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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

El Hexágono del Olvido

martes 28 de noviembre de 2017
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Marco Augusto González, sentado en su mecedora de madera, heredada ésta de sus ancestros y sometida a infinidad de reparaciones, tomaba la tarde en el porche de su casa mientras sentía el ir y venir de los carros y motos. Más de ocho décadas encima lo habían convertido en un ser taciturno, ensimismado y el que una vez fue un sindicalista controvertido y polémico, prefería ahora pasar inadvertido. Desde su vaivén observaba el barullo de la familia que esperaba ansiosa la llegada de Wanda, su nieta preferida, con su primer retoño. Globos y serpentinas adornaban puertas y ventanas con un letrero gigante que decía: “Bienvenido Saúl”.

Cuando haya ubicado el Hexágono del Olvido podré hablarte de lo que me ha dicho mi abuelo de su padre Saúl Herrera.

—Yo preferiría que me contaras las historias desde cero, ¿estamos claros? —Sabrina le hace una mueca a Genaro, su novio—. Hace tiempo creí escuchar algo referente al caso pero en el momento no le di importancia, y qué mejor oportunidad que esta para que puedas ponerme al tanto de tan escabrosa experiencia, ¿sabes? Siempre he sentido curiosidad por ese tipo de eventualidades, por llegar un poco más allá de lo que puedes encontrar en cualquier archivo y con información de primera mano —se ajusta los lentes especiales que le permiten ver la superficie lunar como si la tuviese a 50 km de distancia—. Lo digo, estas noches dan para cualquier cosa.

El carro se estaciona frente a la casa, la espera ha culminado. Wanda desciende del vehículo con el cuidado que tienen las parturientas mientras Fausto, su esposo, es el encargado de bajar al bebé en brazos. La familia en pleno estalla de alegría, todos se apresuran a formar un corrillo mientras alguien enciende el sonido que comienza a ponerle ritmo a la celebración. Varias botellas se descorchan mientras los vasos se rebosan de un provocativo vino espumante. Wanda se acerca a su esposo, le pide el bebé y se lo lleva a su abuelo con una sonrisa que expresa alegría y júbilo. Marco se acomoda los lentes, le estampa un beso a su nieta predilecta y levanta la mantilla para admirar a Saúl. Un mal presentimiento lo embarga ipso facto.

—Vamos a ubicarnos en el Mar de la Tranquilidad —Genaro se acomoda sus gafas-telescopios refractores con sensores acoplados al ritmo cerebral generados por conductores proteicos—. Disfruta el recorrido, la serenidad que ofrece el suelo lunar. Ahora toma mi mano, te llevaré hasta el sitio que estamos buscando —ambos aprovechan y estrechan sus cuerpos, logrando una visión compartida con mayor nitidez—; cuando haya ubicado el Hexágono del Olvido podré hablarte de lo que me ha dicho mi abuelo de su padre Saúl Herrera —Genaro observa cómo el latido de ambos se incrementa, la búsqueda se torna lenta y sin apuros. La luna, espléndida y totalmente iluminada, se eleva sobre el oriente de la pareja de enamorados que disfrutan la soledad del mirador de la ciudad.

Marco se vuelve a recostar en su mecedora, mientras la familia emprende la celebración con nuevos bríos, compartiendo toda clase de anécdotas y agotando las reservas de bocadillos. Un sueño lo invade, un plácido adormecimiento que lo aleja del estruendo y las carcajadas. En su subconsciente puede ver a su nieta, llevando de la mano a un niño de unos diez años a un centro dedicado al adiestramiento de jóvenes promesas en las ciencias básicas.

—Saúl, pasaré a las cinco a buscarte, espero que no te entretengas, hoy es el cumpleaños de tu papá y debemos estar más temprano que de costumbre —la imagen se difumina mientras que un estribillo de The Beatles lo recrea, como ha sido usual para él durante tanto tiempo.

Saúl es un estudiante universitario, brillante, excepcional, pretendido por varios centros de investigación científica de prestigio.

—¡Listo! ¡Lo encontré! —exclama Genaro con júbilo—. Recuerda que no podemos acercarnos, existe un campo de fuerza sobre los 30 kilómetros que no permite ver detalles de lo que sucede allí. Como bien sabes el Hexágono del Olvido es una prisión construida para los casos más aterradores que han conmocionado a la sociedad, los terroristas, los asesinos en serie; los autores de los crímenes más abominables que aparecen en el listado del Manifiesto de las Naciones se encuentran allí. Es una alternativa que reemplazó a la cadena perpetua y a la pena de muerte y el 90% de los países hace uso de dicha prisión. En realidad no recuerdo a quién se le pudo haber ocurrido idea semejante pero al parecer ha dado resultados. Lamentablemente mi bisabuelo fue uno de los primeros reos en inaugurar aquel misterioso lugar.

