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En el corazón de Corín Tellado

jueves 13 de julio de 2017
Corín Tellado
Intervención digital: Triunfo Arciniegas

Corín Tellado escribió más de cuatro mil quinientas novelas. Algunos redondean la cifra en cinco mil. “Ya sabes, Lope también escribió mucho”, le dijo a una periodista. María del Socorro Amalia Tellado López, tal era su nombre, podía hacer dos novelas en una semana, qué barbaridad, con jornadas diarias de treinta o cincuenta páginas, y hubieran sido más si sus dedos hubieran sido más veloces en la Olivetti. Se quejaba porque la mecanógrafa nunca alcanzaba la velocidad de su mente.

Vargas Llosa la trató con merecido respeto. Consideró a la asturiana “el fenómeno sociocultural más notable que haya experimentado la lengua española desde el Siglo de Oro” y la entrevistó para la televisión peruana. “Aunque esto parezca herejía, y lo sea desde un punto de vista cualitativo, no lo es desde el cuantitativo, porque ni Borges ni García Márquez ni Ortega y Gasset ni cualquier otro de los más originales creadores o pensadores de nuestra lengua ha llegado a tanta gente ni influido tanto en su manera de sentir, hablar, amar, odiar y entender la vida y las relaciones humanas”, precisó Vargas Llosa.

Por su parte, Cabrera Infante la llamó “la inocente pornógrafa”, aunque —como él mismo lo reconoció— no era tanto ni lo uno ni lo otro, y le dedicó un capítulo de su libro O.

Con tirajes de sesenta mil ejemplares, llegó a vender setecientos cincuenta mil en una sola semana. Hace más de veinte años se estimaba que había vendido cuatrocientos millones de ejemplares. Es difícil precisar la cifra actual, tanto como elaborar su bibliografía completa. Además, escribió obras para niños y, quién lo creyera, veintiséis novelas eróticas, bajo el seudónimo de Ada Miller, un homenaje al autor de Trópico de Cáncer. Si alguna vez tropiezo con una, sé que la devoraré de inmediato. Tengo apuntados en mi libreta algunos títulos: Prefiero el sexo, Inquietante Lauren, Tengo que ser infiel, Trauma sexual y Fuego erótico. En cuestión de títulos, Corín Tellado se quedaba algo corta pero no le faltaba, digamos, “precisión”.

Se dice que después de Cervantes, y para rabia de más de un escribidor de la Madre Patria, era la escritora más leída de la lengua española. Cervantes es grande, por supuesto, el más grande, pero nunca ha despertado tal fiebre.

Se separó a los tres años, aunque nunca se divorció. Durante años, su esposo le siguió enviando cartas que ella nunca abrió.

Corín Tellado escribía en un sótano de lunes a viernes, de seis de la mañana a dos de la tarde. Dormía la siesta y luego hacía correcciones. Y sólo se tomaba un mes de vacaciones al año. Con razón decía que había sacrificado su vida a la literatura: “Me hice daño a mí misma”. Y remató: “Pero dejaré de escribir cuando me caiga la cabeza sobre la máquina”. Nunca se rindió. Al final, en su lecho de enferma, dictaba las obras a su nuera.

No creó un gran personaje ni en su vasta obra figura una sola novela que pueda considerarse memorable. Poco o nada quedará de estas mujeres de “túrgidos senos”. Pero hizo más amable o al menos más llevadera la existencia de miles y miles de personas. Poco o nada quedará de todos nosotros, al fin y al cabo.

Fue una mujer dura. “Nunca estuve locamente enamorada”, confesó. De su breve matrimonio le quedaron dos hijos. Desde la luna de miel supo que había sido un error. “No pegábamos ni con cola. Él hubiera sido feliz con otra mujer, y yo lo hubiera sido con otro hombre, pero juntos éramos un fracaso como pareja. No teníamos nada en común”.

Se separó a los tres años, aunque nunca se divorció. Durante años, su esposo le siguió enviando cartas que ella nunca abrió. Cuando se enteró de su muerte, la dulce Corín las quemó sin leerlas. No acudió al entierro.

No se le conocen amantes, aunque quedan las dudas. “Hay cosas de mi vida que sólo yo conozco y que nadie sabrá jamás”, dijo. “Mi verdadera vida no se la digo ni se la diré a nadie. A nadie”.

Triunfo Arciniegas
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