Y tras más de un lustro tocó volver a esta isla que tanto me impactó en mi primera estancia. Soy de los que creen que nunca se debe volver a un lugar que te marcó, que dejó su huella... Pero Malta no me supo a poco y tocaba regresar a la primera oportunidad. Volver a patear su histórico suelo, realizar una visita más pormenorizada que permitiera patearla con más tranquilidad y en todo su perímetro a sabiendas de que siempre te quedarán cosas por descubrir ante la abundancia de lugares históricos. Hay mucho por ver y disfrutar, sitios que te harán muchas preguntas ante su contemplación.
Es evidente que necesitas suerte cuando realizas un viaje organizado, pero también descubres que la primera visita, a tu aire, no resultó nada decepcionante, y el retorno permitiría profundizar en esas tierras llenas de huellas históricas que dejan alelado al viajero; así que vayamos de nuevo a este portaaviones natural anclado en el Mediterráneo frente a las costas africanas y para ello nada mejor que adentrándonos en The Limestone Heritage, su parque y jardines que se localizan en Siggiewi —un nombre impronunciable para los españoles, algunas letras no tienen correspondencia con nuestra lengua—, que alberga, en sus arrabales, un lugar realmente único, poco trillado y no incluido en la edición que llevaba de la popular Lonely Planet, algo que no es la primera vez que me sucede; no deja de ser una de las principales herramientas para el trotamundos, pero tiene sus lagunas y de ahí que siempre aconseje dejarse llevar cuando la ocasión se presenta.
Así sucedió con esta joya, se trata de una vieja cantera cuyos propietarios, tras quedar fuera de explotación, la convirtieron en un oasis de verdor en la zona sureste de la isla o, si lo prefieren, hagan una línea entre La Valetta y el yacimiento arqueológico de Hagar Qin, de la que apenas nos separan una decena de kilómetros.
La vieja cantera ha sido utilizada para recrear el proceso de extracción de la piedra caliza con la que tradicionalmente se construía en la isla; lamentablemente la vorágine inmobiliaria ¿o es especulativa? también llegó a Malta y está destrozando el acervo arquitectónico maltés y, en cierta medida, modificando, para mal, el skyline insular: especuladores de todo el mundo están convirtiendo esta hermosa isla en un ambiente poco amable con la tradición.
Las canteras que aún funcionan en su suelo tienen los días contados ante el elevado coste del producto, que no puede competir con el cemento de nuestros días (pero sí con la aluminosis posterior). Si observas con atención verás muchas de ellas en pleno trabajo extractivo, y algunas tienen un agujero tan profundo que personalmente me devolvían a mi infancia feliz y el jameño Tajo de las Peñas, sobre todo cuando contemplaba el trabajo que realizara el maestro picapedrero Escobedo frente al molino de Mariano Pérez.
El Limestone Heritage ofrece un recorrido por ese peculiar mundo que no siempre la gente conoce: el trabajo de los picapedreros o canteros. Allí nos encontramos excelentemente reproducido ese duro y artístico trabajo junto a sus herramientas que, como fuerza motriz, tenían sus propios brazos, martillo, pico, cincel... Y a darle forma para crear la obra de arte o el pulido correspondiente a ese trozo de roca que serviría para los edificios de toda la isla excelentemente conservada en su impresionante tesoro arquitectónico. Allí me encontraba, mentalmente, con Escobedo, haciendo uso de su escuadra para dejarlas perfectas para el comprador, y acababa en el mundo industrializado de nuestros días, que comenzó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando lo más pesado del trabajo será realizado por las máquinas cortadoras con milimétrica precisión en las productivas canteras. Los figurantes parecen ser de verdad y en las fotografías hasta dan el pego si uno no se fija mucho.
La visita se inicia con un audiovisual y, al salir para comenzar el recorrido, te entregan unos auriculares que te van mostrando y explicando todo el proceso hasta dejarte en el frondoso y refrescante jardín lleno de cítricos y algunas hortalizas. Tras el paseo hay algunas salas de exposición de herramientas, exhibición en vivo de cómo se trabaja la piedra caliza, la tienda, otro jardín y la zona de cafetería, que no tiene desperdicio; aquí suelen realizar bailes, espectáculos musicales nocturnos, que gozan de una gran popularidad entre los malteses, sobre todo en el tórrido verano.
Las instalaciones que ahora disfruta el visitante fueron creadas por el cantero Emanuel Baldacchino; varias generaciones de este núcleo familiar habían venido gestionando la explotación de la piedra y él contrajo matrimonio con la hija del constructor que en los sesenta amasarían una fortuna. Debemos colegir el buen gusto por la conservación y preservación de las extracciones y el patrimonio que ello significa para la histórica isla. Ha creado un verdadero museo al aire libre que te recibe, precisamente, con una oronda figura que te transporta al arte del Neolítico, o si lo prefieren, a más de siete mil años; esta gigantesca figura muestra a una madre que amamanta o acuna a su vástago, imitando a las figurillas de hace casi diez milenios que fueron encontradas en varios de sus yacimientos del Neolítico. En el panel informativo vemos a su creador, Mark Verry, que barrera eléctrica en mano le daba los últimos retoques al gigantesco bloque pétreo, viéndolo trabajar la escultural mole que, evidentemente, nada tiene que ver con los cánones de belleza de nuestros días, pero que por lo visto sí lo fueron en aquellos neolíticos tiempos.
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