
El 22 de noviembre de 2024 aparecía un facial de €2,81 dedicado a Ivo Boscarol, un pionero del aire e innovador en motores eléctricos para aviación.
Para entrar en tema recordemos que hace 150 millones de años existían seres alados o voladores, era el tiempo de los dinosaurios, sería el caso del célebre Archaeopteryx genus (dinosaurio volador) que tanto nos gustaba cuando, de críos, nos dedicábamos a juntar cromos que nos hacían volar nuestra imaginación. Fue ese afán de imitar a los seres voladores el que prendió la mecha en la imaginación del ser humano hasta convertirlo en una realidad; los estudiosos no dejan de sorprenderse cuando en los yacimientos arqueológicos (tiempos de los faraones o culturas maya o inca) aparecen imágenes explícitas que nos hacen derramar páginas y páginas sobre los supuestos aviadores de antaño.
No falta material para tratar de explicar determinados hechos que hacen cuestionar todo el conocimiento humano que nos lleva a aquella máxima: más sabes, más ignoras. Pongamos los pies en tierra y volvamos a los principios de la aviación que, en cierta medida, nos legó el genial Leonardo da Vinci con sus famosos grabados o diseños. Desde el siglo XVI hasta hoy el sector de la aeronáutica no se ha parado y está en constante evolución.
El siguiente paso nos llegaría con los globos de los hermanos Montgolfier sobre París en 1783 y, algo más de un siglo después, se añadía Otto Lilienthal, en 1896. Ahora la incorporación no tardaría tanto pues en 1903 serían los hermanos Wright los que pondrían la primera piedra de la aviación moderna y sobre la que se fue cimentando el inexorable avance a nivel planetario, convirtiéndose en un sector de éxito sin fronteras que, a pesar de los desastres (o el mal uso de determinados ingenios empleados como armas, el caso de los modernos drones o vehículos aéreos no tripulados) que a veces ocurren, el sector ofrece uno de los sistemas de transporte más rápido y seguro de cuantos creó el ser humano.
En el caso de Eslovenia tenemos a uno de esos innovadores: se trata de Ivo Boscarol (nació el 15 de abril de 1956 en Postojna; si van por la zona no dejen de visitar sus famosas cuevas), que fundó la empresa Pipistrel, especializada en la producción de ultraligeros y ligeros que le han granjeado una gran popularidad entre los aficionados a volar. De paso recordemos que fue gerente de la emisora de radio de los estudiantes de Liubliana entre 1976 y 1978; la emisora fue filatelizada al cumplir el medio siglo de emisiones con un sello que apareció el 22 de marzo de 2019 y que muestra su logotipo.
En la siguiente década llegó al mundo del ala delta e inmediatamente le seguiría la versión motorizada para el mercado italiano (Eslovenia no permitía los vuelos privados). Para evitar problemas con las autoridades, Boscarol solía realizar sus vuelos al atardecer y en semioscuridad, ese hecho fue el que le acabó dando el célebre y exitoso nombre para su empresa. Pipistrel equivale a murciélago, sería una exitosa marca comercial a nivel global y en 1995 acabó dándole el espaldarazo definitivo en la célebre Fiesta de la Aeronáutica de Friedrichshafen, que lo catapultó hasta la mismísima Nasa, donde se hizo con el premio HPC 2014 por la excelencia en innovación y trabajó ya con herramientas de última generación para la dinámica de fluidos realizada mediante computadora.
El personaje tiene numerosos galardones y reconocimientos, el último le llegó en 2023 cuando la Asociación de Gerentes le entregaba el premio por su meritoria trayectoria personal y empresarial. Es piloto, cinco veces campeón nacional y un pionero en el mundo de la aviación eléctrica que fabrica los aviones ligeros más avanzados del orbe y, como primer fabricante privado en los Balcanes, ha hecho importantes aportaciones a los ultraligeros desde que comenzara en los años ochenta.
Con el Pipistrel se alzó con el título de campeón del mundo, realizó varios vuelos alrededor de la Tierra y logró once récords mundiales que le catapultaron a numerosos galardones, incluido el de doctor honoris causa por la Universidad de Nova Gorica.
El correo esloveno lo honra hoy con el sello aparecido en hojas de dieciséis efectos en offset y veinticinco mil ejemplares de tirada. Fue diseñado por Robert Zvokelj en formato horizontal con matasellos de primer día en Ajdovscina, población en la que tiene su sede su exitosa empresa.

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