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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Muestrario colorido de serpientes

• Martes 23 de enero de 2018

Del libro inédito Crónica de supersticiones urbanas

Muestrario colorido de serpientes, por Luisa Futoransky
En todas las grandes civilizaciones una tarea impuesta a los héroes es vencer a una serpiente, cuanto más fabulosa tanto mejor.

Presentación del bestiario

En los panteones de todas las grandes religiones los animales desempeñan un papel protagónico. Objetos de culto, ofrecidos en sacrificio, sacralizados o vilipendiados, salvajes o domesticados, los animales también ornan y dan nombre con sus características distintivas tanto a la astrología oriental como a la occidental.

Una de las razones —y no la de menos peso para ello— es que como arquetipos los animales representan los sustratos más profundos del inconsciente y del instinto. El poeta Víctor Hugo los consideraba “la fuerza oscura y vaga de la tierra”.

En el antiguo Egipto los dioses fueron personificados con cabezas de animales. A su vez en el cristianismo los cuatro evangelistas hallan su representación en cuatro bestias emblemáticas, en tanto que el Espíritu Santo tiene como símbolo a la paloma. Reales o imaginarios campean en todos los libros sagrados de la humanidad, desde el Génesis al Apocalipsis pasando por el Corán, las epopeyas védicas o los textos fundadores del taoísmo o el sintoísmo.

Los animales son la clave de interpretación en la astrología occidental y en el horóscopo chino también.

Presentes en los sueños, espejo de las pulsiones más profundas del hombre, nuestras naciones contemporáneas suelen identificarse también por animales cuyas cualidades se atribuyen: Estados Unidos, el águila; Inglaterra, el león; Francia, el gallo; Alemania, el oso, y España, el toro. En cuanto a la muy sabia civilización cretense, se hizo representar por la industriosa abeja.

Sin olvidar que los arúspices romanos eran adivinos cuya misión altamente respetada era la extracción de presagios por medio del análisis de las entrañas de las aves inmoladas.

Al Mada Ini, autor árabe del siglo IX, exige a todo líder militar que conjugue dentro de sí un verdadero zoo pues lo quiere “bravío como el gallo, casto cual gallina, valeroso como un león y con la agresividad del jabalí. También debe tener dentro de sí la astucia del zorro, la perseverancia del perro, la vigilancia de la grulla, la prudencia del cuervo y no cejar en el combate como el lobo. Por último su robustez debe ser la del ‘yagru’ (especie de yak) que pese al esfuerzo continuo sigue graso”.

Mucho para un militar y para un individuo a secas también.

Lo cierto es que a medida que fui avanzando en el conocimiento de la flora y de la fauna en el universo caótico de los presagios y la magia concienticé que estamos sumergidos, cercados, envueltos por mitos y creencias a cual más oscuro y menos lógico.

Hemos llegado incluso a establecer que existen animales que fueron creados por Dios: cordero, perro, liebre, caballo, vaca y toro. Y otros por el Diablo: lobo, zorro, conejo, asno, cabra y chivo.

Está claro también que aquellos que por alguna razón no alcanzaron a entrar en el Arca de la Alianza quedaron haciendo de las suyas en nuestro inconsciente. Dragones, salamandras, troles, ninfas, nereidas, fénix y unicornios son la prueba.

Los animales son la clave de interpretación en la astrología occidental y en el horóscopo chino también.

En un diccionario de la sabiduría egipcia, encontré que en un sarcófago se descifró esta inscripción para ponderar los méritos del difunto y ayudarlo a atravesar el nivel de la muerte hacia la vida eterna: “Cuidé de los ibis, los halcones, los gatos y perros divinos. Los enterré siguiendo los rituales propiciatorios, pasándoles ungüentos y embalsamándolos envueltos en fino lino”.

 

Muestrario

Desde la noche primera de los tiempos, ese bicho de sangre fría, sin pelo, plumas ni patas, que repta y cuyo abrazo tiende a ser mortal, es uno de los rivales más poderosos del hombre.

