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La mirada de Carlos Fuentes al universo de Buñuel

lunes 13 de mayo de 2019
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Luis Buñuel y Carlos Fuentes
Para Fuentes (derecha), Buñuel transita por México, lo ahonda todo, es un gregario que rompe en las esquinas la mirada del hombre corriente para transfigurarlo todo en cine y poesía.
“Luis Buñuel o la mirada de la medusa”, de Carlos Fuentes
Disponible en Amazon

Luis Buñuel o la mirada de la medusa
Carlos Fuentes
Ensayo
Fundación Banco Santander
Madrid (España), 2018
ISBN: 978-84-16950-99-7
176 páginas

La Fundación Banco Santander ha publicado los apuntes de Carlos Fuentes al mundo de Buñuel con el título Luis Buñuel o la mirada de la medusa (2018) y lo ha hecho con especial tino porque ha sacado muchos textos de gran interés para todo amante del universo de Buñuel.

Ya en el prólogo, Javier Herrera Navarro nos habla del porqué del título que tiene un sentido claro en el libro, ya que, como nos recuerda Navarro:

Otra razón que trabaja a favor de esa analogía entre la mirada de Medusa y Buñuel son los propios ojos del cineasta, que para Fuentes son “ojos verdes, protuberantes, ojos de toro que acaba de salir a la luz del ruedo”… ojos que situados en el rostro de Buñuel, tal y como dice un poco más adelante, le dan simultáneamente un aspecto de toro y picador (p. 30).

Ciertamente, el cine de Buñuel tiene mucho que ver con la idea de la visión, porque no sólo existió aquella célebre imagen de El perro andaluz en el que alguien corta con una navaja un ojo, también el alfiler de Él o el picahielo de El bruto, para Buñuel los objetos punzantes representaban algo más que un fetiche, eran parte de un deseo frustrado, son elementos que rompen, rasgan, hieren la esencia de un argumento, impactan con su visión brutal.

Buñuel en México, en París, en Madrid, por la mirada de Fuentes aparece Buñuel en todos los rincones.

También la analogía con la Medusa la explica Herrera Navarro por la coincidencia entre un ser mitológico pero de una clara deformidad, la Medusa, con esos seres que aparecen en las películas de Buñuel, seres deformes o menesterosos que son claves en su cine como pudimos ver en la famosa cena de El ángel exterminador.

El libro es muy rico en ejemplos, porque vamos mirando, como si se tratase de una cámara, cómo expresa Carlos Fuentes el conocimiento de un hombre de cine pero también de un artista genial. Dice Fuentes en el apartado titulado “Rutina y soledad” lo siguiente:

Almuerza y cena temprano. Se levanta a las cinco de la mañana y se acuesta a las nueve de la noche. No habla mientras come. Bebe todo el día, desde las once de la mañana. Tengo de él una imagen esquizofrénica. Un hombre radicalmente solo. Y un hombre radicalmente gregario.

Para Fuentes, Buñuel transita por México, lo ahonda todo, es un gregario que rompe en las esquinas la mirada del hombre corriente para transfigurarlo todo en cine y poesía; así habla de los encierros, que están en sus películas, enclaustrados los personajes de Nazarín, Viridiana o El ángel exterminador.

Buñuel en México, en París, en Madrid, por la mirada de Fuentes aparece Buñuel en todos los rincones, el cineasta aragonés es un pensamiento, una furtiva mirada, un incendio que se lleva a cabo en cada secuencia de su cine; vemos cómo lo retrata Fuentes en Madrid:

Luis Buñuel aparece bajo el arco de Cuchilleros envuelto en una capa toledana color ratón.

Es un Madrid galdosiano donde Buñuel va caminando, abriendo senderos de luz y sombra, porque en el cineasta aragonés vive y respira España entera, su literatura y su arte; Buñuel entra en el Prado, el Velázquez del artista aragonés es otra cosa, así nos lo dice el escritor mexicano:

Y es sobre todo el Velázquez buñueliano cuyo realismo pictórico está en el filo de la navaja de la pura representación (p. 84).

Compara Fuentes a los mendigos de Velázquez con esos seres grotescos del cine de Buñuel, hay un arte de reyes y un arte bufonesco que les emparenta, porque el cineasta aragonés lleva a su cine el arte de la imagen, los seres que lo son todo y no son nada, la vaciedad humana, la deshumanización del arte.

Siempre la mirada para Fuentes, lo expresa en otro apartado del libro y también los instrumentos que usa Buñuel, sus cajitas:

Las cajitas de Buñuel, una mano moribunda y luego unos útiles escolares en la caja a rayas de Un perro andaluz. Cajita de música cuya melodía persiste en La vida criminal de Archibaldo de la Cruz. Caja de la corona de espinas, los clavos y el martillo en Viridiana (p. 103).

Por el libro vemos a Carlos Fuentes diseccionar el universo buñueliano, mirar con lupa cada espacio de sus ciudades amadas, también cada instrumento de su cine, cada mirada de su especial devoción entre lo sagrado y lo profano.

Al final, conocemos mejor a Buñuel, pero también a Carlos Fuentes, su estilo, sus impresiones y su minuciosa capacidad para observar al amigo.

Fuentes entrevista a Buñuel acerca de Belle de jour y sabemos más de esa película, la conversación se extiende y ya conocemos la complicidad entre los dos artistas, su simbiosis que el libro va proporcionando.

Y, para concluir, el sentido del humor en Buñuel lo expresa muy bien Fuentes cuando nos retrata esa forma de reír de ese gran creador de paisajes, seres y miradas que se han quedado para siempre en nosotros:

Guiñar un ojo, Buñuel no. Una mirada insondable, fija, lejanísima, que sólo es transformada por la gran sonrisa infantil y la carcajada ronca. Sabe reír hasta las lágrimas (p. 109).

Sin duda, este libro es un retrato del amigo, pero también una indagación minuciosa en su cine, en sus mundos literarios, en sus ciudades amadas, en muchas más cosas que hay que descubrir poco a poco en este libro tan apasionante de honda y cuidada lectura y además, el libro concluye con unas cartas de Fuentes a Buñuel y a la inversa.

Al final, conocemos mejor a Buñuel, pero también a Carlos Fuentes, su estilo, sus impresiones y su minuciosa capacidad para observar al amigo en estos recuperados apuntes de un ensayo sobre el cineasta aragonés, escritos por una de las personas que mejor lo conocieron. Una gran aventura es este libro, un gran disfrute para todo amante de la obra y vida de Buñuel.

Pedro García Cueto
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