
1
A sus 89 años y junto a sus seres queridos, ha fallecido en Lima uno de los grandes escritores de nuestro tiempo, Mario Vargas Llosa. Los agradecidos lectores del mundo entero recibimos la noticia con profundo dolor.
En la medida de lo posible seguí su obra a través de los años, desde las poderosas obras iniciales, La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral y La casa verde, hasta La guerra del fin del mundo y La fiesta del Chivo, entre otras. Seguí su obra periodística. Leí y sigo leyendo otra obra maestra suya, La orgía perpetua, lúcida exploración de Madame Bovary.
Ningún otro novelista de su generación exploró con tanto acierto y lucidez la arquitectura literaria, es decir, la estructura del objeto verbal, tanto en su propia obra como en los textos dedicados a otros escritores. Aparte de creador, fue un teórico, un crítico de talla mayor.
Ha valido la pena.
Gracias, maestro.
2
Gonzalo y Álvaro, en compañía de Morgana, portan las urnas con las cenizas de su padre, el escritor Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril de 2025 en Lima. Gonzalo con ambas manos, casi como un niño que protege el más preciado de los objetos, escondiéndose del mundo, y Álvaro con una sola mano y encima de una carpeta, como diestro camarero, expresando el dominio que le ha servido para enfrentar el acoso periodístico de los dos o tres últimos y difíciles años. La foto me parece impecable: la palmera y los postes que podrían confundirse con afilados árboles al fondo y los escaños vacíos a la orilla, ese muro mediano que se extiende al infinito y las blancas e interminables columnas de un edificio sin nombre. Expresa, además, la jerarquía: Álvaro, el mayor, con traje y corbata y los cabellos blancos, avanza resguardado por sus hermanos. Morgana, la menor, sin el escudo de los lentes, que reposan como diadema sobre la cabeza, marca una leve distancia. Es una lástima que el diario ABC no mencione al fotógrafo.
No hay consuelo que valga. No hay gloria que alivie el dolor de la ausencia. Todos dirán que ahí queda la obra, grandiosa, admirable, y es cierto, pero el padre ha muerto. No hay consuelo.
Los tres visten con elegancia y sobriedad. Gonzalo y Álvaro caminan con la cabeza baja, y Morgana mira al frente. Los tres portan la ausencia, más que las cenizas.
Los lectores lamentamos la muerte del escritor pero no experimentamos la convivencia ni el peso de los lazos de la sangre. Seguimos con la obra, como siempre, concluida por el portazo de la muerte. Una obra esencial, valiosa, bella, pero sólo es una parte de una infinita biblioteca, la verdad sea dicha. Vargas Llosa ya es otro muerto entre tantos muertos prestigiosos de toda biblioteca. Lo demás es palabrería. Otros autores vienen en camino hacia la muerte y continuaremos la ceremonia de los asombros.
Pero, en cambio, Gonzalo, Álvaro y Morgana han entrado por primera vez en el territorio sin salida de la orfandad, donde la muerte seguirá sucediendo. Lo que para lectores ya comienza a ser parte del pasado y mucho más cuando baje la marea del espectáculo, para los hijos será el presente eterno.
Por eso la foto resulta tan impresionante. Tan definitiva. Tan dolosamente bella y pura.
3
“El minivestido con que Isabel Preysler junto a Julio Iglesias, bautizó a su hijo Julio José en 1973 está hoy de moda”, dice el titular de una revista de vanidades. ¿Bazaar? ¿Hola? ¿Elle? No importa porque se copian unas a otras.
Hasta ahora ignoraba que los minivestidos hicieran bautizos. O, con más exactitud, que la Preysler ejerciera de cura. Aparte de esta confusión, vale señalar el extravío de las comas. En fin, perversidades del mal uso de la lengua o, como diría Vargas Llosa, “la civilización del espectáculo”.
Una de estas revistas recrea con menos errores el titular: “Para bautizar a Julio José, su segundo hijo junto a Julio Iglesias, Isabel Preysler optó por la elegancia del color blanco con un minivestido de manga corta con detalle de volante en el bajo y el lateral. Una pieza que derrochaba elegancia y glamour que, actualmente, sigue siendo una de las más demandadas entre las mujeres con estilo”. No es la perfección, pero se entiende.
Un espectáculo que en 1973 (el año de la muerte de los tres Pablos: Picasso, Neruda y Casals) recién comenzaba. En ese entonces Vargas Llosa ya había ganado el Premio Biblioteca Breve con La ciudad y los perros y el Rómulo Gallegos con La casa verde. Había publicado su indiscutible obra maestra, Conversación en La Catedral (1969), y navegaba en la divertida etapa de dos obras menos densas pero muy singulares, donde el humor y la autoficción hacen su entrada, Pantaleón y las visitadoras (1973) y La tía Julia y el escribidor (1977). Era el marido de la tía Julia Urquidi, si no de la prima Patricia Llosa, y el padre de Álvaro (1966) y Gonzalo (1967). Morgana cerraría la feliz cosecha en 1974.
La entonces bellísima Isabel Preysler, en la flor de la juventud, estaba muy ocupada haciendo niños con Julio Iglesias. Medio siglo después, sus amores con el Premio Nobel serían la delicia de las revistas de vanidades.
Y llega abril, que siempre ha sido cruel. Apenas unos días después de cumplir los 89, el escritor es un puñado de cenizas, mientras la reina de corazones y “de los blazers de cuadros”, de 74, sigue siendo “un referente de elegancia entre las mujeres amantes del estilo clásico”, según informa la revista Elle. Además, oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal, combina “perfectamente unas zapatillas con vaquero recto”.
La señora se “enfunda” en una infalible chaqueta de cuadros que ha combinado con un pañuelo multicolor. “Una de las tendencias clásicas que no dejamos de ver esta temporada y que promete ser uno de los accesorios más vistos de esta primavera”, precisa Elle.
¿Qué demonios es una chaqueta infalible? ¿Como el Papa? ¿O qué putas es un tacón sensato? Porque así concluye la nota: “Conociendo el estilo de Isabel Preysler, sabemos que ha combinado este look con un pantalón vaquero recto oscuro y unos botines de tacón sensato”.
En todo caso, y que nadie lo olvide, “un look de diez que nos inspira tanto para ir a la oficina como a un evento de tarde”.
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