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La posada del tucán, de Carlos Mundy

sábado 5 de noviembre de 2022
“La posada del tucán”, de Carlos Mundy
La posada del tucán, de Carlos Mundy (Ediciones B, 2010). Disponible en Amazon

La posada del tucán
Carlos Mundy
Traducción: Máximo González Lavarello
Novela
Ediciones B
Barcelona (España), 2010
ISBN: 978-8466644259
320 páginas

“Sólo lo que atesoras en tu mente es lo que nadie te puede quitar”.
Theodor W. Hänsch.

Un nuevo ejemplar de temática oscura, el mundo a la sombra o como en su tiempo titularan en Radio Nederland a las emisoras clandestinas: la oscuridad. Se trata de una novela sobre el mundo del espionaje que, en determinados momentos, te hace creer que estás ante una realidad más real que la imaginación del escritor que, dicho sea de paso, confiesa ser el hijo del espía que tenía en casa. Su padre.

Y voy a reproducir una de las críticas que en su día hicieron sobre ella, porque no tiene desperdicio y refleja fielmente la sensación que yo tuve al acabarla.

Aun cuando no estuviera basada en una historia real, esta novela constituiría una lectura fascinante. La posada del tucán une el atractivo de un thriller de John Le Carré al conocimiento íntimo del autor del sombrío mundo del espionaje en Europa y el norte de África, asolados por la guerra. Una novela fascinante, y uno de los mejores thrillers sobre la Segunda Guerra Mundial que he leído en años (Randy Charles Epping, autor de Confianza).

Mundy la monta partiendo de los datos, inacabados, de su padre, que fungió como espía en su momento. La embajada británica logra su rocambolesca liberación y, posteriormente, lo recluta y convierte en un extraordinario espía, que se introduce en la sociedad del Madrid de la época y mantiene contactos con prominentes fascistas, nazis, espías y contraespías que acaban creando un mosaico de ineludible calidad. Si a ello le añadimos una buena redacción y un trabajo de traducción fabuloso, tendremos una de esas piezas que te hacen pensar que literariamente hay mucha “tela que cortar” en ese mundo de autores que nunca leíste.

¡Qué curiosidad, cuando las féminas reclaman salir a la superficie, salvando a Allende, no me he encontrado en estas décadas de lector nada realmente bueno para recomendarlo escrito por ellas, aunque no haga ascos y existan en las estanterías de casa libros escritos por las féminas! ¿Será verdad que hombres y mujeres van por otra vía a la hora de exponer los hechos (aunque sean novelados) o es que cualquiera puede considerarse escritor cuando en realidad es un juntaletras?

Es verdad que el hecho de haber andado por algunos de los lugares en donde Carlos la recrea atrapa al lector. En el caso de la pensión la ubicó casi al lado de donde antaño estuvo ubicado el transmisor de Radio Exterior de España en Costa Rica, o la emisora Faro del Caribe, en la costa atlántica de ese país centroamericano que tantas cosas bonitas tiene a pesar de su escaso tamaño si comparamos con otras naciones americanas. Porque en su día era uno de los que mejores señales de radio colocaban en España en aquellos gloriosos años de eclosión de la Onda Corta en lengua española. Por esa zona tengo experiencias extraordinarias, aunque una realmente fascinante fue la de la pelea del gato de la casa de la suiza donde me alojaba con un callejero. ¡Vaya noche de gatos que me dieron antes de partir hacia Bocas del Toro con el taxista de una de las tribus de la zona que requieren personas de confianza para acceder a ellas!

Radialmente no hay muchas referencias, pero las que encontré, considero que merecen ser recogidas en esta serie de La radio en la literatura. Vamos a ellas.

Franco también había permitido la instalación de puestos de observación nazis, radares y estaciones interceptoras de emisiones de radio (71).


Por supuesto, tampoco ayuda nada a nuestra causa que la prensa y la radio sean abiertamente progermanas (72).


Cerraron absolutamente todos los comercios, incluidos bares y restaurantes, y las radios se limitaron a retransmitir música marcial. No había visto nada igual en toda mi vida (162).


Había oído en la BBC que la ofensiva nazi en Rusia no iba bien y que estaba mermando enormemente los recursos del Tercer Reich. Como era de esperar, por supuesto, el diario de la Falange, Arriba, afirmaba todo lo contrario (167).


El juicio tenía que iniciarse la mañana del 17 de julio. La expectación en la ciudad era total y se habían tomado medidas de seguridad muy estrictas. Cientos de periodistas de todo el mundo habían llegado para cubrir lo que se había dado en llamar “el juicio de la década”. Para añadirle más morbo, iba a ser televisado, puesto que el primer ministro israelí, Levi Eshkol, quería asegurase de que el mundo no olvidara las atrocidades cometidas por los nazis.

Aquel iba a ser el segundo juicio contra criminales de guerra nazis retransmitido por televisión; el primero había sido el de Adolf Eichmann. Los dos casos coincidían en que los acusados habían sido secuestrados en Suramérica, más que detenidos por la vía legal, y que ambos iban a ser juzgados por un tribunal israelí. La diferencia radicaba en la naturaleza de sus crímenes. Eichmann había sido responsable de la muerte de millones de judíos y la cabeza pensante de la Solución Final, mientras que el barón había dispuesto la desaparición de algunos de sus pudientes amigos judíos por pura codicia (250/251).

En fin, una novela realmente apasionante y que te atrapa. Si la encuentran, disfrútenla. ¡Merece la pena y, a lo mejor, incluso encuentran verdades que hasta ahora les habían sido ocultadas!

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