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Castillos y palacios croatas: Europa 2017

martes 15 de junio de 2021
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Serie Europa 2017: Veliki Tabor y Trakoscan
Los castillos de Veliki Tabor y Trakoscan fueron incluidos en 2017 en la serie Europa.

La serie Europa se consagró en 2017 al mundo de los castillos y palacios en el viejo continente. En Croacia los filatelizados fueron los de Veliki Tabor y Trakoscan (dos por 7,60 kunas, aproximadamente un euro ejemplar), que comenzaron a circular el 9 de mayo de 2017, diseño de Dean Roksandic y fotos de Boris Krstinic.

Veliki Tabor se localiza en lo que han venido llamándose los condados del norte; en este caso, ambos efectos se encuentran en ese rincón de Croacia que tiene frontera terrestre con Eslovenia y Hungría. Ambos edificios medievales no se encuentran muy alejados entre sí. Pasa por ser una región agrícola muy fértil y su aporte a la depauperada economía es de mucha importancia, sobre todo teniendo en cuenta lo exiguo de su territorio y que los terrenos del Adriático, montañosos y graníticos, no tienen prácticamente importancia en este rubro.

Al margen del maíz, girasol y tabaco, sus mejores vinos suelen darse también por esta zona; a veces, se pierde la vista ante la inmensidad de los viñedos. Hay que señalar que no se ven muchos turistas por la zona y ello da una autenticidad que ha perdido el litoral; en algunas partes, incluso, uno puede pensar que realmente se encuentra en territorio húngaro, por ejemplo, en la zona del valle de Mura (Medigurje), en donde nos encontramos con una arquitectura prácticamente magiar, algo que realmente no deja de sorprender al viajero despistado, pero en realidad es el resultado de de la I Guerra Mundial que arrancó en los Balcanes con inusitada violencia. El terreno que hoy pisamos se adjudicó a Croacia y de ahí esa peculiaridad étnica. Si uno indaga, los húngaros preferirían no depender de Zagreb, pero los “iluminados políticos” sólo saben crear problemas a los pueblos. ¡Ay, los pueblos!

Si personalmente hubiera algo de la zona croata que recomendaría sería su buena gastronomía, especialmente en esta zona de Zagorje.

Veliki y su peculiar castillo o fortaleza aparece en lo alto de la colina, sin duda uno de los más famosos de la región y diríamos de los mejor conservados de todo el país. Las primeras referencias en documentos históricos se encontraron en los escritos del siglo XV, pero hay que recordar que ya pertenecía a la corona húngara en el XIV, tiempos de Matías Corvino I; sería cedido a la familia Rattkay, que lo conservó entre 1502 y 1793, cuando moría el último de la saga. En el XVI modificarían las hasta entonces austeras instalaciones para transformarlas en un palacio residencial de gran suntuosidad. La planta es de tipo pentagonal y está rodeado por una red amurallada con cuatro torres semicirculares que, junto a sus bastiones, en su momento, le crearon fama de recinto inexpugnable; hoy nos encontramos ante un bello edificio que sobrevivió al tiempo y que ha sido convertido en museo integrado en la red nacional de la Hrvatsko Zagorje, que incluye otros cinco recintos de Croacia. Hasta mediados del siglo XX la propiedad pasó por numerosas manos y en 1981 pasó a convertirse en un museo que, con más o menos cambios, ha llegado hasta nuestros días.

Sin duda fue uno de sus últimos propietarios, el historiador y académico Oton Ivekovic (1869-1939), quien lo reprodujo en numerosas obras de arte y expandiría la famosa ciudadela. Si se encuentra por la zona, quizá le gustaría saber que en septiembre suele haber una fiesta medieval en la que hay un día completo de batallas que, personalmente, me llevan a nuestro manchego castillo de Belmonte que un día de paseo me sorprendió con una de esas “juergas” dignas del séptimo arte, aunque bastante real según me dijeron los lugareños por la cantidad de “espadachines” que acaban con tajos de cuidado en las instalaciones de la Seguridad Social. Un espectáculo que, dependiendo del humor, hasta te hace sonreír. Pero si personalmente hubiera algo de la zona croata que recomendaría sería su buena gastronomía, especialmente en esta zona de Zagorje; pasear por el sendero algo menos de una hora bien merece la pena para poder degustar los famosos rollos de requesón o el gulas de venado. ¡Delicioso!

Trakoscan, gracias a la belleza de la zona y el buen estado de su castillo, la región se vio favorecida por el turismo capitalino (todavía no tan masivo como el que uno se encuentra en Zadar o Dubrovnik). Inicialmente el edificio fue levantado para vigilar la ruta del descenso de Ptuj al valle del río Sava; ya en 1434 figuraba entre las propiedades de Segismundo de Austria, quien las cedería al conde de Celje con la condición de defender la zona de las tropelías de las hordas otomanas; en 1568 la propiedad pasó a los condes Draskovic y en el siglo XIX el propietario lo transforma en una fastuosa residencia neogótica a la que le añade un precioso lago artificial, un parque y unos jardines que son verdaderos pulmones para la zona, especialmente en los calurosos estíos.

En 1953 las veinticinco habitaciones pasaron a formar parte de un museo en donde uno puede recrearse con la genealogía de la otrora poderosa familia Draskovic, que la recibió de manos del rey Maximiliano en 1566. Oficialmente ellos fueron los propietarios hasta 1944. La pequeña fortaleza del siglo XIII, sobre los salientes rocosos de las laderas de Rama Gora, no se parece en nada a lo que encuentra el viajero hoy en día; sin duda el salón del estudio de la pintora Julijana Erduedy Draskovic es uno de esos espacios que no dejan indiferente al viajero.

En esta peculiar construcción de la época medieval se recoge el pasado de una manera bastante fiel a la realidad, posiblemente gracias a que la fortaleza no cambió de dueños durante casi cuatro siglos y apenas ha sufrido los rigores de las “interpretaciones históricas” que tan de moda se han puesto en estos tiempos, cargados de despropósitos de todo tipo; donde todo tiene que ser puesto al día con la visión del bípedo del XXI, cuando eso únicamente es una visión sesgada de la realidad y sobre todo, amagan la cabeza bajo el ala y no nos soluciona la vida, sino que aliena a los que nos siguen.

Juan Franco Crespo
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