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Luces de varietés, de Manuela Partearroyo
El mágico mundo de los cómicos

sábado 6 de febrero de 2021
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“Luces de varietés”, de Manuela Partearroyo
Luces de varietés, de Manuela Partearroyo (La Uña Rota, 2020). Disponible en Amazon

Luces de varietés
Manuela Partearroyo
Ensayo
La Uña Rota
Segovia (España), 2020
ISBN: 978-84-95291-86-8
256 páginas

La editorial La Uña Rota ha publicado el libro Luces de varietés de Manuela Partearroyo (Madrid, 1988), doctora en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido correctora de estilo en editoriales, entre ellas Alianza. Es escritora e imparte clases. Como apasionada del cine y del teatro, Manuela escribe un libro donde da vida a muchos de los grandes cómicos de nuestro pasado tanto en España como en Italia.

Dividido en varios apartados (“Las huellas de la máscara”, “La poética del grotesco”, “Valle-Inclán a la italiana” y “Fellini a la española”), el libro va tejiendo las miradas de grandes nombres del cine como Luis García Berlanga o el guionista Rafael Azcona, cuyo indudable talento produjeron obras maestras de nuestro mejor cine. Pero también se detiene en nombres como Fellini, con la sensación de crear un nexo de comunicación entre el cine español y el italiano, donde las comedias de ambos países tenían mucho en común. Lo mejor del libro es siempre la mirada lúcida de Manuela Partearroyo a una época que ella ilumina, porque al enfocar la cámara de su mirada en aquellos personajes los convierte en inmortales.

Manuela Partearroyo pone la cámara y filma; lo hace mirando a todos esos cómicos, los escruta, los ama, los escucha y crea un libro que va calando porque nos abre un abanico de rostros que ya son familiares.

La definición de lo grotesco es esencial para entender el libro, porque allí anida un claro objetivo de la investigadora; todo ha de pasar por la caricatura para hacer crítica, para denunciar lo que está mal:

Lo que sí está claro es que lo grotesco nos ha enseñado que la caricatura es la mirada más certera a la hora de protestar por algo, porque sabe colarse por las rendijas de la corrección política.

Para Manuela Partearroyo hasta los héroes pueden ser vistos como personajes de comedia; todos somos “igual de absurdos y caricaturescos”. La condición humana, nuestras virtudes y nuestros defectos, pasan por el tamiz de una mirada atenta que sabe admirar el gran esfuerzo de nuestros cómicos, la magia que nos dejaron en tantas películas inolvidables. El cine de Luis García Berlanga es un cine ácido, inteligente, al igual que la mirada de Rafael Azcona, seres dotados de una savia increíble, para saber reírse de lo serio y caricaturizar la propia vida.

El origen de estos grandes de nuestro cine viene del dibujo, como es el caso de Azcona, como señala la investigadora:

El insigne Rafael Azcona también saldrá de una mítica oficina hecha a imagen y semejanza del Marc’Aurelio romano: La Codorniz.

Nos cuenta el primer contacto de Azcona con el cine de la mano de Marco Ferreri; se trata de un cine que se aleja del neorrealismo para crear una nueva realidad, basada en el humor y que entronca directamente con el esperpento, de ahí que Manuela Partearroyo sitúe muy bien a Valle-Inclán como la simiente de todo ello. El gran escritor está detrás de ese afán de ver la realidad distorsionada para plasmar otra mirada al mundo.

Cita en el libro a Fernando Fernán-Gómez, uno de nuestros grandes nombres, e insiste en el distanciamiento; ya no nos hallamos ante la realidad tal como es, sino ante una lente que capta al ser humano y estudia su comportamiento, donde el cine italiano y el español convergen:

El fervor por el distanciamiento y los juegos de ficción que se dan en el cine cómico de la década con relativa continuidad no sólo demuestra la modernidad formal del cine español, sino la intencionalidad compartida con el cine italiano del que es coetáneo.

La mirada de Fellini, que escruta a sus personajes como si fuese un entomólogo que disecciona a los seres que estudia, es también el prisma donde Berlanga pone su cámara; ambos saben que el arte de dibujar es trazar una figura y en el cine se trazan rostros que en un principio aparecen desdibujados para que poco a poco se vayan concretando y cobren así toda su luz.

La importancia de las sesiones de cine en el palacete de la calle Mayor de Madrid, donde se proyectaron joyas del cine italiano, en el período comprendido entre 1951 y 1953, supuso para los directores españoles un empuje extraordinario para un país inmerso en la dictadura, donde no había posibilidad de distribución fuera de España.

Manuela Partearroyo pone la cámara y filma; lo hace mirando a todos esos cómicos, los escruta, los ama, los escucha y crea un libro que va calando porque nos abre un abanico de rostros que ya son familiares, que hemos visto muchas veces en televisión o en el cine. La investigadora va dando información, muy interesante desde luego, pero también va entrando de lleno en el espíritu de una época llena de talentos, de seres en estado de gracia, que supieron, como en el caso de la España de la dictadura, jugar con la censura, para crear películas en clave que podrían haber sido prohibidas, pero que no lo fueron. Esa capacidad de sortear lo establecido nace del ingenio y de la astucia de nuestros grandes directores de la época.

En un momento, el actual, donde triunfa la novela y muchos best-sellers, leer este libro es asomarse a un espejo en el que nos identificamos, somos nosotros mismos mirados con la lente de los grandes guionistas y directores de una época prodigiosa en genios. Manuela Partearroyo sabe que todo puede ser caricatura, que todo puede ser visto en clave de comedia, nos ilustra y nos ilumina con este libro, donde la condición humana puede ser tomada en clave de risa, nada más y nada menos. Un libro de lectura necesaria en estos tiempos tan banales.

Pedro García Cueto
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