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Usted lo dijo en Buenos días, de Antonio Jiménez y otros autores

miércoles 8 de septiembre de 2021
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“Usted lo dijo en Buenos días”, de Antonio Jiménez y otros autores
Usted lo dijo en Buenos días, de Antonio Jiménez y otros autores (La Esfera de los Libros, 2004). Disponible en Amazon

Usted lo dijo en Buenos días
Antonio Jiménez y otros autores
Testimonio
La Esfera de los Libros
Madrid (España), 2004
ISBN: 978-8497341646
244 páginas

“La ignorancia estimula la imaginación”
Francisco Nieva

Este libro fue escrito en comandita por varios personajes de la radio pública del momento, y liderando el quinteto el jienense Antonio Jiménez. Como de costumbre, la página con la referencia correspondiente aparecerá recogida entre corchetes al final de cada párrafo.

Se trata de un libro íntegramente dedicado a la radio, o mejor aún, a un programa de radio que tiene el mismo nombre. No hay que pedirle alardes literarios, aunque sí debo colegir que cumple perfectamente su misión de entretener. Vaya que es un librito de poco peso intelectual, pero de mucha e hilarante información de la que cada día sale en las ondas y pocas veces se refleja en un libro, mucho menos en nuestros días, cuando todo está en la red, aunque muchos famosillos del micrófono suelen aprovechar las ferias del libro para lanzar textos de todo tipo con el fin de aligerar unos dinerillos extras a sus escuálidos ingresos porque, digámoslo bien alto, en la radio (al menos española), salvo las figuras, el resto viven o tienen unos ingresos más bien magros.

Digamos de paso que lo compré por casualidad. Cuando hago la visita al galeno, suelo aprovechar el viaje para darme una vuelta por un par de librerías de alcance (o de liquidación, como quieran), y siempre acabo “agarrando” algo para echarle el tiempo ahora que es un momento fascinante en mi cotidiana realidad.

Voy a escoger unos cuantos párrafos y de esa manera todos podrán hacerse una imagen más o menos aproximada del libro en cuestión que, además, lleva incluido un CD con esos hilarantes momentos de comienzos del siglo XXI en las mañanas de la radio pública española, o sea Radio Nacional (ahora mismo hay tanta radio pública que ya no damos abasto: local, comarcal, regional, autonómica… y en la mayoría de los casos se trata de una radiodifusión innecesaria puesto que hay casos que la gente ni sabe que tiene una emisora en el pueblo hasta que salen las cuentas y lees el dispendio que provoca el dichoso juguete, en manos de políticos que necesitan tener palmeros, para justificar sus astracanadas; una radio de la que tantas veces escribí que se puede prescindir de ella por lo poco que te aporta).

En este caso se trata de un libro donde, según los mismos autores, “hemos escogido sólo un fragmento en el tiempo. Hay momentos inolvidables que fueron contados en temporadas anteriores, amigos entrañables que nos llamaron después de cerrarse la edición de este libro y otros muchos que sabemos que nos seguirán llamando en el futuro” (238).

Les presento a los mejores locutores del panorama radiofónico actual: están aquí y son los oyentes que participan entre diez y once de la mañana, en Radio Nacional de España. Sean lo que sean, se dediquen a lo que se dediquen, son lo mejor de lo mejor de las ondas… (239).

Y ahora un par de fragmentos a modo de ejemplo de lo que el lector se puede encontrar en esta “joyita” radiofónica 100%. El que quiera entretenerse tiene el CD donde han escogido, los autores, otros 54 fragmentos que no tienen desperdicio, aunque cualquiera que lee Usted lo dijo… ya no tendrá esa necesidad, pero oírlos es sin duda un momento imprescindible para la hilaridad que, en estos tiempos de estolidez absoluta por algunos pagos de la piel de toro, es un sano ejercicio para resetear nuestras neuronas.

Miguel Ángel: Hace dos años, cuando trabajaba de repartidor de carbón, fuimos a llevar un camión de carbón a un cuarto piso. Claro, el ascensor no lo podíamos usar porque, con el carbón, teníamos que subir la escalera. Subo al cuarto piso con un saco de carbón, llamo a la puerta —encima era el primer saco que llevaba—, me abren y cuando empujo así la puerta no había nadie; habían abierto sólo la puerta. Pero bueno, como yo ya sabía dónde había que descargar el carbón, que había que dejarlo detrás de la cocina… pues según iba andando por el pasillo vuelvo la cabeza y por una de las puertas que estaba abierta me veo la dueña con un pavo…, que el marido no era porque yo había ido otras veces a llevar carbón… y no era; me la encuentro allí desnuda en la cama dale que te pego con el pavo. Pero ahí no está la historia; la historia está en que el jefe, que era quien llevaba el camión de reparto, tenía la pierna vendada, escayolada. Sólo podía conducir. Y cuando yo veo eso, bajo corriendo y le digo al jefe: “Menudo el plan que hemos encontrado allá arriba”. Y dice el jefe: “¿Pues qué has encontrado?”. Y yo: “Pues que la tía está dale que te pego con un pavo, allí en la cama, y tiene toda la puerta del pasillo abierta”.

García: Y con la pierna salió pitando el tío…

Miguel Ángel: En cuanto lo oye… ¡Vamos! Con la pierna escayolada, se echó un saco al hombre y al cuarto piso se subió (53).


César: Pues mira, yo estaba trabajando en una multinacional alemana y todos los años, por Navidad, se celebraba una fiesta. En la puerta regalaban siempre un número para un sorteo y yo solía ir siempre con un compañero. El caso es que, en una ocasión, me dejó pasar a mí primero y me tocó un jamón. Se cabreó bastante y empezó con el rollo de: “Claro, es que tenía que haber pasado yo primero… Es que el número estaba destinado para mí pero por ser educado… Es que, si fueras un caballero, tendrías que repartir el jamón…”. Se puso pesadito. La verdad. Pero lo grave fue que al año siguiente, que fuimos juntos otra vez, no me dejó pasar y entró él primero. Vale, pues me tocó un jamón y una cesta. Ya me dijo: “El año que viene nos vemos dentro” (93).

Y así casi 250 páginas. O sea, que hay para todos y de todos los palos. Seguro que incluso el más comedido encuentra su historia y su momento de risa. Y ya saben, lean que eso educa, entretiene y, sobre todo, nos saca la estolidez que llevamos dentro, aunque no lo hagan después de la comida por aquello de la modorra.

Juan Franco Crespo
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