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Obras de arte en los sellos checos: Emil Filla

martes 2 de agosto de 2022
Sellos dedicados a Emil Filla
Son dos los sellos sobre Emil Filla que el Servicio Postal Checo puso en circulación en marzo de 2022.

El 8 de marzo de 2022 veía la luz un nuevo facial artístico, algo sumamente habitual en la filatelia checa a lo largo de su dilatado siglo de historia. En esta oportunidad se trata de honrar a un gran maestro del XIX-XX que en el mes de mayo veía, de nuevo, su obra bien pagada por los que viven en ese exclusivo mundo del arte.

La vida del pintor cubista Emil Frantisek Josef Filla (4 de abril de 1882 en Chropine, cerca de Kromeriz, Moravia; 6 de octubre de 1953 en Praga) transcurrió en Brno hasta que marchó a estudiar a la Academia de Bellas Artes de Praga con los profesores Franz Thiele y Vlaho Bukovac. Fue crucial para su carrera la exposición que se realizó en 1905 en la capital checa con la obra del noruego Edvard Munch —su famoso cuadro “El grito” se convirtió en un icono universal. Esa muestra significó un aldabonazo para el pintor checo y le preparó el camino para exhibir sus creaciones en las muestras de 1907 y 1908, cuando ya estaba encuadrado en el grupo Osma (Los Ocho), momento que acabaría cimentando las bases del arte checo moderno.

Un salto cualitativo en su carrera se producirá en 1909 cuando Filla, con menos de treinta años, se consagra y lidera toda una generación de pintores gracias a que fue admitido en la Asociación Mánes, momento en que entra a formar parte del equipo editorial de la revista institucional Volné Smery. Dos años después se concentra en el arte moderno y llegan las influencias europeas, cuyo epicentro en ese momento era París. Nuestro personaje quedó noqueado con la revolucionaria presencia artística del malagueño Pablo Ruiz Picasso y el cubismo de Braque en torno al año 1910. Lamentablemente, ese paso del pintor checo por la ciudad de la luz fue suspendido por la primera guerra mundial y Filla se verá obligado a marchar a Holanda, donde vivirá durante seis años y estudiará en profundidad a los pintores holandeses más grandes de todos los tiempos, especialmente los del XVII, que acabarán proyectándose en sus obras cubistas, que denotan un poético lenguaje pictórico y diferentes vías para la expresión del arte.

Entre los autores checos, en los primeros quince cuadros, varios pertenecen al gran Emil Filla.

Tras su estancia holandesa, en 1920 retorna a Praga, donde se reencuentra con los artistas del grupo Mánes y un país acabado de nacer; será una época fructífera en la que sus cuadros se verían influenciados por las corrientes cubistas y los nuevos métodos o enfoques de la abstracción, el surrealismo picassiano. Aunque hay que admitir que tiene directa relación con el expresionismo alemán, concretamente con el grupo Die Brücke, en esa etapa fue cuando pintó “Lector de Dostoievski” y “Jugadores de ajedrez”, que se subastó recientemente en la Casa Municipal de Praga. Esta obra corresponde al momento que Filla vivía con el grupo Osma; el origen de la pintura modera checa y su legado pictórico es de los más cotizados por compradores y marchantes de arte de todo el mundo. Digamos que, entre los autores checos, en los primeros quince cuadros, varios pertenecen al gran Emil Filla.

Otra obra, “Mujer sentada”, se vendió en 2011 por Sotheby’s en nada menos que 623.650 libras esterlinas. Volvió al mercado y fue revendida en 2017 por 729.000 libras, el récord en una pintura de este artista hasta la fecha.

Arrestado por la Gestapo, fue enviado al campo de Dachau y posteriormente a Buchenwald, algo que interrumpió su carrera y que le provocó grandes problemas en su salud. Tras su liberación, en 1945, lo tenemos como profesor, a la sazón con más de sesenta años; impartía clases en la Academia de Artes, Arquitectura y Diseño de Praga, no eran precisamente tiempos para soñar y, tras finalizar la segunda guerra mundial, el país checo cae bajo el terror del comunismo con el golpe de 1948. Filla, en la etapa final de su vida, se verá de nuevo enfrentado a muchas dificultades y contradicciones: apenas sobreviviría un lustro a esta dura prueba de la historia para este pueblo centroeuropeo. Fue su experiencia en los campos de concentración la que le llevó a concentrarse en sus trabajos de gran realismo y el paisaje.

La filatelia checa le honra con un sello de 39 coronas y reproduce su cuadro “La chica de la mandolina” (1929). El matasellos de primer día se usó en su ciudad natal Chropine y lleva sus iniciales, E. F., mientras que en la ilustración del sobre nos encontramos su cuadro “La cabeza”, fechado en 1934. El artista que se encargó de esta emisión fue Otakar Karlas y los sellos se imprimieron en hojitas de cuatro ejemplares, gran formato vertical y 56.000 sellos de tirada.

También fue protagonista de un facial acifrado integrado en la serie básica (B, 50 gramos, correspondencia nacional). En este caso se escogió un fresco que se conserva precisamente en la Asociación Mánes, que actualmente se explota como restaurante, así que puede ser un buen motivo para conocer algo del legado pictórico sin necesidad de pasar por los museos y al mismo tiempo darle un buen descanso a nuestros pies mientras saboreamos algunas de las fantásticas cervezas checas.

Este sello lo preparó Petr Foltera y se imprimió en hojas de 7+6+8 viñetas en la versión estándar. Las 8 viñetas podrían ser impresas a gusto de los compradores a través del servicio filatélico; vendría a ser una especie del engendro español Tu Sello. En este caso no hubo sobre de primer día aunque, como suele suceder, seguro que algunos coleccionistas y filatelias aprovecharon para matasellar sus sobres o los que había editado el Servicio Filatélico para el facial de 39 coronas. Las otras seis viñetas reproducen una de sus obras depositadas en el Museo de la Ciudad de Praga.

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