En todas las grandes civilizaciones una tarea impuesta a los héroes es vencer a una serpiente, cuanto más fabulosa tanto mejor. Vishnú, Apolo, Heracles, Odín, san Jorge… cada uno se destacó ultimando su propio reptil mítico.

Algunos dioses en cambio se metamorfosearon directamente en víboras para concretar sus objetivos. Como Esculapio, dios de la medicina, cuyo símbolo, el doble áspid que repta hacia las alturas, es el caduceo.

Emblema de ciencia e inteligencia en la civilización caldea, representa lo mismo para los budistas e hinduistas, en tanto que el uróboros, serpiente que se muerde la cola de los gnósticos, representa la autofecundación y por ello la renovación y la vida perpetua.

Para los egipcios la sierpe Atum, con su esputo espermático, creó el mundo dando vida a los nueve dioses primordiales.

La cobra real alzada portando el disco solar es representada con frecuencia en los jeroglíficos de los monumentos funerarios y se la ve también dibujada en la cabeza de los faraones, pues simboliza la soberanía, el conocimiento y la eternidad.

Por estar a la altura de su soberano rango fue la preferida por Cleopatra para compartir con ella la leyenda de sus últimos instantes de cara a la eternidad.

Por su parte, al morir, los monarcas tebanos se transformaban supuestamente en serpientes. La Acrópolis estaba custodiada por una serpiente. Las tradiciones grecolatinas mencionan a menudo las reencarnaciones bajo forma de reptil. Y Poseidón estaba personificado en un ser mitad hombre, mitad ofidio.

Los griegos asocian a la serpiente pitón el don de la profecía. De ahí que la pitonisa sea la depositaria por antonomasia de los oráculos.

La lectura de presagios a través de los movimientos de los reptiles, ofiomancia, se practicaba desde la más temprana antigüedad. Los griegos por ejemplo le tenían mucha fe. Las escamas de la serpiente cascabel entran como ingrediente en todos los filtros, pomadas y hechizos de amor.

Impredecibles, retraídas pero arteras, de mirada fija e hipnótica, condensando en sí de alguna manera los misterios de la naturaleza, se las asocia a la magia y toda suerte de hechicerías. No hay que olvidar que una vez que la serpiente se desenrosca para atacar nada la detiene y lo hace con el fulgor de un relámpago. No es un animal al que pueda asociarse, a la hora de actuar, la más mínima idea de misericordia.

Espíritu guardián, para los romanos era el genius del hogar.

En la civilización minoica tenían un puesto preferencial. Así lo corrobora las figurinas halladas en los vestigios del palacio de Cnosos y hoy se admiran en el museo arqueológico de Heraklion.

Por albergar en su cuerpo el alma de los muertos la serpiente es muy reverenciada en India. De mil cabezas, Ananta, asociada a Vishnú, está vinculada a la idea de inmortalidad. El gran rey de los Nagas, o serpientes, lleva consigo el peso de la Tierra. Cuando el dios ofidio abre la boca provoca terremotos. Al construirse una casa, una tradición hindú seguida hasta nuestros días quiere que se hunda primero un pico en el terreno en la cabeza de la naga subterránea. Un geomántico designa el lugar preciso donde debe efectuarse la ceremonia.

Siempre en India, la filosofía tántrica estima que en nuestra columna vertebral reside la kundalini, en sánscrito reptil mítico, fuente primordial de energía sexual y espiritual.

Los ejercicios yóguicos tienden a “despertar la kundalini” cuyo fluir armonioso en espiral aumenta nuestra vitalidad. Todo esto sin olvidar el rol primordial que en la cultura de mayas y aztecas tenía la serpiente emplumada, Quetzalcóatl. Así, en las representaciones precolombinas es el símbolo de la lluvia o agua celeste.

La menstruación, dicen los rabinos talmúdicos, proviene de las relaciones de Eva con la serpiente.

