimas calles” de Barracas, donde tiene la conmovida sensación de volver a un lugar antes recorrido. Escamoteando cualquier acercamiento a la nostalgia, Borges habla allí del “sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra eternidad”.4Borges, J. L., op. cit. La idea no del retorno a un espacio desandado, no del regreso a un momento del pasado feliz sino al mismo sitio en el mismo tiempo:

La escribo, ahora, así: esa pura representación de los hechos homogéneos no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es sin parecidos ni repetición, la misma. El tiempo, si podemos intuir esa identidad, es una delusión.5Borges, J. L., op. cit.

En el centro del ensayo, Borges afirma: “Todo lenguaje es de índole sucesiva; no es hábil para razonar lo eterno, lo intemporal”. Y cita el texto antes referido, de 1928. Enumera también otras poesías suyas, de sus libros primeros. Tres años después de la escritura de este texto publicará un cuento prohijado por la genialidad y la audacia narrativa que expone, desarrolla y profundiza estas consideraciones sobre el espacio, el tiempo y las limitaciones del lenguaje: “El Aleph”, de 1949, inventa una escritura que no existía, un lenguaje que se fuga de su esencia, la sucesión, para decir la simultaneidad de los hechos, la superposición de los tiempos. Un cuento que refuta el espacio como materia y la acumulación lineal del tiempo. Desde el inefable Aleph, Borges (como autor y como personaje que el texto imagina para sí) cuenta las visiones mínimas y panorámicas de lo que fue, lo que es y lo que será eso que llama (con la misma palabra que eligió para decir la eternidad) “el inconcebible universo”.6Borges, J. L., “El Aleph”, en El Aleph (1949).

El recurso de la reiteración infinita del verbo ver en primera persona prefigura la posibilidad de narrar todo en un mismo tiempo. La repetición de todos los “vi” es en realidad un solo “vi” que cifra el espacio y el tiempo en una mirada única, en el oscuro sótano del cuento, desde la invención literaria, privilegiado y excluyente espacio desde el cual es posible la hazaña. El Aleph es, en ese sentido, la literatura misma.

…vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural.7Borges, J. L., op. cit.

El universo inconcebible acababa de ser narrado.

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Sergio G. Colautti

Docente y escritor argentino (Río Tercero, Córdoba, 1960). Autor de Apuntes sobre la narrativa argentina (1992), El revés del crimen (cuento, 1995) y La mirada insomne (ensayos, 2006), entre otros.

Sus textos publicados antes de 2015
168190207223241254265276280288295
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Notas   [ + ]

1.Borges, J. L., “Nueva refutación del tiempo”, en Otras inquisiciones (1952).
2.Borges, J. L., op. cit.
3.Borges, J. L., op. cit.
4.Borges, J. L., op. cit.
5.Borges, J. L., op. cit.
6.Borges, J. L., “El Aleph”, en El Aleph (1949).
7.Borges, J. L., op. cit.