XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

En el parque

jueves 13 de julio de 2023
¡Comparte esto en tus redes sociales!
En el parque, por Vicente Adelantado Soriano
¿Cuál de todos mis libros te ha gustado más? ¿Rimas, Leyendas…? Glorieta de Bécquer • Sevilla (España)
La vida es de una prodigalidad y variedad que asusta. Nuestra madre naturaleza desperdicia y crea hasta lo infinito; y nosotros, los pobres hombres, pugnamos desesperadamente por alcanzar su arte y sabiduría y no hemos podido conseguir todavía una sociedad feliz.
Jacinto Grau, En el infierno se están mudando.

La conversación con el esclavo en Itálica me dejó mal sabor de boca. No era la primera vez, desde luego, que había tenido, solo o en compañía, unas reflexiones semejantes. Reflexiones que no iban a ninguna parte, pues ni se podía hacer nada por cambiar el pasado, suprimir la esclavitud por ejemplo, ni, por supuesto, íbamos a evitar futuras guerras, muertes y asesinatos. No obstante, la esclavitud había sido abolida, así como los duelos a muerte o a primera sangre. Un pequeño avance para tan largos siglos de historia.

—Llevamos la violencia en nuestro ADN —dijo alguien como si eso lo justificara todo.

—¿Y el ADN se puede cambiar? —pregunté yo—. O plantando el asunto de forma clásica: ¿se puede enseñar la virtud? Yo creo que sí —respondí—, pero sólo a quien está dispuesto a aprenderla. Y las aulas, queridos amigos, están vacías.

Hacía un día espléndido. Brillaba el sol, pero no hacía calor. Me fui caminando, como siempre, desde el hotel hasta el parque de María Luisa. Era mi segunda visita a tan magnífico jardín. En la primera salí un tanto decepcionado, pues el museo arqueológico estaba cerrado por reformas. Cansado ese día, di un par de vueltas por allí sin fijarme mucho dónde ponía los pies. Ahora iba dispuesto a escudriñarlo todo.

Lector impenitente de Pérez Galdós, di con el episodio nacional titulado España trágica. Leyéndolo me enteré del duelo entre dos primos.

Curiosamente me enteré de su existencia, hacía muchos años, a través de una novela. Lector impenitente de Pérez Galdós, di con el episodio nacional titulado España trágica. Leyéndolo me enteré del duelo entre dos primos, Antonio de Orleans y Enrique de Borbón en 1870. Se había pactado que dispararían uno y otro hasta hacer sangre. La que se derramó, en un segundo intento, con resultado de muerte, fue la de Enrique de Borbón. Así lo cuentan dos escondidos testigos, Enrique Bravo y Vicente Halconero, introducidos por Galdós en dicho episodio.1 Me interesé entonces por las causas del duelo, y por la vida del superviviente, el esposo de María Luisa. Y de esta forma tuve conocimiento del famoso parque del aristocrático matrimonio.

Algunos años después de haber leído España trágica, vi una preciosa película. Uno de los tantos duelos narrados en ella, el último, me puso los pelos de punta. Barry Lyndon, de Stanley Kubrick. No entendía, ni entiendo, semejante necedad ni en uno ni en otro caso, máxime cuando, tras el primer disparo, sin consecuencias, se podían haber ido a casa reconociendo unos y otros el absurdo de la situación. No fue así.

—En ciertos momentos —me dijo una amiga al salir de la proyección— el orgullo es lo peor del hombre: es capaz de arrastrarlo a la muerte antes que dar su brazo a torcer, o de pedir disculpas. Sois necios a carta cabal.

Le di la razón.

Indagué la vida de los duelistas. Y así vine en conocimiento del matrimonio de Antonio de Orleans con la infanta María Luisa, hija de Fernando VII, de infausta memoria, y hermana de la de los tristes destinos, la reina Isabel II. Antonio de Orleans se pasó toda su vida intrigando. Llegó incluso a subvencionar una sublevación contra su real cuñada. Isabel II se deshizo de tan gallardo cuñado, y de su mujer, enviándolos a Sevilla. Y fue en Sevilla donde mandaron construir el famoso parque, entre otras cosas.

No entiendo nada de botánica. Sé distinguir un pino de un manzano y una amapola de una margarita o de una rosa. Nada más. Ello no me impidió, por supuesto, disfrutar del precioso parque, de sus fuentes y estanques, y del perfume de muchas de sus plantas y flores. El motivo de mi visita, sin embargo, no eran las plantas ni las fuentes. La tarde anterior, casualmente, había oído una conversación entre dos morenas y hermosas mujeres. Una le estaba contando a la otra, entre bromas y risas, que había ido a dejar un ramo de flores a los pies de la estatua de Bécquer. Pasando por indiscreto les pregunté dónde está dicha estatua.

—En el parque de María Luisa, hijo —me dijo una de ellas sin dejar de sonreír.

Le di las gracias y me propuse encontrarla. Y la hallé. Y sí, a sus pies, en manos de las tres mujeres, las tres etapas del amor, había varios ramos de flores. Dejadas por las parejas de enamorados. No pude evitar sonreír.

—Tú —dije con familiaridad, como si fuera Marco Aurelio— también has sido hijo de un error.

El hombre siempre necesita esquemas y cajoncitos donde guardar las cosas. ¿Qué más da que te pongan aquí que allá?

—Imagino a lo que te refieres —respondió desde lo alto de su pedestal sonriendo—. Cada uno carga con su cruz.

—No sé a qué lumbrera se le ocurrió decir que eras, como Rosalía de Castro, un poeta posromántico. Y los demás, como el eco, y por pereza, lo han repetido hasta la saciedad.