Saúl es un estudiante universitario, brillante, excepcional, pretendido por varios centros de investigación científica de prestigio. Wanda y Fausto lo acompañan llenos de orgullo a su graduación y luego al aeropuerto, donde lo despiden en medio de lágrimas y abrazos, así como el resto de la familia y miembros de la prensa especializada. En un ciclo de conferencias conoce a Nadia, una pasante rusa radicada en Santiago de Chile; Cupido perfora sus corazones con flechas emponzoñadas. Su vida se va decantando por el fortalecimiento de las bases familiares con la llegada de los gemelos René y Rómulo. Marco comienza a toser estrepitosamente cuando observa a su nieto transformado en el líder máximo de una cofradía secreta. Vuelve a recuperar el sueño profundo mientras la fiesta continúa.

—Da la impresión de que es un recinto lúgubre, no se observa movimiento alguno —comenta Sabrina—; podría inferir que su estructura se asemeja en dimensiones al extinto Pentágono estadounidense, lamentablemente todo eso lo han manejado con el máximo secretismo, te aseguro que de disponer de más data me estaría embarcando en mi próximo artículo en la revista.

Genaro podría inferir que su novia lo estaría utilizando como carnada para su beneficio, pero después de seis años de noviazgo y con el altar en puertas estaba convencido de que había llegado el momento de compartir con ella uno de los misterios más importantes de su familia.

—Ven, fija las coordenadas y dame un beso, tanta cercanía turba mis ideas.

Un juez dicta sentencia, golpea su martillo una vez ha manifestado el castigo que le corresponde a Saúl Herrera. Lo nota más desgastado, con el cabello hecho jirones, vestido con un uniforme verde. Lo escolta un grupo de oficiales de seguridad mientras es llevado a un habitáculo, de allí será trasladado a Cabo Cañaveral y completará la tripulación de reos que inaugurarán el Hexágono del Olvido. En las afueras del tribunal se agolpa un nutrido grupo de personas que exigen la pena de muerte para Saúl. Los medios de comunicación hacen gala de su cobertura informando al resto del globo. Marco se contagia con la sensación de vacío que experimenta su descendiente cuando abandona el planeta, es como salir del útero materno y saber que una vez afuera no habrá retorno.

—Mi abuelo Rómulo me comentó a principios de año que tal vez su padre estuviese cumpliendo 97 años de edad. Desconocían su condición, si aún estaba vivo o si ya había fallecido. De Nadia recuerdo muy poco, sólo que solía conversar todas las noches con la luna y se veía de mal humor en noches nubladas o de luna nueva. Cuando se le detectó la enfermedad maligna pidió que la llevaran a Majachkalá, en Daguestán, de donde era oriunda. De resto nunca escuché alguna historia o comentario respecto a mi bisabuelo, hasta esa noche de su supuesto aniversario. Rómulo, a pesar de su robustez, vivía aquejado por la diabetes y sin rodeos decidió decirme por qué su padre fue a parar a la luna.

Saúl, convencido de iniciar la colonización en otro espacio de tiempo, activó un agujero de gusano interuniverso y el mismo fue atravesado por 186 personas pertenecientes al grupo.

Hijo mío, no soporto verte encerrado en este lugar, sé que tus intenciones jamás fueron macabras, al contrario, la ciencia y el bienestar eran tu bandera. Marco deliraba en su mecedora. Wanda pudo darse cuenta del estado de su abuelo; le dijo a su esposo que bajara el volumen del equipo de sonido. La familia en pleno hizo rueda alrededor del patriarca. Su cuerpo temblaba, su temperatura descendía, no paraba de balbucear incoherencias. Wanda activa su teléfono y llama a una ambulancia.

—Mi padre fue erigido líder de una secta religioso-científica; en poco tiempo se hizo muy famoso y pudo captar cuantiosos recursos destinados a la investigación y aplicación de teorías avanzadas relacionadas con la astrofísica y la exobiología. Mi madre lo apoyaba en lo que estuviese a su alcance. Una mañana se despidieron en medio de un llanto amargo. Después de la sentencia nos hizo jurar que jamás confiaríamos el secreto. Pero llegó la hora de traicionarla. Saúl, convencido de iniciar la colonización en otro espacio de tiempo, activó un agujero de gusano interuniverso y el mismo fue atravesado por 186 personas pertenecientes al grupo, los de más alto rango. Alguien alcanzó a delatarlos y las autoridades llegaron en el instante en que él se disponía a traspasar el umbral. Fue capturado y declarado responsable por la desaparición de todas esas personas; los detalles relacionados con el caso se mantuvieron como una incógnita para el resto de la población —Genaro desactiva sus gafas e invita a Sabrina a abandonar el mirador. Ambos pueden ver cómo la luna los acompaña en su travesía de vuelta a casa.

Nesfran Antonio González Suárez
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