
Texto e ilustraciones: Triunfo Arciniegas
Personajes
- MUJER 1, Matea, esposa de Emeterio.
- HOMBRE 1, Emeterio, deudor y falso difunto.
- HOMBRE 2, Eudoro.
- MUJER 2, Flora, esposa de Eudoro y hermana de Emeterio.
Acto único
Dormitorio de Mujer 1 y Hombre 1, sencillo y pulcro, conformado por una cama, una mesa de noche con lámpara y teléfono, una silla con un pañolón negro, el tocador con un florero y un vaso de agua. Mujer 1 se pasea nerviosa y preocupada. Viste de manera sencilla. Al fin decide llamar a Mujer 2, su comadre y cuñada, para averiguar por el destino de su marido. Se rasca de cuando en cuando.
MUJER 1 (al teléfono, junto a la cama): ¿Has visto a mi marido? ¿Que no, comadre? Pero si se fue hace cinco horas a pagarle los quinientos mil pesos al compadre. Perdóname, comadre Flora, muy hermano tuyo será, pero este marido mío es un sinvergüenza. No sirve ni para tapar las goteras. Y mira cómo me tiene, flaca y casi en pelota. Cuando salgo a la calle, a la gente le veo unas ganas de darme limosna. De pronto estiro la mano y vuelvo a casa con unas moneditas. Comadre, estoy en los meros huesos: los perros me persiguen. (Rascándose.) Ay, pobres, con goteras y con pulgas. Los niños van a la escuela en chancletas, y en los recreos pasan saliva viendo comer a los demás. ¿Qué dices, comadre? ¿Que me tienes una buena noticia? ¿En persona? ¿Cuándo asomas? ¿Más tarde? Te espero, comadre. (Cuelga.) Ay, Dios, estos maridos de ahora sólo sirven para parrandear y enamorar mujeres ajenas.
Hombre 1 entra asustado, corriendo, con un ramo de flores. Viste con sencillez: camiseta amansalocos, pantalones desteñidos y tenis viejos. Delgado, despeinado, sudoroso.
MUJER 1 (recibiendo el ramo): En vez de flores, Emeterio del Carmen, deberías traer un insecticida.
HOMBRE 1: Ay, mujercita mía, no lo vas a creer.
MUJER 1: ¿Te enamoraste de otra? ¿Por qué me fijé en ti?
HOMBRE 1: Sólo tengo ojos para ti, mi cielo.
MUJER 1: ¿Descubriste la fórmula para volverte un hombre rico?
HOMBRE 1: ¿Qué comes que adivinas? Iba derecho a la casa del compadre Eudoro a pagarle los quinientos mil pesos y se me ocurrió que podía duplicar o triplicar ese dinero. Entonces regresaría a casa a contarle a mi mujercita que no sólo le había cancelado la deuda al compadre sino que teníamos un milloncito para los dos solitos.
MUJER 1: ¿Y los niños?
HOMBRE 1: Nosotros dos y los niños. ¿Y sabes qué?
MUJER 1: ¿Qué, sinvergüenza?
HOMBRE 1: Me sentí iluminado, transportado, hechizado, no pude contenerme: entré al Gran Casino.
MUJER 1: ¿Y te desplumaron?
HOMBRE 1: No te me adelantes. (Como si estuviese jugando.) Le aposté al rojo y sabes qué. Ganó el rojo. (La mujer se entusiasma como una niña.) Ganó tres veces. Una, dos, tres. Ya redondeaba el millón cuando perdió el rojo. (La mujer se desanima.) Perdió cinco veces. Siguió perdiendo. Perdió como cincuenta veces. Entonces, sudoroso, sólo pensé en recuperarme, pagarle su plata al compadre y volver a casa.
MUJER 1: Te desplumaron.
HOMBRE 1: Hasta la última pluma. No me quedó un solo centavo.
MUJER 1: Qué sinvergüenza, por Dios, qué sinvergüenza. Con tanto sacrificio que juntamos esa plata. Tú me vas a matar, Emeterio.
HOMBRE 1: No digas eso que aún no te he contado la peor parte.
MUJER 1: Ya veo: no debí levantarme esta mañana. Debí saltarme este día infeliz.
HOMBRE 1: Salí del Gran Casino con el rabo entre las piernas y adivina quién me esperaba en la puerta.
MUJER 1: El compadre Eudoro.
HOMBRE 1: El mismo, y con cara de pocos amigos. Le conté la verdad y dijo que no me preocupara, que iba a buscar el revólver y ya volvía. Soy hombre muerto, mi amorcito.
MUJER 1: Así parece, Emeterio del Carmen.
Tocan.
VOZ DE HOMBRE 2 (gritando): Compadre Emeterio, ya tengo el revólver. No más le puse seis balas. Vengo a preguntarle si serán suficientes.
