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Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2026 en su 30º aniversario
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Cantilena de la bruja rusa
Coman de mi mano palabritas
pero no dejen de ser salvajes
radiantes y precisas.
Coman de mi mano palabritas.
Receta de cocina
Antonin Artaud escribía al editor de una revista:
“La literatura propiamente dicha me interesa poco, pero si de casualidad juzga apropiado publicar el poema, le ruego que me envíe las pruebas pues me importa mucho cambiar dos o tres palabras”.
El secreto del trabajo de escritor reside —creo—, más allá del genio, la felicidad o la locura, en el cambiar, hasta el suspiro final del texto, las dos o tres palabras que, por no ser exactas, sobran, distraen o importunan.
Freudiana
La psicoterapia y la poesía son pájaros carpinteros que siempre están hurga que te hurga en el árbol de las palabras y los sentidos.
Los hay que van por savia, aserrín o sólo a afilarse el pico.
Muchos vuelven trasquilados.
Estofado
Escribir con la paciencia de un entomólogo, la displicencia de un dandy y la febrilidad del buscador de oro.
El poema, la más frágil transparencia nupcial.
La quimera del oro
Estoy acercándome —qué peligro— a la edad en que Hokusai, el loco del dibujo,
dijo que toda línea que ejecutara a partir de los 90 estaría viva
y ponía por testigo al mundo
Digamos que a partir de hoy, ya mismo, toda palabrita que piense y diga
sea veraz, respire y aletee
Me conviene, oh sí y tanto
repito, me conviene
Por experiencia
Procedo por un sistema de faros que a veces funciona y me conduce a puerto.
La curiosidad tiene mucho que ver con el ritmo
la respiración
y acabado del poema.
Ni siquiera la familia ni el amor son inolvidables pero rescoldos
y firmamento
quedan
Telonera
Cada quien va por el mundo (de la escritura) con su propia cartuchera de útiles. A mí el viaje me permite asirme a cortinas y telones. Pueden estar desflecados o desteñidos y ser incluso de papel maché. Teatro rico o pobre. Pero los necesito para que la gente, aunque enmascarada, me hable de cosas ciertas. O que creo que son ciertas. Para proteger mis entradas y salidas. Para ocultar trastos, muebles desvencijados, platillos de tacitas viudas; en el centro, invitante, la concha del apuntador, falsa esperanza de que alguien te sople la réplica, más aún te avance parte del argumento porque suele estar vacía pero tiene una lamparilla macilenta, una escalera estrecha, la entrada de un túnel. Alguna puerta se entreabre donde nace el poema y una vez más, por un tiempo me pongo a salvo.
Ergo: indispensable punto de partida y de llegada, el texto.
Arte poética
Alfa
El pescador conoce los aparejos, sedales, tanzas,
cañas, anzuelos y plomadas.
El pescador sabe tirar al agua
las palabras
que no sirven.
Beta
Mezclar sin que se formen grumos
suave, con paciencia
pero con uno que otro golpe enérgico
indispensable
para llegar a puerto
y por milagro
despertar —otra vez—
hoy sin ayer
Tener en cuenta
que cortada la nata ahuyenta
agriando el todo
sin remedio
El poema
primer hervor
flor de sal
velo más tenue de rocío
y fulgor último de un arcoíris
a punto de desfallecer
entre los pliegues del milhojas
anida miel
anida espanto
y machacona la cadencia
remota del danzón
Casa guerra, casa paz
la casa guerra está llena de andar y venires
mucho ruido, broncas, barro, escupidas
gasa y mal aliento que da náuseas sólo con pensar
la casa guerra está llena de cornejas que picotean restos
en tapices que pierden colores y valor
los bancos perfeccionan la seguridad de cajas fuertes
que no queda nadie para abrir
la casa guerra es pura diversidad ufana
siempre triunfante, siempre dura y orgullosa
pura charanga, puro bombo y cornetín
la casa paz un engañapichanga
que el viento se llevó
fuera del planeta
donde parecería que halló asilo
en un hoyo negro de algún firmamento
algún silencio
el vago contorno de una mancha
que tan de lejos parece flor
A modo de despedida
Qué se escribe y qué nos queda:
Para mí un poema nos queda cuando más allá de los rigores inevitables de la técnica, las trampas de la memoria, la luz, la seducción estética o la compasión, atrapa; sin alarde, lo invisible. El signo de admiración silencioso. La pulsión que extirpa la banalidad del instante y, sin mayor esfuerzo (aparente), traduce las tragedias y palpa el viento.
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