

La sociedad del cansancio
Byung-Chul Han
Ensayo
Herder Editorial
Barcelona (España), 2023
ISBN: 978-8425448126
120 páginas
Los dos estábamos cayendo ya, cada uno a su cansancio particular.
Peter Handke, Ensayo sobre el cansancio
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, desde sus frases lacónicas, eludiendo subordinadas y adjetivaciones, vuelve a escribir sobre la actualidad del mundo. A su profusa obra agrega ahora La sociedad del cansancio, una perspectiva lúcida sobre la actualidad del mundo, observando el revés de la experiencia de la “tardomodernidad”, como llama a este tiempo nuestro, en donde advierte signos de depresión y agotamiento colectivos en respuesta a la exigencia del rendimiento y la aceleración capitalista.
Han despliega una lectura singular de la evolución filosófica: “El siglo pasado representó una época inmunológica, mediada por una clara división entre el adentro y el afuera, el amigo y el enemigo, lo propio y lo extraño. También la guerra fría obedecía a ese esquema inmunológico. Ese esquema implica un dispositivo en lo social: se repele todo lo extraño. Resistencia y extrañeza ante la otredad”. Cuando analiza el siglo presente, el pensador surcoreano agrega: “En la actualidad, la otredad ha sido reemplazada por la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunológica”. El argumento, en este sentido, es sólido: “El paradigma inmunológico no es compatible con la globalización; tampoco con el proceso de hibridación que domina el discurso teórico cultural”. Por eso coloca las miradas filosóficas de Foucault y Hannah Arendt como análisis de un mundo, el moderno, que ya no es el que vivimos, atravesado y envuelto en la hiperactividad, el rendimiento sin fin y la aceleración que produce una sociedad maniatada en un agotamiento sin salida:
Así, el sujeto de rendimiento se abandona a la libertada obligada o a la libre obligación de maximizar el rendimiento. El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación. Ésta es mucho más eficaz porque va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo explotado. Esta obligación se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica.
La sociedad del cansancio, como la llama, tiene un revés que solicita ser pensado. Para Han, el cansancio como efecto devastador del desenfreno al que llevan la eficiencia, el rendimiento y el vértigo, ofrece otra perspectiva; se apoya en Peter Handke, que en su Ensayo sobre el cansancio (2006) postula un sentido benéfico: “El cansancio que es capaz de mirar y reconciliar, el que no sólo mira al otro, sino que también lo es, que da confianza en el mundo”. Han lee en Handke la noción de un cansancio fundamental que no es un agotamiento sino un sosiego especial que inspira, que deja hacer, aun desde el no-hacer, la posibilidad de una contemplación creativa. En ese punto exacto se detiene el filósofo oriental para diferenciarlo del efecto violento y traumático que significa el cansancio del desasosiego individualista actual. Y señala, con precisión, la necesidad de avanzar hacia un tiempo donde la sociedad pueda reemplazar un cansancio por otro: del dispositivo destructivo a la potencia del cuidado, del encuentro y la escucha, de la concordancia, la cercanía y la vecindad.
Un capítulo del libro está dedicado a Bartleby, el escribiente de Herman Melville. Interesante la decisión crítica de Byung-Chul Han de acercarse a un momento clave de la literatura universal para auscultar, desde un texto de 1853, un personaje singular con una frase inmortal (“Preferiría no hacerlo”), la complejidad de una época diametralmente distinta, nuestro siglo XXI; el escribiente de Melville trabaja en el Wall Street donde se inician los modos y mecanismos del capitalismo que los tiempos desarrollarán. En ese sitio, sometido a la incipiente sociedad del rendimiento, se planta ante las solicitudes del sistema laboral y enuncia su negación radical: “Preferiría no hacerlo”. Sin rebelión ni disrupción, hace temblar el ordenamiento más elemental del dispositivo socioeconómico: alguien dispone y otro acepta y rinde. Han discute con la interpretación que hace Giorgio Agamben sobre el personaje de Melville, a quien el filósofo romano ve como un signo mesiánico, una especie de figura de la nada de la que precede toda creación. Desde la lectura del surcoreano, Bartleby no tiene nada de mesiánico y encarna la figura del agotamiento, del hombre a quien el sistema vació, aun cuando su derrota no obedezca a la exigencia individual, como en el presente, sino a la monótona manera de ser esclavo que advierte y sufre. Las dos lecturas, sin embargo, no son contradictorias: el escribiente es víctima exhausta del dispositivo social (como postula Han) pero también, desde esa flaqueza irremediable, eleva su negación radical (esa creación que advierte Agamben), que se convierte en afirmación inconmovible, aun cuando muera sin compasión, en el olvido.
La preocupación permanente de Byung-Chul Han por la actualidad del mundo, por esta etapa de la civilización que llama “tardomodernidad”, aparece y reaparece en cada texto que piensa y escribe. Su mirada, enfocada en el vértigo del acontecer europeo, en perspectiva desde la Berlín donde conjetura y ensaya, no puede desentenderse de su modo oriental de mirar y pensar. En este libro, por ejemplo, su invitación a reemplazar los cansancios que agobian por el reposo del cansado que se detiene para intentar la contemplación “oriental” desde el silencio donde nace lo más humano del hacer. Una recuperación que la actualidad del occidente de la aceleración capitalista olvida y desdeña, al borde de un abismo que se adivina insalvable.
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