Embarcadas en los barcos las serpientes predecían la calidad del viaje, incluso hasta el siglo XVII; si se las veía tristes era mejor postergarlo.

En muchas culturas europeas el arcoíris no es otra cosa que una serpiente que tiene sed y bebe en el mar. En oposición a las culturas anteriores al cristianismo, éste hace de la serpiente la representación por antonomasia del mal. Tentadora por excelencia, incita a Eva a comer el fruto prohibido del árbol de la inmortalidad y arrastra a la humanidad, tras el conocimiento del bien y del mal, al pecado; por ello es receptáculo de la maldición divina y se la condena a arrastrarse. Memoria atávica, con ello se quiere simbolizar que los grandes reptiles de las épocas prehistóricas tenían patas.

La menstruación, dicen los rabinos talmúdicos, proviene de las relaciones de Eva con la serpiente.

Símbolo fálico por excelencia, está asociada en forma indisoluble a la sexualidad y el deseo. ¿No se cree acaso que la serpiente se acopla con las mujeres?

                                                

Perfidia, ingratitud, astucia, envidia, lujuria es su predio. El lenguaje retuvo lo de lengua viperina o lengua bífida para definir traiciones y calumnias. La tradición cristiana le atribuye los pecados todos y además considera que es la personificación preferida del diablo. Combatir su predicamento significó una manera importante de triunfar sobre el paganismo.

Demonio, dragón del Apocalipsis. Hidra de Lerna en Grecia que cuando la matan se le multiplican las cabezas, los santos de los primeros tiempos para no ser menos, en su currículo cuentan por lo menos con haber matado una serpiente, como san Marcelo, san Teodoro, san Honorato; san Patricio, patrono de Irlanda; aunque el más popular es sin duda san Jorge, que exterminó al célebre dragón, pero que vaya uno a saber por qué su hazaña últimamente suscitó controversias en la Iglesia y lo quitaron del santoral pero no de la espléndida representación que preside la entrada de tantas catedrales, por ejemplo la de Basilea.

 

“La tentación”, Catedral de Notre Dame
¿Mi serpiente preferida? La Lilith que campea irónica de una belleza casi indecible en el pórtico izquierdo de la entrada de la catedral de Nuestra Señora de París.

La serpiente, los filtros, los presagios

En el campo francés se cree que matar la primera serpiente del año trae suerte y promete victoria sobre los enemigos, y lo contrario si ésta consigue huir.

Encontrar una serpiente en una tumba quiere decir que el muerto no está en el cielo y es un fantasma.

También en el interior del país se cree que las culebras se amamantan de las vacas para provocarles la muerte. Hacen lo mismo con las nodrizas para secarles la leche. Durante las menstruaciones si se introducen dentro de las muchachas las pueden dejar embarazadas porque son las reinas de la fecundidad. Para evitar tal calamidad hay que dejar leche tibia en un fuentón cerca de la cama.

Toparse con una cobra si se está embarazada provoca aborto.

“Cuando el bebé nació, tenía en la frente el dibujo de un minúsculo reptil y desde entonces todos los años, en primavera, la vena frontal se hinchaba y tomaba momentáneamente el aspecto de la bestia”. No, no cito una frase de algún volumen de Harry Potter, sino un relato de Claude Seignolle donde cuenta las ceremonias familiares, la medicina popular y la brujería en el sur de Francia, en la región de Languedoc.

Otra de Bretaña: en la ciudad de Fougères se halla el castillo con la torre del hada Melusina, y en un ángulo de la abadía vecina está retratada en sirena de piedra que se peina. Por eso la llaman “la iglesia de la malpeinada”.

