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Inteligencia natural

jueves 16 de mayo de 2024
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Inteligencia natural, por Vicente Adelantado Soriano
No se preocupe: tendremos vino, pan y olivas. Haremos un homenaje a la buena de Atenea. Y a Dionisios.
Efectivamente, si elimináis a los griegos, con su filosofía y su arte, ¿por qué escuela pretenderéis todavía subir hacia la cultura?1
Friedrich Nietzsche, Sobre el porvenir de nuestras escuelas.

Aquella tarde, ya casi de noche, mi vecino de la puerta 33 no se limitó a mandarme un mensaje por el móvil, como era habitual. Me llamó y me asustó. Era mi reacción normal ante el timbre del teléfono, ya fuera fijo o portátil. Rara vez he recibido buenas noticias a través de él. La voz de mi vecino, sin embargo, sonó bien alegre y risueña. Me invitó a bajar a su casa y a tomarnos una copa de vino. Antes de hacerlo le pregunté si estaba libre esa noche.

—Libre y sin cadenas —me respondió de buen humor.

—Pues encargo una cena para dos, y pago yo. Todavía me queda mucho dinero de su regalo.

—Me parece una excelente idea.

Vamos a cenar en un restaurante nuevo. Está muy cerca de aquí.

Habían abierto un restaurante cerca de casa. Tenía una tarjeta: las distribuyeron por las fincas de los alrededores. Llamé e hice una reserva.

—Vamos a cenar —le dije minutos después tendiéndole la mano— en un restaurante nuevo. Está muy cerca de aquí.

—Me parece bien. Pero yo prefiero los lejanos y conocidos. No por nada especial, sino por caminar y rebajar la cena. Y por no llevarnos desagradables sorpresas.

—Podemos dar vueltas por el barrio hasta el agotamiento.

—Da gusto hablar con hombres de tantos recursos —dijo no sin algo de cachondeo.

—¿Ha ido usted allí? ¿No le gusta? —pregunté cayendo en la segunda de sus objeciones—. Se puede anular la reserva.

—No, no he ido. Era una broma. Si hubiera ido —añadió riendo— no sería desconocido.

—Ya veo. Está usted hoy muy bromista y de muy buen humor.

—No es para menos viviendo en medio de este paraíso terrenal poblado por bichos tan encantadores. Por cierto, ¿es verdad que la palabra paraíso proviene del persa y significa jardín?

—Así lo sostienen los entendidos en la materia. ¿Y qué le ha sucedido a usted en este jardín terrenal lleno de bípedos sin plumas para estar tan alegre y contento? —pregunté yo también con un toque burlesco.

—Tres cosas nada importantes; nada lo es, pero las tres me han alegrado el día. Me han hecho reconocer las necedades de unos y de otros, lo cual, en lugar de enfadarme, me ha puesto de buen humor. De un excelente humor, matizaría.

—Imagino que me las va a contar. Pero bebamos antes. Por los eventos vecinales.

Vaciada la primera copa de un excelente vino, mi vecino comenzó a contar:

—¿A usted le parece importante el lugar donde nace uno?

—Sí, por supuesto. A veces eso se convierte en un destino: si usted y yo hubiéramos nacido en África o en Asia no estaríamos sentados aquí. O estaríamos muertos, ahogados en medio del océano, o seríamos unos parias intentando cruzar el Estrecho. No lo quiero ni pensar.

—Me he explicado mal. La noticia ha sido el hallazgo de un papelote o pergamino. En el cual dicen que Cervantes afirma haber nacido en Córdoba. Esto lo han presentado como un extraordinario documento, muy importante.

El mismo idioma se hablaba en Alcalá de Henares que en Córdoba o Granada.

—Si la España del siglo XVII hubiera sido como la Grecia del siglo V a.C., tal vez. Por aquello de los dialectos áticos. Pero en el caso de Cervantes, no tiene más importancia. Creo. El mismo idioma se hablaba en Alcalá de Henares que en Córdoba o Granada. Cosa distinta es si hubiera nacido en Cataluña, aunque nunca se puede estar seguro. Esto es pura ficción. No tiene más importancia. Sirva más vino, por favor.

—Es usted un hombre culto y de recursos —dijo levantando su copa.

—Cualquier excusa es buena para que a uno lo inviten a cenar —le respondí sonriendo y elevando también mi copa.

—¡Vaya! —exclamó—, ya me ha descubierto el juego. Pero déjeme continuar.

—Adelante con los faroles.

—La segunda noticia —me dijo un poco más serio— me la ha proporcionado un viejo amigo. Su nieto —me ha contado— se ha hecho vegano con gran disgusto de su madre. La criatura tiene dieciocho años. Y se niega a comer carne y pescado aduciendo el sufrimiento de los animales, la degradación del mundo y no sé cuántas cosas más.

—Pues a mí me parece muy bien esa actitud. Además, la comida vegana es muy digestiva.

—Su madre no lo ve así. Las discusiones, al parecer, han sido tremendas. La mujer, desesperada, le ha gritado a su hijo que también los labradores sudan y sufren cultivando patatas, zanahorias y judías. Los explotan de mala manera. Y ellos son personas. Una oveja o un vaca, no.

—Todo tiene sus pros y sus contras, pero la madre se ha pasado un poquito.

