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Juan Goytisolo

miércoles 7 de junio de 2017

Juan Goytisolo

El domingo 4 de junio dejó de existir Juan Goytisolo, quizás una de las figuras más emblemáticas de la narrativa contemporánea en lengua española.

El año 2014 el Premio Cervantes recayó en Juan Goytisolo, quizás el más cervantino de los narradores ibéricos.

En una primera etapa de su obra que cubre aproximadamente una década, Goytisolo (nacido en Barcelona en 1931) escribe y publica varias novelas siguiendo el canon del realismo crítico tan en boga por aquellos años en la narrativa española: Duelo en El Paraíso (1955), Fiestas (1958), El circo (1958), La resaca (1958), Para vivir aquí (1960), Campos de Níjar (1960), La isla (1961) y Fin de fiesta (1962) lograron captar la atención del público agotando ediciones, y en ellas se daba testimonio de una generación abandonada a la abulia y el conformismo, de jóvenes y niños atrapados en la maraña de violencia soterrada que era el estigma de los años de la posguerra y la dictadura franquista.

En 1966, con la publicación de Señas de identidad, la narrativa de Goytisolo da un cambio radical y se aparta definitivamente del realismo para comenzar una indagatoria a otros niveles de la estructura y del lenguaje narrativo, abriendo espacios a otros géneros que mezclados dan nuevas formas de entender los diversos matices de la realidad.

Reivindicación del Conde Don Julián (1971) y Juan sin Tierra (1975) conformarían junto a Señas… el núcleo de esta nueva búsqueda y quizás lo mejor dentro de su obra, que con los años se ha extendido siempre en una búsqueda permanente de nuevas dimensiones del lenguaje cuyas resonancias se volvieron cada vez más poéticas.

El año 2014 el Premio Cervantes recayó en Juan Goytisolo, quizás el más cervantino de los narradores ibéricos, precisamente en el momento en que se celebraban los sesenta años de la publicación de su primera novela, Juego de manos (Destino, 1954). Sobre su herencia cervantina, Juan Goytisolo expresó en una entrevista para la revista Ozono, en 1976, lo siguiente:

Yo digo que Cervantes ha sido no sólo el mejor novelista de la lengua castellana, sino también —y a la vez— el mejor crítico. ¡Qué mejor crítica de la literatura de su tiempo que la que hallamos en el Quijote! Toda la crítica literaria de su tiempo está resumida en el Quijote. No hay mejor crítica literaria. Yo, con toda modestia, no he hecho más que seguir sus pasos. En realidad, Cervantes ocupó todo el campo de maniobras de la novela: es decir, que cualquier tentativa que ponga el género en tela de juicio tiene que entrar (yo diría casi inexorablemente) en el campo de maniobras de Cervantes. En el caso de Don Julián para mí fue muy claro: hasta que no terminé la novela no me di cuenta de que estaba cervantinizando, cervanteando, cervantizando, sin saberlo. El episodio de las moscas en la biblioteca de Tánger desempeñaba exactamente el mismo papel estructural que el del espurgamiento de la biblioteca de don Quijote por el cura y el barbero. Era el pretexto para introducir la discusión literaria en el cuerpo de la novela.

Con el otorgamiento de dicho premio a Juan Goytisolo, los iberoamericanos no sólo pudimos celebrar la obra de un autor de demostrada coherencia y solidez, sino también una tradición literaria que abarca los últimos cuatro siglos, y que cada tanto se regenera en esas obras indispensables que dejan un campo abierto para la imaginación y la poesía.

Manuel Cabesa
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