HOMBRE 1: ¿Qué hacemos, Matea? El hombre está que me totea.
MUJER 1: Dile que con seis tiros tienes, que no se preocupe.
HOMBRE 1: Ya estoy muerto.
MUJER 1: La idea no es mala. Te haces el muerto mientras se nos ocurre algo.
Hombre 1 se atraviesa en la cama, con las piernas por fuera y los brazos abiertos. La mujer, renegando, lo acomoda, con las manos sobre el pecho y las piernas sobre la cama. Le engarza las flores en las manos, se cubre de prisa con el pañolón negro y abre la puerta. Hombre 2 entra furioso, con sombrero y corbata, esgrimiendo el arma.
HOMBRE 2: Huele a carne humana. ¿Dónde está ese infeliz, comadrita?
MUJER 1: ¿Qué infeliz, compadre Eudoro?
HOMBRE 2: El infeliz de tu marido. Mi cuñadito. Emeterio del Carmen Montes. Se le acabó el plazo. Lo voy a tronar para que aprenda a ser cumplido. ¿Dónde está?
MUJER 1 (señalándolo): Ahí, compadre Eudoro, muerto del susto. Lo amenazaste con matarlo y cayó muerto apenas llegó. (Llora.) Murió en brazos de su amada, como en las canciones. (Se persigna.) Era un alma de Dios.
HOMBRE 2: ¿En serio, comadre? (Desconfiado, examinando a Hombre 1.) ¿Se murió sin darme el gusto de matarlo?
MUJER 1: Míralo no más: todo tieso. Flaco, triste, pálido, requetemuerto.
HOMBRE 2: Pues lo veo todo gordo, colorado y feliz. Debería estar muerto de la pena. Me parece que nunca había visto un muerto tan feliz, comadre.
MUJER 1 (solemne.): Ya está disfrutando de la presencia de Dios.

HOMBRE 2 (reflexionando): ¿Será que sí? (Guarda el revólver en la pretina, se quita el sombrero y se acerca al muerto.) ¿Así de feo huelen todos los difuntos?
MUJER 1: No te burles, compadre.
HOMBRE 2 (al muerto): Ay, tú no sabes de bromas. ¿Cómo pudiste creer que te haría daño, compadre? Sólo quería darte un susto.
MUJER 1: Pues del susto estiró la pata. Ay, ahora soy viuda y con un par de huérfanos.
HOMBRE 2: ¿Dónde están mis ahijados?
MUJER 1: En la escuela y todavía no saben la desgracia.
HOMBRE 2: Ay, comadre Matea, Flora va a pensar que algo tuve que ver con este trágico suceso.
MUJER 1 (burlona, acosando a su compadre y haciéndolo retroceder): ¿Te quedan dudas de tu mal proceder, fabricante de viudas y huérfanos? La fiera de mi comadre te va a mandar al más allá. La ventaja es que allí podrás arreglar cuentas con mi santo marido. Mientras llegas, mi pobre finado te va a hacer quedar muy mal con los otros santos. (Dudosa.) ¿Pero sí será que te vas al cielo, compadre?
HOMBRE 2 (asustado, de rodillas ante su compadre): Ay, compadre Emeterio, perdóname. Intercede ante el Señor para que perdone todos mis pecados.
MUJER 1: Más vale que te asegures.
HOMBRE 2 (perplejo, de pie junto a su comadre, mientras Hombre 1 aprovecha para rascarse sin lástima): ¿Cómo así, comadre?
MUJER 1: Ofrécele algo. Perdónale la deuda, por ejemplo. Dile que le regalas los quinientos mil pesos. Por la plata baila el perro.
Mujer 1 se persigna mientras Hombre 2 se hala los cabellos.
HOMBRE 2: ¿Que le regale los quinientos mil pesos?
MUJER 1: ¿Tu alma no vale quinientos mil miserables pesos? Hazlo por el bien tuyo. Como quien dice, por puro egoísmo.
HOMBRE 2: ¿De qué le servirán al compadre en estas condiciones?
MUJER 1: ¿Y cómo te los va a pagar ahora? Piénsalo, compadre. No hacía nada antes, mucho menos ahora que está muerto.
HOMBRE 2 (vacilante, y luego decidido): No, comadre, mi arrepentimiento no llega a tanto. (A Hombre 1.) Compadre Emeterio, te perdono la mitad de la deuda. El resto, ya veremos. (A Mujer 1.) No le dirás nada a mi mujer, ¿verdad?
MUJER 1: Soy una tumba.
HOMBRE 2: ¿Con teléfono?
MUJER 1 (levantando la mano en señal de juramento): Soy una tumba sin teléfono, sin fax, sin correo electrónico, sin señales de humo, sin palomas mensajeras.
HOMBRE 2: Con permiso, comadre.
