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CL aniversario del Telégrafo Transaustraliano

martes 6 de diciembre de 2022
Sello en homenaje a los 150 años del Telégrafo Transaustraliano
El sello, sencillo y esquemático, nos ofrece la mano del telegrafista sobre un manipulador morse, mensaje en este código debajo y, en la parte superior izquierda, el territorio australiano de color gris y la línea blanca que lo une de sur a norte, o desde Adelaida a Darwin.

Conviene recordar de dónde venimos, sobre todo en estos tiempos de comunicaciones instantáneas. Iremos al país continente para recrearnos con la línea telegráfica que comenzó a funcionar en el XIX y, arrancando en Adelaida, cruzaba el país hasta llegar a Darwin, la capital de los Territorios del Norte.

La ciudad de Adelaida pasa por ser la más elegante de Australia, y en ella viven la mayoría de los habitantes de la denominada Australia Meridional; su planificación o trama urbana se debe al visionario ingeniero del ejército de Su Graciosa Majestad, el coronel William Light, que la fundó en 1836 y en su diseño entroncaba la búsqueda de la utopía de las antípodas, se estableció con un grupo de colonos libres (lo habitual eran prisioneros que purgaban sus penas allende los mares) y comenzó su trazado que ha llegado hasta hoy: ya saben, si algo funciona, no lo cambien.

Ahí tendríamos que trasladarnos para imaginar aquel 22 de agosto de 1872 cuando se daba el pistoletazo de salida a la línea que iniciaba el servicio cruzando el territorio a través de Port Pirie, Port Augusta, Coober Pedy, Alice Springs, Tennant Creek, Katherine, Adelaide River y Darwin. Por cierto el famoso Ghan o tren Transaustraliano realiza prácticamente el mismo recorrido y es una aventura realizar el viaje por ese histórico caballo de hierro.

Cuando se inició la obra del tendido telegráfico, parte del material inicial eran unos simples postes de madera a los que se les despojaba de ramas y se clavaban en el árido suelo del continente; el telégrafo fue posible tras los varios años de planificación llevados a cabo. Los artesanales medios del momento permitirían que en apenas veintitrés meses se cubrieran los 2.839 kilómetros que separan Port Augusta de Darwin. En total se clavaron 36.000 postes de madera que permitieron adentrarse no sólo en el desierto o en las zonas húmedas infestadas de mosquitos, sino que había que adentrarse en territorio jamás hollado por los europeos. El telégrafo y su visionario superintendente y director general de correos, Charles Todd, fue el responsable de luchar, incentivar y buscar la forma de financiar la faraónica obra, que se acabó ejecutando en menos de dos años. Igualito que las obras que se hacen en el oasis catalán; tengo una autovía que la inició el famoso Pepiño Blanco, teniendo que cubrir unos treinta kilómetros para enlazar con la autopista a Lérida; todavía está en construcción y ha multiplicado varias veces el presupuesto inicial.

El sello, sencillo y esquemático, nos ofrece la mano del telegrafista sobre un manipulador morse.

Su apuesta transformó las comunicaciones del momento y aceleró el tráfico de mensajes de Australia a Inglaterra, sobre todo cuando, apenas dos meses después, quedaba conectada con el resto del mundo a través del cable submarino que enlazó Darwin con Java (actual Indonesia).

El sello, sencillo y esquemático, nos ofrece la mano del telegrafista sobre un manipulador morse, mensaje en este código debajo y, en la parte superior izquierda, el territorio australiano de color gris y la línea blanca que lo une de sur a norte, o desde Adelaida a Darwin.

El primer día fue el 23 de agosto de 2022 en la ciudad de Alice Springs, ya en el Territorio del Norte y, prácticamente, a mitad de camino de esa extensa línea telegráfica que con sus casi tres mil kilómetros de trazado fue un verdadero hito en su época. Cambió el ritmo de las comunicaciones del momento, pero la carrera se había iniciado hacía tiempo; año tras año, iban acelerándose los cambios que apenas un siglo después ya habían quedado arrinconados, aunque el morse continuaría entre nosotros hasta tiempos recientes y ahora, desterrado por los marinos, es una reliquia que cada vez está menos presente en la onda corta, donde la telegrafía es ya algo testimonial a pesar de los nostálgicos que la conservan y se comunican con ella: las modernas tecnologías le dieron la puya definitiva, aunque falla la energía eléctrica y nos quedamos a dos velas.

El Correo de Australia emitió varias ediciones conexas, sello en minipliegos de diez ejemplares, facial de $1,10, tarjeta máxima, sobre de primer día, folleto y dos sobres filatélicos numismáticos con la moneda conmemorativa de esa gesta acuñada en la ceca de Perth.

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