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Konya: el Museo de Mevlana, en Turquía

martes 6 de septiembre de 2022
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Konya: el Museo de Mevlana, en Turquía, por Juan Franco Crespo
La sala ceremonial o Semahane, donde un lujoso sarcófago guarda los restos del padre de Celaleddin Rumi.

Sin duda uno de los lugares imprescindibles para cualquiera que viaje por la zona central de Anatolia. Aquí se guarda todo lo relacionado con Celaleddin Rumi (nació en 1207 en Balkh, Afganistán), que es popularmente conocido como Mevlana, el maestro guía, y es el nombre asignado a la moderna estación o parada del tranvía en aquella inmensa planicie que, en pleno agosto y el sol encima de tu cabeza, hace que creas que te vas a derretir.

Él llegó a Konya en 1228 y fundó la secta Mevlevi, o derviches danzantes, tras regresar de sus estudios en Alepo y Damasco. Mevlana predicaba la búsqueda del bien en todos los campos de la vida y condenaba la esclavitud y la poligamia, al margen de que cada hombre debe ganarse su sustento (igualito que en la España del XXI donde las no contributivas son el farolillo rojo de las finanzas públicas: adormecer con migajas para ellos poder continuar dilapidando con su trilerismo). Digamos que los derviches no son un espectáculo sino una manifestación místico-religiosa; su lema era la unión espiritual y el amor universal; de hecho, pasa por ser uno de los grandes místicos islámicos en la actualidad.

El museo es prácticamente una prolongación del tekke (residencia derviche original), es de acceso libre y menos exigente que otros similares en el inmenso territorio turco. En mi visita, mascarilla para acceder al interior y bolsas de plástico para pasear por sus salas. No había prohibición fotográfica, aunque no siempre los interiores son los que mejor quedan si no llevas una buena máquina o un buen móvil o tableta.

 

Como tantas y tantas cosas, siempre te dirán algo que sólo verás aquí; ese algo, en este caso, es una bella caja hecha con madreperla y en la que tienes que creerte que está la barba de Mahoma (ya saben, cuestión de fe). Un entretenido paseo muestra la vida, prácticamente de clausura, que realizaban todos los adeptos a la secta, los trajes de los maniquíes son originales y dan la sensación de proximidad a pesar de las centurias acumuladas.

La sala ceremonial o Semahane funge actualmente como centro de exposiciones, pero antiguamente era la zona donde se realizaban los derviches. En el rincón lateral nos encontramos un lujoso sarcófago que es la tumba del padre de Rumi y otros líderes de la secta; sorprende la bellísima caligrafía realizada en oro.

Mevlana dejó una imponente obra literaria: veinticinco mil poemas que se leían en las diversas residencias y ocupan seis gruesos volúmenes.

En la parte externa, dependencias del tiempo, seguramente el lugar más relajante es la fuente de las abluciones; ese caluroso día era como una bendición recibir sus refrescantes chorritos de agua que rebajaban, momentáneamente, ese insoportable calor aunque, al ser seco, era mucho más fácil de soportar y me recordaba el de mi tierra jameña.

Mevlana dejó una imponente obra literaria: veinticinco mil poemas que se leían en las diversas residencias y ocupan seis gruesos volúmenes, siendo el Mesnavi su obra más importante. El tema central del ciclo místico es el sema: el amor, y simboliza compartir el amor de Dios entre todas las personas de la Tierra. Quizá esta filosofía está detrás de ese agradable trato que ofrece al visitante el pueblo turco: ¡qué contraste con la egolatría que envuelve a la ensimismada, y engreída, sociedad europea!

El sema lo componen cinco partes, tres de ellas son plegarias, siguen los agradecimientos y las improvisaciones musicales. Los danzantes generalmente se visten con amplias capas blancas que simbolizan el sudario del propio yo. Al final de la ceremonia se leen unos versos del Corán para que las almas alcancen la paz.

Tras su muerte, acaecida el 17 de diciembre de 1273, se fundaron más de un centenar de logias en el entonces esplendoroso imperio otomano; tras la caída de éste, estarían prohibidas hasta 1957, cuando la logia de Konya se recuperaba como “asociación cultural”. En cierta medida los políticos siempre ven en la religión a su gran enemigo; de ahí que haya grandes enfrentamientos o prohibiciones para tratar de adormecer más fácilmente a las masas, y el que quiera comprobarlo bastará que un día asista a una asamblea o mitin electoral para ver las técnicas de alienación y control que se utilizan para ese perverso fin.

Una vez que abandonamos el lugar, casi frente al museo, encontramos el siempre refrescante cementerio, que no deja de ser un cinturón verde que oxigena el ambiente en esa amplia llanura anatólica. Recordemos que el museo pasa por ser uno de los mejores de su tipo en Turquía. Aunque sólo sea por simple curiosidad, recomendamos su visita si se presenta la ocasión.

Juan Franco Crespo
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