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In memoriam, Ricardo Piglia

domingo 8 de enero de 2017
Ricardo Piglia
La concesión del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2011 a Blanco nocturno, de Ricardo Piglia, no vino sino a coronar el desarrollo de una narrativa laberíntica, refinada.

Con la muerte de Ricardo Piglia, ocurrida este viernes 6 de enero de 2017, se apaga una de las voces más singulares y una de las trayectorias más brillantes de la narrativa latinoamericana de los últimos cincuenta años.

El trabajo desarrollado por este autor podría condensarse en el criterio de Tzvetan Todorov según el cual “toda obra, toda novela cuenta, mediante la trama de los acontecimientos, la historia de su propia creación, su propia historia”. Comenzando por su primer libro de relatos, Jaulario, que obtuviera una mención en el Premio Casa de las Américas en 1967, otorgado por un jurado compuesto por Mario Benedetti, Jesús Díaz, Enrique Lihn, Carlos Monsiváis y Dalmiro Sáenz, y sobre el que expresara Haroldo Conti (con base en la edición argentina publicada el mismo año con el título de La invasión) lo siguiente: “Narrados con fervor y potencia expresiva, construidos con lúcido, infrecuente rigor, estructurados en el interior de una prosa que modula su ritmo y su eficacia en la violenta densidad de los hechos, cada uno de los cuentos de este libro es un puente, una llave para acceder a un territorio familiar y oblicuo, a un mundo brutal en el que la delación y la crueldad están en la base de las relaciones humanas”.

En Homenaje a Roberto Arlt Piglia indaga en los códigos de la crítica literaria para desarrollar una trama casi policial convirtiendo al lector en el protagonista principal.  

Ocho años después, con los textos contenidos en Nombre falso (1975), se nos revela como un autor que busca nuevas alternativas estructurales para la decantación del relato. El mismo Piglia nos describe el contenido del volumen: “Nombre falso se trata de una novela corta y cinco cuentos. La novela (a mi juicio lo más importante del libro, o por lo menos lo que a mí más me interesa) se llama Homenaje a Roberto Arlt. Argumentalmente, es la historia de alguien que busca un cuento inédito de Arlt: en lo profundo es una reflexión sobre la literatura en general. En cuanto a los cinco cuentos, todos narran, con diferentes tramas, una misma historia: la de gente encerrada en una situación un poco violenta, que trata de resolver una relación personal, una relación de dominio de un individuo sobre otro”.

En este homenaje narrativo al autor de Los siete locos y Los lanzallamas la crítica se vuelve ficción, Piglia indaga en los códigos de la crítica literaria para desarrollar una trama casi policial convirtiendo al lector en el protagonista principal. Sobre este punto el autor nos refiere: “En cuanto a la crítica creo que es una forma de autobiografía. Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. El crítico es aquel que reconstruye su vida en el interior de los textos que lee”. En Nombre falso el crítico que persigue ese relato perdido de Arlt aparece como el detective que percibe sobre la superficie del texto los rastros o las huellas que permiten descifrar su trama.

Igual procedimiento es apreciable en su primera novela, Respiración artificial (1980), en donde Emilio Renzi, alter ego del autor, realiza una investigación del pasado para realizar una biografía de su tío Maggi, quien a su vez trabajó en la composición de una biografía de Enrique Osorio, situación que enmascara realmente una reflexión sobre la historia como fundamento, tal como lo explica la profesora Nuria Girona Fibla: “Al convertir un relato familiar en historia nacional, Piglia no oculta una imagen de la historia condicionada por las reglas del juego literario. Al hacer una historia de la Historia, la transforma en relato fundacional y evidencia de los contenidos previos que se imponen a la materia narrada, en un procedimiento analógico al que opera la literatura con sus materiales”.

Novela llena de referencias tanto a la realidad como a la realidad de la lectura, es un libro lleno de citas explícitas y veladas que van conformando el paisaje de la trama. En este punto es interesante recordar una pequeña polémica armada por el investigador Mussa Amar Majad cuando publicó el ensayo E. M. Cioran y Ben Amí Fihman: correspondencias en Respiración artificial en la revista digital Letralia el 21 de noviembre de 2005, en donde se ponen en evidencia las coincidencias entre las respuestas que el filósofo rumano concede al narrador venezolano, publicadas en el Papel Literario el 25 de marzo de 1979, y la transcripción de un diálogo entre Renzi y Tardewski en la novela del argentino.

Quizás sea Plata quemada (1997) la novela de Piglia que mejor se ata al canon tradicional de la narración.  

Quizás estas coincidencias no habrían sido tan notorias si nuestro investigador hubiese conocido el planteamiento de la profesora Nelly Álvarez cuando en 1996 nos dice: “La cita como procedimiento particular característico de la intertextualidad, defino la intertextualidad, de manera restrictiva, como una relación de copresencia entre dos o más textos. Su forma más explícita y literal es la práctica tradicional de la cita. Como podemos observar, en Respiración artificial la voz narrativa —o las voces narrativas— está citando constantemente hasta el punto de afirmar que sin citas no hay novela de Piglia”.

En 1992 aparece La ciudad ausente, otro artefacto narrativo lleno de citas y homenajes: “La ciudad ausente contiene varias fortunas —nos comenta Mauricio Molina—, la historia de un gaucho invisible, la de una mujer suicida en un hotel de provincia, pero sobre todo la historia, entre ficticia y real, de la muerte de Elena, la mujer de Macedonio Fernández, ese escritor secreto cuya obra profundamente moderna nos hace pensar en un Marcel Duchamp de la literatura. Elena es la Eterna, que al morir se convertirá en una máquina productora de relatos que la policía busca extirpar de la memoria colectiva. Porque, además, la novela de Piglia es una novela política, en su trama quedan implicados los desaparecidos, la tortura, el terror psicológico (infaltable en una sociedad que padece exceso de psicoanálisis) y la voluntad de olvido”.

Finalmente, quizás sea Plata quemada (1997) la novela de Piglia que mejor se ata al canon tradicional de la narración. Aquí se recrea un asalto bancario ocurrido en Buenos Aires en 1965 y reseñado por la prensa de la época, lo cual le sirve como pretexto a nuestro autor “para plantear una suerte de utopía anarquista, irónicamente identificada con un crimen violento y unos delincuentes marginales capaces de violar todas las reglas para abrirse paso en el mundo”, según nos reseña Pablo Gamba.

La concesión del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2011 a Blanco nocturno, de Ricardo Piglia, no vino sino a coronar el desarrollo de una narrativa laberíntica, refinada, hecha con una inteligencia capaz de retar la perspicacia de cualquier lector, como nos lo ha dejado entrever Piglia en una página de La ciudad ausente: “Un relato no es otra cosa que la reproducción del mundo a una escala puramente verbal. Una réplica de la vida, si la vida estuviera hecha sólo de palabras”.

Manuel Cabesa
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