Es un recuerdo de la triste historia de la prodigiosa Melusina, que había contraído matrimonio con mortal, el señor de Lusignan. Pactó con el marido que éste la dejaría tranquila y libre los sábados. Sin preguntarle nada. Pero, celoso y curioso, el marido espía a Melusina mientras se peina y encuentra que en realidad es una serpiente alada. Descubierta, Melusina se fue volando y aullando por los tejados aunque las noches de verano se la puede ver con sus escamas tornasoladas en el lago de la vecindad.

 

Encuentro con una serpiente es de mal augurio para gran parte de Occidente.

En América Latina no suele ser diferente: En El mundo es ancho y ajeno se ve de entrada el terrible cariz que tomarán las cosas porque el autor, Ciro Alegría, lo repite desde la primera página hasta el final de la novela como leitmotiv: el personaje principal encuentra una culebra y no para de exclamar para sí y quien lo quiera oír “¡Desgracia, desgracia!”.

Sigue la mala onda: si entra por el conducto de la chimenea mal augurio. Si se va en bicicleta y se encuentra en la ruta una serpiente algo malo nos espera si está muerta y bueno si está viva.

Soñar con serpientes también es bastante desastroso: representa extravío de dinero, muerte de un pariente, traición, calumnias y maledicencia. Si se arrastra; prisión, pérdida de pleito. Si se ultima una serpiente en sueños, victoria inmediata en un asunto pendiente. En China, los sueños con serpientes vaticinan lo peor de lo peor: el nacimiento de una niña en el hogar, para los chinos el mayor desastre.

En Occidente tan fuerte es la carga negativa de estos pobres animales que, de quien blasfema y maldice, se dice que su boca profiere sapos y culebras.

En Inglaterra no se puede poner a los barcos nombres de reptil después de que unos cuantos, el Cobra, el Serpiente y el Víbora naufragaron de muy mala manera. El almirantazgo británico prohibió tal tipo de bautizos por una decisión oficial de 1903.

 

Conjuros para detenerla: culebra inofensiva, áspid mortal o crótalo sonoro y cascabelero, si la condenada da tiempo lo que aconsejo es correr, sin perder tiempo en aprenderse de memoria el latinajo que recomiendan los magos de nombradía: Ligo, serpentes per hanc, imaginem, ut homini coeant, nec quemquam piediant nec diutus ubis seputa fuerit permanenant.

Tengo otras fórmulas por el estilo pero con esta basta y sobra, y tener confianza de que los maratonianos bien entrenados vencen. También existe la tira de recetas medievales de esas que hay que escribir en un papel apergaminado y luego tragárselas. Algunos “científicos” afirmaban que las mordeduras de serpiente eran diez veces más poderosas si uno estaba en ayunas y el reptil también; lo del reptil con hambre me lo creo.

En Turquía lo peor es que te muerda una víbora en luna nueva.

En Turena se creía, espero que ya no, que el individuo mordido por una serpiente podía contagiar el veneno por el aliento. Después nos extrañamos de que parecidos despropósitos se hayan vertido hace apenas unos veinte años sobre la gente infectada por el virus del sida.

Una superstición que sí me la creo es que el único modo de matarla es decapitarla, no dormirse en los laureles y prepararse para continuar con el penoso ejercicio porque casi siempre andan en yunta.

 

Amuleto precioso, su piel para algunos es el máximo de la suerte y para otros un desastre. En México, las bordadoras creen que es bueno pasar la mano sobre la piel de una serpiente para hacer más hermosos sus bordados.

En Japón se la disputan como manjar delicioso pues favorece la energía sexual, especialmente cuando el cuerpo declina con los cambios de estación, y si no se dispone de serpiente a mano, los animales con formas similares hacen las veces, como la anguila. En el país del sol naciente existen restaurantes especializados sólo en este manjar.

En la zona fronteriza de Brasil y Bolivia se las aprecia en guiso y a la plancha.

La farmacopea popular de otros tiempos aconsejaba la decocción de culebras para bajar la fiebre, sanar los forúnculos y las quemaduras.

Los dientes de serpiente son amuletos buenísimos para muchas cosas, pero son muy adecuados para tener suerte en la lotería.