Hombre 2 se pone el sombrero y sale. Mujer 1 asegura la puerta.
HOMBRE 1 (levantándose, todo perezoso): Ya no aguantaba más mi propia muerte.
MUJER 1: Rindes más muerto que vivo. Temo que voy a ser una viuda con suerte. Por lo pronto, ya cancelaste la mitad de la deuda.
HOMBRE 1: ¿Pero el resto?
MUJER 1: Ya veremos.

HOMBRE 1 (rascándose sin compasión): Me está comiendo una pulga. Ráscame la espalda, Matea.
La mujer está espulgando a su marido cuando tocan.
HOMBRE 1: Ay, mi madre, el compadre viene a rematarme.
MUJER 1: Sólo te va a meter tres tiros. No olvides saludar de mi parte a los angelitos.
HOMBRE 1: No es momento para bromas. Ve a ver quién es.
MUJER 1: Pero te haces el muerto por si acaso.
HOMBRE 1: ¿Y la pulga?
MUJER 1: Te la aguantas. (Se dirige a la puerta.) Tal vez sea la comadre. Tengo una idea. (Abre.) Ay, comadre Flora, se me murió el Emeterio.
Entra una mujer maquillada, elegante y refinada.
MUJER 2: Bruta, qué cosas dices. ¿Se murió mi hermanito del alma? ¿Y cómo?
MUJER 1: Tu marido dijo que le iba a pegar seis tiros porque no le pagó los quinientos mil pesos.
MUJER 2 (haciendo cuentas con los dedos): ¿A cómo le salió el tiro? ¿Le pegó los seis?
MUJER 1: Ni uno, comadre.
MUJER 2: ¿Entonces por qué se murió?
MUJER 1: Del susto, comadre.
MUJER 2 (arrodillándose ante Hombre 1): Ay, pobre hermanito mío. ¿Ya lo saben los niños?
MUJER 1: No han llegado de la escuela.
MUJER 2 (levantándose): Y yo que venía a compartirles una buena noticia. Nada es perfecto, como dijo la zorra.
MUJER 1: ¿Qué noticia?
MUJER 2: Compré un cachito de lotería el viernes y me gané una platica. Cómo es la vida.
MUJER 1: Así es, comadre, la plata llama la plata. (Asaltada por la curiosidad.) ¿Cuánta, comadre?
MUJER 2: Quinientos mil pesitos, qué coincidencia.
MUJER 1 (fingiendo indiferencia): ¿Y qué piensas hacer?
MUJER 2: Pensaba compartirla con mi hermanito, pero ahora ni modo.
MUJER 1 (con cara de mártir): Tal vez el cielo nos conceda un milagro. Casos se han dado. No perdamos la fe.
MUJER 2: Daría la platica que me gané con tal de abrazar a mi hermanito.
MUJER 1: ¿En serio, comadre Flora? ¿Darías los quinientos?
MUJER 2 (reflexionando): La mitad.
MUJER 1: ¿Darías doscientos cincuenta mil pesos por la inmensa dicha de abrazar a tu hermano, comadre Flora?
MUJER 2: Así es.
MUJER 1: ¿Lo juras?
MUJER 2: Lo juro por mi madre santísima, que en paz descanse.
HOMBRE 1 (levantándose y abrazándola): Abrázame, hermanita.
Mujer 2 se desmaya.
MUJER 1: Se murió esta pendeja.
HOMBRE 1 (examinándola): Parece que todo le funciona. Apenas se desmayó. No todos los días regresa uno del más allá. Trae agua.
Mujer 1 trae agua y Mujer 2 recupera el sentido.
MUJER 2 (todavía asustada): ¿No estabas muerto?
HOMBRE 1: Tu generosidad despierta muertos, hermanita.
MUJER 1 (alborotada): Y hace familias felices, cuñada.
HOMBRE 1 (atrapando la pulga): Te agarré, desventurada. (Intenta destripar la pulga entre los pulgares.)
MUJER 1: No, no la mates. Esa pulga y yo hemos sufrido bastante. Además, no soportaría otra muerte en este día. (Toma la pulga y la arroja al público.) Ahora vamos a buscar al compadre Eudoro. Le perdonó la mitad de la deuda a Emeterio al verlo muerto y tú le acabas de pagar la otra mitad por la resurrección, comadrita.
MUJER 2: Con mi otra mitad podríamos montar un negocito, una venta de tomates, un hospital de pulgas o un lavadero de perros.
MUJER 1: Me alegras el alma, comadrita, cuñada mía. Creía que no tenías corazón. Vamos a darle las noticias al compadre.
HOMBRE 1: ¿Y yo qué hago?
MUJER 1: Tú, sigue muerto, mijo, que lo haces muy bien.
Salen las mujeres y el hombre se echa a dormir.
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