Saltar al contenido
Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Una frase de Tolstói

lunes 11 de enero de 2021
¡Compártelo en tus redes!
León Tolstói
En la biografía de Tolstói, Henri Troyant señala errores u olvidos del escritor ruso que de ninguna manera restan grandiosidad a Guerra y paz.

Como no sé ni sabré nunca ruso debo resignarme a leer en español a Chejov, Babel, Bulgákov, Dostoievski y Tolstói. Leyendo Guerra y paz, encuentro esta frase en la edición de Edimat (Madrid, 2016): “La mañana era clara y su caballo oscuro”. Me pregunto si es posible que Tolstói haya escrito tal cosa, más digna de Snoopy, “Dogstoevski”, el perro de la historieta de Charles Schulz que sueña con volverse escritor. Sigo leyendo y la duda me carcome. Por suerte tengo otra traducción en casa (Bruguera, Barcelona, 1977), pero se me va casi una hora en localizar la bendita frase. La división de capítulos es distinta, así como los nombres de los personajes, percance común con los rusos. Según la edición, un solo personaje es llamado Pedro, Pierre, Pëtr, Petrushka, y no mencionemos el lío de los apellidos o el asunto de los títulos. Se trata de una novela de 1.350 páginas y centenares de personajes. Encuentro cartas y detalles que no aparecen en la edición de Edimat. No creo que me haya metido en otro libro por arte de magia o locura. Al fin localizo la nueva traducción: “La mañana era clara y luminosa, su caballo magnífico, y su estado de ánimo, dichoso y optimista”.

Qué traductor tan atrevido y, sobre todo, tan bruto. Cómo pudo simplificar Edimat de esa manera a uno de los grandes escritores de todos los tiempos, cómo se atrevió a alterar una obra maestra.

La primera traducción, absurda, por cierto, me recuerda la frase que un niño, uno de mis alumnos, escribió en su diario: “Me cortaron el pelo y mi mamá trajo cilantro”. El niño me parece gracioso, pero el traductor, un imbécil.

El diablo está en los detalles. Como la emoción o la credibilidad de la historia misma.

Quiero saber cómo tradujeron la misma frase al inglés y al fin la encuentro: “The morning was bright, he had a good horse under him, and his heart was full of joy and happiness” (Book Three: 1805, Chapter XV).

Uno se pregunta qué le pasará a este caballo. Para un traductor es magnífico y para otro apenas bueno. El traductor de Edimat lo considera “oscuro”, acaso contradiciendo la claridad de la mañana. ¿Cómo será con exactitud un caballo oscuro? ¿Tal vez negro? ¿O de malos sentimientos? ¿O será que se deprime en las batallas?

Después de los capítulos dedicados a la velada en los salones de Anna Pávlova, y muy al principio de la novela, en una divertida escena sobre una apuesta de borrachos en casa de Anatolio Kuraguine hay un oso que el traductor de la edición de Edimat confunde con un personaje. “Dejémosle, Michka”, traduce, cuando en realidad debe decir: “Dejemos libre a Michka”. Y al final del capítulo vuelve a cometer el mismo error. El traductor, entre otras cosas, ignora que “Michka” es un nombre que los rusos suelen darle al oso. Consulto otra traducción en Internet y sencillamente el oso ha desaparecido: no se menciona ni al principio ni al final. Por lo que veo, con esta obra los traductores hacen lo que les da la gana.

En la biografía de Tolstói, Henri Troyant señala errores u olvidos del escritor ruso que de ninguna manera restan grandiosidad a Guerra y paz. Según sus lecturas, Natacha Rostov tiene trece años en agosto de 1805, quince en 1806 y dieciséis en 1809. Qué manera de cumplir años o qué manera de quitarse los años. La encantadora Natacha, uno de los personajes más inolvidables de Tolstói, hace lo que le da la gana. Pedro Bezukhov ve en febrero de 1811 el cometa de 1812 y Nicolás Rostov pierde en Moscú una fortuna a finales de diciembre cuando en realidad había abandonado la ciudad en noviembre. La medalla que María le entrega a su hermano Andrés antes de partir a la guerra es de plata, pero cuando cae herido en la batalla de Austerlitz y se la arrebatan los franceses ya es de oro. Prodigiosa alquimia. Me impongo la tarea de revisar la traducción y encuentro que el traductor fantasma de Edimat (no hay ningún nombre que respalde la espantosa traducción) sencillamente olvida este detalle. Cuando los franceses le arrancan la medalla al prisionero no se menciona su material. Voy a la segunda traducción y compruebo que Troyant tiene razón. A Flaubert se le fueron las luces con los ojos de la señora Bovary que cambian de color tres veces y a Cervantes con una bolsa de dinero o algo así. No importa.

¿Pero con qué confianza puedo seguir leyendo la versión de Edimat? Confronto por encima las traducciones, centrándome en la mencionada batalla, y encuentro que el primer traductor ha omitido numerosos detalles. El diablo está en los detalles. Como la emoción o la credibilidad de la historia misma. Si se trata de una adaptación o de un resumen, los editores de Edimat están en la obligación de informarlo al lector. Siento que me han hecho perder el tiempo.

Triunfo Arciniegas
Últimas entradas de Triunfo Arciniegas (ver todo)