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Tres poemas del libro inédito Radiación de fondo, de Carlos Barbarito

viernes 21 de abril de 2017
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Carlos Barbarito posee el fascinante don de no entregar al lector nada más que pistas; jamás la llave. Y una de las pistas intrigantes de su poética está en la palabra desnudez y sus correlativos que se repite exhaustivamente, de libro en libro, y que en este Radiación de fondo transita como un guía, una intrigante especie de iluminación por encima de todo el error y toda la ceniza. Ahí está la presencia del inventario de las cosas que desaparecieron sin que hubiesen sido totalmente conocidas. Tanto en el poeta como en la naturaleza, el inventario de las máscaras que no se revelaron o entonces que se deshicieron sin centro de razón o de misterio. Evidente que la presencia de este nudus mantiene su seductora ambigüedad: tanto es privación como revelación, tanto lo que falta como lo que se muestra. Inventariarla significa provocar al lector (¿un gran guionista?) —y también al propio poeta— para que separe la paja del trigo. Y a veces esa dualidad nos convence de su eficacia. Hábilmente el poeta hace que el lenguaje navegue entre el vacío y la plenitud, flujo y reflujo, provocando algo de malestar en la constatación de este tránsito. Es un juego, claro. No hay duda de que el lenguaje es un juego. Sin embargo su astucia está en el hecho de que se realice sin adornos, o sea, también el engaño está desnudo. Y en esto radica la gran fuerza de este libro.

Fragmento del prólogo de Floriano Martins
(Originalmente en portugués; traducción de Ana María Rodríguez González)

Mi vida fue un error —dijo…

Mi vida fue un error —dijo. Y se arrojó al vacío.
Ese acto postrero, definitivo, ¿rompió el cerrojo?
¿Pasó una esponja húmeda por cada una de las siete heridas?
¿Delineó, con arte angélico, una vía de salida?
¿Dio paso al goce, el fruto rojo bajo una luz blanca?
¿Trajo una espuma duradera, un padre renovado?
¿Detuvo al arpón en pleno vuelo hacia el pez?
¿Repuso la médula, la espalda, la espina?
¿Rehízo el devastado reino del escarabajo y la hormiga?
¿Desafiló el hacha, dio vista al ciego, recuperó salario y jardín?
¿Qué del eterno instante del parto, del unísono coral en viaje?
¿Qué del tributo seminal, del lento masaje en las encías?
¿Qué del vino bebido a pequeños sorbos, junto al fuego?
¿Y el sonido que, desde siempre, engendra?
¿Y el silencio que, desde siempre, acerca el agua a las orillas?

 

¿De qué color..?

¿De qué color es la despedida? La mano
busca en vano una moneda en el bolsillo
y se cortan dos cuerdas, la primera y la última;
en el metal, el óxido trabaja,
y ya nada me recuerda tu mirada
en dirección al aire donde se desbandaban las mariposas.
Adiós. Escribo esta palabra en una mínima madera.
¿De qué color…? ¿Del color de la lluvia,
de la piedra abandonada al costado del camino,
de la hierba dura y seca que ignora
hasta el animal más hambriento?

 

Negada la música…

A Guillermo Pilía

Negada la música, el mar se vacía
y un cometa se precipita; el muslo ajeno
queda muy lejos y más lejos todavía, el propio muslo.
¿Qué círculo ahora no elude al compás?
Una luz, supuestamente divina o de magnesio,
ilumina por iluminar el rincón
donde se guarece de la lluvia un animal desnudo y lento.
¿Qué sólido rueda por un plano inclinado?
El dos más dos en la pizarra ya no significa;
a la leche que se derrama acude sólo uno
y ese uno se extravía antes de llegar.
Negada la música, no sobreviven el alma de la madera,
la figura en escorzo, la nutricia telegrafía;
queda apenas un constante deambular de peces por el aire,
pájaros que al huir se precipitan en las aguas.

Carlos Barbarito
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