Me ha gustado conocer, en principio, la experiencia de María Alejandra, y sobre todo, recordar el aporte de Pizarnik a nuestra fecundidad letraica. Además recordar que lo que sentimos al escribir es una experiencia similar: esa de que “la poesía te sienta”, sí, sin duda, nos sienta… Gracias María Alejandra. 😉

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