Poco después de dejar atrás ciudad de Siggiewi (recordemos el paso por Limestone) enfilamos esas carreterillas tan habituales en Malta, piedra seca a ambos márgenes y apenas un vehículo: si se encuentran dos las cosas se complican, pero parece como si los nativos tuvieran un sexto sentido, y cuando tienen que cruzarse simplemente buscan un pequeño margen, se paran y se pasa. Evidentemente a grandes velocidades las cosas se complican para todos, pero la tranquilidad es la norma entre ellos y la conducción y sus secretos la tienen bien asimilada. Tras unos diez minutos de marcha llegamos al yacimiento arqueológico del Neolítico de Piedras Levantadas (Hagar Qim en maltés) declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1992.
El sitio, dicen, se excavó por primera vez en 1839 y ocupa una pequeña cima desde la que se otea el horizonte y, al fondo, Filfla (los que quieran ubicarlo en el mapa deberán tratar de encontrar Ghar Lapsi y la Gruta Azul cerca de Qrendi). En apenas unos kilómetros tenemos, seguramente, los templos prehistóricos más antiguos de la isla mayor. Ambos se yerguen sobre el pequeño montículo como si fueran los guardianes del abismo o los templos de observación. Hay diversas explicaciones y, como todas las costas en este mundo, le podemos poner mucha imaginación para tratar de ver su utilidad y lo que representaban en aquellos momentos de la historia del ser humano.
En Hagar Qim nos encontramos con grandes enigmas y, sin respuestas, quedas extasiado ante las gigantescas losas de ese yacimiento. Tras visionar el audiovisual con las gafas para 3D uno sale impresionado, creyendo que lo que acaban de proyectar es pura recreación histórica o interpretación de un pasado que no deja de tener sus interrogantes. Según las explicaciones de los arqueólogos, aquellas gigantescas piezas se movieron con unas bolas (algunas se localizaron allí mismo y están expuestas en el Museo de La Valeta) y troncos, luego bastaba una reata de bípedos y cuerdas para transportarlas a lo que acabaría siendo uno de los templos neolíticos más impresionantes de Malta. La pieza más grande sobrepasa los cinco metros y pesa casi sesenta toneladas.
Lamentablemente, la roca caliza del tipo globigerina no resultó la mejor opción, y los elementos naturales acabaron dañando esas hercúleas piezas hasta hacerlas prácticamente irreconocibles, y fue cuando los constructores del momento pasaron a emplear las de caliza cristalina, todo un acierto que casi cinco milenios después nos permite contemplar, extasiarnos y hacer volar nuestra imaginación. La gigantesca puerta del templo —está resguardado por una inmensa cúpula de lona— podemos contemplarla desde casa, sólo hay que ser observadores con la calderilla de cobre que cae en nuestras manos ya que aparece en las monedas de 1, 2 y 5 céntimos de euro.
Por lo visto la mejor fecha para contemplar el lugar son los dos solsticios (21 de junio y 21 de diciembre) para poder ver los alineamientos con el astro rey y así poder entender mejor por qué aquellos pueblos edificaron tan gigantescas esculturas que sirvieron de observatorios solares. Tras la entrada por la gigantesca puerta nos ofrece una serie de salas, un pequeño altar con motivos florales —hay que ponerle imaginación— y otra sala con unos altares encima de un pequeño pedestal.
Si uno llega en solitario tampoco tendrá problemas para entender la historia, ya que hay audioguías en español y, en la pequeña entrada, junto a la taquilla, libros sobre el lugar por si alguien quiere saber más, lamentablemente nada en lengua española.
Resaltar que allí se encontraron las estatuillas de orondas damas que fueron bautizadas como “la Venus de Malta” y en la tiendecita todo son réplicas, debido a que los originales se llevaron para su preservación al Museo Nacional de Arqueología en la capital. Estamos ante unos templos más antiguos que las famosas pirámides, dicen que levantados entre el 5.000 y el 2.500 antes de Cristo.
No había ya tiempo para la visita al yacimiento vecino de Mnajdra, así que todavía nos quedan cosas por ver en esta minúscula nación pero con un rico pasado histórico y cultural. Siempre es cuestión de planificar nuestro viaje y luego el tiempo libre emplearlo en aquello que más nos atrae, teniendo en cuenta que nunca podremos patearlo todo. Si llega con los autobuses locales, allí mismo hay un restaurante y el tiempo de estancia es controlado por uno mismo.
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