Claves lanzadas al espacio o a las aguas • Wilfredo Carrizales
IX

Yuxtaposición de la juventud en el saliente de la ventana. Se toma la delantera y el vestido queda sin cuello y sin mangas. Hay que saltar por encima de los obstáculos y conjurar el ataque de nervios. (El tren puede descarrilarse o los prisioneros escapar de la cárcel).

De ciertas frutas hendidas se obtienen testimonios para el erotismo. Erubescencia sin culpa y disfrute de lo resbaladizo. Esas mujeres gorjeándole al bálano y un líquido sereno que desciende gota a gota. Idilios ajustados al predominio de la voluntad.

No es doméstica la conspiración de las rosas, ni en ningún documento está asentado. Mejorando la sangre —su color, especialmente— mejora la lozanía de esas flores y el sitio que ocupan y las manos adonde llegan. ¿La virtud de la paz reposa en el jardín o se mueve más hacia el exterior, hacia el oeste de otro nicho?

En el oficio de la ceniza cae un ave prava que dejó de cantar por odio. Patas de boj bajo la cornisa; corazón dormido y apisonado; pico que nace de los ojos. Rareza de arriba abajo y un título percibido como peligro. El daño se infunde en las ramas y el desagrado se extrema y se conecta con la cojera de la calle.

Quemado en el dibujo surge el hálito del sapo. De estaño lleva las arrugas de su impuesto. Su status es su negocio. En el tornasol se apergamina la piel. Se sulfura con los encargos de la labor de zapa y las mucosas desairan la música del carbón.

Tambor ligado a las arterias y al clima del chorrillo. En la parcela protege a las moscas del contacto con la miseria. A lo que parece, retumba en la sobriedad. Detrás de lo nublado se empareja con el mecanismo de los cueros y junto a un muro, pivota e instaura su economía. Carece de neutralidad. Provisto de un ilegal tropismo, toca a rebato y hiere.

Fuentes romas en las cercanías de las vidrieras. Se brega, se forcejea y hay una inclinación de espaldas. Un alivio responde. Distinción de los tejidos entre respuesta o abertura. ¡Ah, mi amor, combates las pasiones y sobra mucho de mucho! Ojos de la sal y un ímpetu de apiñamiento. Cada uno a su acuerdo, a su prefectura que anima y no aplaude.

En leche fluctúan los lunes y los viernes y el principio de todas las herramientas obra en el interior de su séquito. A la medida de la fertilidad, el país de la magnesia y de la síntesis de brujería. Efervescentes, las nalgas tatuadas proliferaron en coro y batallaron entre sábanas y perfumes de kefir.

El montículo iba ardiente y no fingía. Los hitos, rotos por las puntas, delimitaban los territorios de las linfas y las nostalgias. Por allí partían las nueces y se uniformaban los aliados de las peñas. De las cañas se sabía que andaban calladas, alzando bobadas por la espesura. Agrias, se tumbaban las cadenas y las redes que entregaban sus serenos se conseguían en la astucia. El arrepentimiento o el dolor sufrían las excusas.

Bota la pelota contra la pared del rebozo. Esto colmó el espacio de virutas y plañidos. Muchas veces, muchas palabras. Sin rodeo, lo ficticio consume su vapor. Aparato para columbrar la enfermedad. En la estrechez, las atribuciones de la derrota. Un viaje se desintegra en minutos y se precipita la pesadez de la costumbre.

Erizados en su vida acuática, los colmillos estornudan y al mismo tiempo se dotan de cubiertas y recubiertas. Las estaciones facilitan los gritos y diversidad de desmanes. Hubo sido toda la relación un chispazo que no consta en la memoria.

 
 

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