—El muchacho ahora —según me ha contado mi amigo— está en huelga de hambre. No quiere dañar a nadie. Quiere morirse. ¿No le parece esto tan necio como el susodicho manuscrito de Córdoba?

—Es una rabieta. Se le pasará. No existe la pureza total. No dejará de comprenderlo él. Y su madre entrará en razón. Además, cada día hay más restaurantes y personas veganos y veganas. Por cierto, esta noche vamos a uno donde no hay ni carne ni pescado. Va a hartarse usted de verduras.

—Bueno, pero el vino no lo tienen prohibido los veganos, ¿no? —preguntó meneando la cabeza con algo de disgusto.

—No, ni pensarlo. Es el principio de la civilización: el pan, el vino y las olivas. Sólo nos faltará una tañedora de aulós. Sería el colmo. Oiga, igual me llevo una grabación para el evento.

—Sería mejor —dijo riendo— que se trajera a la tañedora y se sentara a nuestra mesa.

—Está usted hoy un poco revuelto. Bien. Lo intentaré para el próximo ágape vecinal y amistoso. Y así, si no me equivoco, llegamos al tercer y último evento. Soy todo oídos.

—Lo he guardado para el final. La guinda del pastel. No se la come nadie, pero luce muy bien.

—Yo sí me la como. No me gusta dejar nada en el plato. Es de mala educación.

En toda mi vida no he visto ni una corrida de toros. No me gusta ver sufrir a un animal.

—Como sabrá —comenzó llenando las copas de nuevo—, el ministro de Cultura ha retirado no sé si un premio o una subvención a la tauromaquia. Y varios presidentes autonómicos se han sublevado en contra de tal medida. Han puesto el grito en el cielo. Y con toda su inteligencia natural en juego, es enorme, han prometido dinero para premios y subvenciones a tan emotivo y edificante espectáculo. En algún periódico, abundando en el caso, ha vuelto a surgir la pregunta crucial y de marras: ¿es el toreo cultura?

—¡Hombre! —exclamé—, y los torneos medievales. Y la lucha de gladiadores. Y el boxeo, y la pena de muerte. Eran muy concurridas, por cierto. Todo es cultura. ¿Por qué no?

—En toda mi vida no he visto ni una corrida de toros. No me gusta ver sufrir a un animal…

—Nos haremos veganos, como el nieto de su amigo. El chiste de la situación, e imagino que ese es el motivo de su risa, es que estos fulanos, esos presidentes autonómicos, de tan elevada inteligencia natural, nunca se hayan manifestado porque los infantes estudien latín, griego, música, historia, filosofía o arte. Y no subvencionen escuelas de teatro, por ejemplo.

—Incluso uno de ellos, o uno del área de cultura, ha propuesto hacer corridas de toros para niños de pocos años. No se lo han permitido, menos mal. Ya me lo imaginaba a usted dando clases de toreo en vez de explicar tonterías sobre Sócrates o Platón.

—Pues es una pena, oiga. ¿Hay algo más patriótico que los toros? Y el arbolito desde pequeñito. Así, llevando a los niños al coso, se crea afición y mucha cultura. Nietzsche se debe de estar revolviendo en su tumba. Ya tiene la respuesta a su pregunta: Grecia superada por la tauromaquia. Y por España. ¿Cabe más orgullo y patriotismo?

—Nos faltaba eso. Ya hemos sufrido bastante la cultura y el patrioterismo de esta gente con esa necedad de afirmar y sostener que Séneca era español. De pura raza, además. Tal como Al-mutamid, nacido en Sevilla; Sem Tob, en Carrión de los Condes (Palencia); Ibn Hazam, también en Córdoba, y el moro Ricote en el pueblo de Sancho Panza, en un lugar de La Mancha. ¿No eran estos tan españoles como Séneca?

—Querido amigo, esas afirmaciones, cargadas de razón, son muy peligrosas. Tiene usted toda la razón del mundo. Por lo tanto la Reconquista es un intento, uno más, de reescribir la historia. Esta no fue sino una lucha entre hermanos de lenguas y religiones diferentes. Una guerra civil, vamos. Otra más. De muy larga duración.

—Eso me parece a mí. Eso de no hay más dios que Alá…

Vámonos a cenar y ojito con los que comemos y leemos. Este paraíso de bípedos sin plumas está lleno de serpientes, trampas y engaños.

—Es una traducción interesada —lo interrumpí—. Y mala. En el texto original no se hace distinción entre dos dioses. Lo mismo sucede con algunas traducciones de Séneca. Se empeñan en cristianizarlo, y cuando él habla de la divinidad o de dios, lo traducen, invariablemente, por Dios. Y así lo hacen caer en contradicciones. Cuando habla de dioses, no pueden traducirlo por angelitos o santos… En fin, querido amigo, vámonos a cenar y ojito con los que comemos y leemos. Este paraíso de bípedos sin plumas está lleno de serpientes, trampas y engaños.

—Muy bien. Me ha dicho que los veganos toman vino, ¿verdad?

—Sí, señor. No se preocupe: tendremos vino, pan y olivas. Haremos un homenaje a la buena de Atenea. Y a Dionisios.

—Ya me quedo tranquilo.

Y así, tranquilamente, nos encaminamos al restaurante vegano a pocos metros de casa.

Vicente Adelantado Soriano
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Notas

  1. Friedrich Nietzsche, Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Quinta conferencia. Tusquets, Barcelona, 2009. Traducción de Carlos Manzano.
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