La grasa de serpiente en los Alpes dicen que es buenísima para aliviar el reumatismo. Otros afirman que las heridas se curan quemando una víbora y aplicando sobre la herida sus cenizas.

La grasa de reptil integra la composición de todas las velas mágicas. El reputadísimo Alberto el Grande da recetas para confeccionarlas en forma casera; eso sí, los ingredientes son de rara adquisición pues se requiere hervir por lo menos cinco horas la grasa del ofidio con sangre de burra y en el cabo poner trozos de mortaja reciente.

Los dientes de serpiente son amuletos buenísimos para muchas cosas, pero son muy adecuados para tener suerte en la lotería, sobre todo si se los arranca del animal mientras está vivo… (no me lo invento).

Por aquello de la magia simpática donde lo semejante cura lo semejante, se usaba la lengua como contraveneno.

En joyería es una forma de las más preciadas y repetida a lo largo y ancho de la historia en pulseras, anillos, collares pues augura longevidad, buena suerte, salud, éxito en la vida profesional. Para la vida sentimental no, por el entredicho bíblico con Eva y descendientes.

¿Mi serpiente preferida? La Lilith que campea irónica de una belleza casi indecible en el pórtico izquierdo de la entrada de la catedral de Nuestra Señora de París, contemplando, hasta benévola, la pérdida irremediable de Adán, su ex, a manos de Eva, ni siquiera una rival.

                                                                              

El huevo de la serpiente

Para terminar, un poco de folclor europeo. Existe la creencia de que bajo la lengua del bicho se encuentra una piedra preciosísima. En los Balcanes se la llama “el diamante del 13 de mayo”, porque esa es la fecha más propicia para obtenerla. Gema entre las gemas, calma el hambre y la sed de quienes la tocan apenas con la lengua y a quien la traga lo transforma en dragón.

Esta tradición tendría su origen en otra más antigua, la del huevo de la serpiente (Ingmar Bergman le dedicó una película con dicho título) o huevo druídico de los galos.

El título del filme tiene origen en una réplica del Julio César de Shakespeare, donde Bruto dice: “Debe considerársele como al huevo de la serpiente, que, incubado, llegará a ser dañino como todos los de su clase, por lo que hay que matarlo en el cascarón”.

Plinio dice que se forma en verano, que es la época en la que las serpientes se aman en las cavernas. Al entrelazarse, con el intercambiar de sus anillos y junta que junta las salivas de sus abrazos a los que suman el sudor de sus pieles entusiastas, cuando uno quiere acordarse, ¡zas!, producen ese huevo. Ellas mismas se extasían y con sus silbidos lo mantienen flotando en el aire. Cuando estaba perfecto era el momento de atajarlo. Y el héroe corría con él a caballo para que las serpientes no pudieran atraparlo a fin de que se los devolviera. Otros druidas estaban esperándolo. Lo colocaban dentro de un círculo de oro y lo arrojaban al mar. Era el amuleto que preservaría al pueblo de todo mal.

Los desmitificadores de druidas, que siempre existen, dicen que se trataba simplemente de un erizo de mar petrificado, bonito, pero erizo al fin de los que tanto abundan en las islas de por allí.

 

En mis deambulaciones más que modestas en torno a la Cábala me topé con un místico del siglo I de nuestra era, Shimon Bar Iojai. Uno de sus hallazgos que resume en forma contundente lo concerniente a las sierpes literales y a las humanas que operan como tales es:

La mejor de las serpientes merece que le aplasten la cabeza.

Luisa Futoransky

Luisa Futoransky

Escritora argentina que reside en París desde 1981. Ha publicado Son cuentos chinos (Planeta, 1991), sobre su experiencia en Asia, Lunas de miel (Juventud, 1997) y De donde son las palabras, antología poética (Plaza y Janés, 1998), entre otros.

Sus textos publicados antes de 2015
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Luisa Futoransky

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