—No hay que enfadarse por eso: el hombre siempre necesita esquemas y cajoncitos donde guardar las cosas. ¿Qué más da que te pongan aquí que allá? Lo importante es la obra.

—Y quienes vienen a depositar flores aquí, ¿son conscientes de tu vida conyugal, de las infidelidades de tu mujer con el Rubio?

—¡Vete a saber! —exclamó—. Espero, no obstante, que nadie pase por ahí.

—Eso es pedir peras al olmo.

—Dejemos el tema. Es doloroso.

—No quería molestarte.

—Ni lo has hecho, ni te voy a desafiar a un duelo —añadió sonriendo.

—Los muertos no podemos matarnos.

—Pues mejor. Por eso mismo sería divertido batirnos. Con sables… Permite que haga yo ahora las preguntas, ya que pareces entendido en la materia. ¿Cuál de todos mis libros te ha gustado más? ¿Rimas, Leyendas…?

—Tendría yo catorce o quince años cuando mis padres me regalaron las Rimas. Me encantó el libro. Y me dejó un enigma. Lo solucioné años después. Cuando me lo contaron… No sigo. Leí y releí tu libro hasta el punto de aprenderme de memoria muchas de tus poesías. Yo diría que todas.

—Pero…

—Fui un mal hijo y un pésimo estudiante. Pese a ello, luego mis padres me regalaron El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Y, poco después, cuando abandoné los estudios, con el primer dinero conseguido, me compré los primeros volúmenes de los Episodios nacionales, de Galdós. Y aquí estamos todos, en Sevilla. Tu patria, la de Cipión y Berganza. Y en el parque mandado construir por uno de los personajes de Galdós.

—¿Te gusta? —me preguntó moviendo la cabeza a derecha e izquierda, como deseando abarcarlo todo.

—Me encanta. Pero no me preguntes nada: soy un completo ignorante en flora y fauna. Volviendo a tus libros, el que más me ha gustado ha sido, y es, Cartas desde mi celda. Hace algunos años incluso viajé al monasterio de Veruela, donde las escribiste.

—Está todo muy cambiado.

Más de una vez creí verte sentado a los pies de la famosa cruz donde esperabas a la diligencia.

—Sí. Lo está. No obstante, por las mañanas, antes del amanecer, todavía se podía percibir tu espíritu por allí. Más de una vez creí verte sentado a los pies de la famosa cruz donde esperabas a la diligencia. Venía con el periódico. Noticias frescas de la corte y de los amigos.

—Sí. Fueron unos bellos momentos. ¿Y pasaste por Trasmoz, el pueblo de las brujas?

—Sí. Pasé por Trasmoz. Hay una tienda con pretendidos objetos de brujería. La desmitificaste. Aunque suavizaste el final.

—Bueno…

—Ya. Lo tuyo no era la crítica social. No obstante, tienes una frase que se me quedó grabada en el alma. Francamente hablando, hay en este mundo desigualdades que asustan. Lo dices en la carta V. Y en la misma lo dulcificas: Grandes, inmensas desigualdades existen, no cabe duda; pero también es cierto que todas tienen su compensación.

—¿Hay en tus palabras una velada crítica o me lo parece a mí? —preguntó un tanto molesto.

—No. No hay ninguna crítica. Sencillamente estoy pasando unos malos momentos —dije recordando mi conversación en Itálica con el esclavo— y me gustaría que la vida, la historia, hubiera sido de otra forma. Sin guerras, esclavos, duelos ni matanzas.

—Por eso mismo se me parte el corazón —dijo sonriendo— cuando alguna pareja, cada vez menos numerosas, viene a dejar ramos de flores a mis pies. Los veo tan ilusionados… Tan inocentes.

—La vida a veces tiene momentos muy bellos.

—Es verdad. Gracias a la inocencia o ausencia de maldad. Por cierto, ¿conoces a ese escritor que me resucitó hace años para mantener toda una serie de diálogos conmigo?

—No. Ni idea. Pero podemos investigar. Tenemos toda la vida por delante.

—No. Déjalo. Era curiosidad. Entonces —dijo volviendo al punto anterior—, ¿no he sido un poeta ni romántico ni posromántico según tú?

Fuiste una cosa nueva. Tanto en la poesía como en la prosa.

—No. Fuiste una cosa nueva. Tanto en la poesía como en la prosa. Sobre todo en Cartas desde mi celda. Y en poesía has influido en todos los poetas posteriores: Juan Ramón Jiménez, García Lorca… Y Cartas utiliza una prosa novedosa, limpia como el nacimiento de un río en alta montaña. La continuaría Azorín…

Vi que estaba sonriendo.

—No me hagas caso —dije un tanto avergonzado—. No soy ningún entendido en la materia. Ni en botánica ni en nada.

—Bueno —respondió con dulzura—, aun así me he alegrado de que hayas venido a verme. Y de tu excursión a Veruela y a Trasmoz. Fueron momentos deliciosos aquellos.

—Volveré. Te lo prometo. Volveré.

—Aquí estaré. Con ramos de flores a mi pies —añadió sonriendo.

Y entonces sí, recorrí todo el parque sin dejar ni un rincón por visitar. De más está decir que me encantó. Sin saber ni los nombres de los árboles ni de las plantas. Me molestó mi ignorancia.

Vicente Adelantado Soriano
Últimas entradas de Vicente Adelantado Soriano (ver todo)

Notas

  1. Benito Pérez Galdós, España trágica, cap. IX.
¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio