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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Norberto José Olivar

• Sábado 25 de marzo de 2017
Norberto José Olivar
Olivar: “Si algo marca la literatura es la crisis”.

Esta entrevista fue realizada en 2014 en un hotel de la urbanización Los Palos Grandes, al este de Caracas, en donde Norberto José Olivar y su esposa se estaban hospedando, pues habían viajado a la capital por razones de trabajo de ella, quien labora para la Universidad Cecilio Acosta.

Olivar es un hombre no muy alto, diríamos que estatura media, delgado sin ser flaco, más bien fibroso. Para ese momento contaba cincuenta años muy bien disimulados, pues lo único que delataba la edad son las canas y las entradas en la frente. Es dueño de un enorme par de ojos de intensa e inquisitiva mirada que antes de emitir una palabra al respecto delató su signo zodiacal: Escorpio. Nos atrevemos a afirmar que Norberto José Olivar es un típico representante de su signo, la atmósfera que lo envuelve o que emana de él señala una personalidad densa, insondable, con muy fuertes corrientes submarinas cubiertas con un mar calmo y apacible, y embozado tras una bruma de misterio. Al preguntarle cómo se describiría, se limitó a decir: “Alguien que lee y escribe, y que intenta ser ciudadano y padre y esposo”, y así fueron todas sus respuestas a las preguntas que intentaron descubrir al ser humano.

He tratado de que se vea en los libros esa parte universal de que Maracaibo no es una cosa del otro mundo sino que es una ciudad como cualquiera.

Así que indagamos en el tema en que sí se explaya: la literatura. Sus planes, así como su filosofía de vida, son: escribir, escribir y escribir, como dice él mismo: “Hasta que el cuerpo aguante”. Para él la literatura siempre está en crisis. “Y si algo marca la literatura es la crisis. Los libros siempre nacen por alguna crisis. Ahora, crisis no es apocalipsis, no es el fin de nada, crisis es un replanteamiento de ideas básicas que uno siempre se hace, de formas de ver diferentes; entonces creo que en crisis siempre estamos. Insisto, si se toma por crisis que la literatura vaya a desaparecer, no lo creo”. Él siempre intentó que la literatura y su trabajo, si bien no son la misma cosa, al menos no se desvinculen tanto. Su trabajo es como profesor universitario, y afirma: “Mi trabajo es profesor, dar clases, y evidentemente termino haciendo un círculo que recicla una cosa con otra. Entonces desde el principio traté eso, de que lo que iba a ser la vida y la literatura en sí tuvieran cierta armonía”.

Olivar es un apasionado de los libros, de escribir y leer. Hablamos de su espiritualidad y nos dijo: “Yo vivo dentro de los libros prácticamente. Yo pudiera decir que muy amplio en ese sentido. Sí… A veces quiero creer que creo en cosas sobrenaturales pero después de revisarlo mucho termino creyendo que no creo”. Y ese no haber podido comprobar por sus propios medios la existencia de extraterrestres o de fantasmas es una de sus frustraciones, ¡y bien que los ha perseguido! Nos contó que cuando escribía la historia de vampiros —Un vampiro en Maracaibo, Alfaguara, 2008— supo de muchos cuentos de fantasmas y aparecidos; los persiguió todos, fue a los lugares pero jamás logró toparse con nada, siempre llegaba cuando ya todo había pasado, de hecho su gran dolor es: “Que no se me apareciera el fantasma de la Caballero” —El fantasma de la Caballero, Rojo y Negro, 2006; Santillana, 2015.

Norberto José Olivar
En sus ratos libres ve películas o sale con sus hijos y con su esposa.

No cree que para escribir haya que esperar que baje la musa —que llaman algunos— y le conceda la iluminación; para él la inspiración se construye con base en el trabajo, la práctica y la constancia. Puede que a veces haya más ánimo para hacerlo que otras, eso sí: “La inspiración, yo no creo en eso, creo que si inspiración llamamos un estado de ánimo adecuado para escribir, bien, pero no que hay que esperar que algo baje para que te impulse”. Por ello a la hora de explicar qué lo motiva o qué lo desmotiva para escribir no hay una respuesta concreta. La motivación para escribir o el deseo de hacerlo está dentro de él, es inherente a él, está tan dentro suyo que viene a ser casi como un apéndice físico. Aunque opina que la crisis siempre es un buen motivo para escribir, aclarando que cuando se entiende por crisis el replanteamiento de las cosas, de la manera de ver la vida. Para él el horizonte escritural no se acorta, varía: “Yo creo que la situación del país nos ha hecho, o nos ha obligado a un giro. A plantearnos formas nuevas de abordaje. Y eso alimenta desde las lecturas hasta los proyectos literarios propiamente. Yo he ido por lo menos pasando de una especie de historia a crónicas, a un… sumar a la historia y a las crónicas, además ciencia ficción y cosas un tanto góticas y misteriosas y cosas de esas”.

En muchas de sus historias Norberto José Olivar plantea los temas sobrenaturales, fantasmas, aparecidos, vampiros, etc., lo cual resulta muy novedoso e interesante. Novedoso en la forma de contarlo: todo sucede en Maracaibo, una ciudad tan cosmopolita y universal como cualquier otra. “Yo me propuse escribir una apreciación de mi espacio natural, que es la ciudad de Maracaibo que yo la veía muy igual a cualquier ciudad del mundo, entonces he tratado de que se vea en los libros esa parte universal de que Maracaibo no es una cosa del otro mundo sino que es una ciudad como cualquiera, con los mismos problemas y con los mismos sueños, los mismos miedos y todo eso. Eso es lo que he intentado siempre”.

Para ese momento estaba escribiendo un ensayo para la universidad y al terminarlo retomaba nuevamente su propio proyecto literario, que no lleva un orden específico o tiene meta planteada. “No hay fases previstas ni metas claras, sencillamente escribir y ya”. Le preguntamos su parecer en cuanto a ese decir de que la literatura es coto de una élite: “Sí y no. Élite en el sentido de que no todos escriben o de que no todos están llamados a las actividades de arte o cosas de esas, no. Entonces podemos hablar de una élite con las puertas abiertas, o sea, siempre hay alguien que ingresa, en ese sentido. No es una cosa masiva, aunque quizás el consumo pudiera ser masivo en algún momento su aspecto creativo no lo es, sin duda”.

Piensa que el amor y Dios son más incógnitas que certezas.

Le consultamos su parecer con respecto a la vida, los seres humanos y los sentimientos, a lo que nos dijo: “Bueno, yo creo que los escritores no hacemos otra cosa que pensar en eso. O sea… Cómo te digo… Son los grandes problemas de todos los días. Lidiar con nosotros mismos, nuestro lado oscuro, nuestro lado luminoso; lidiar con esos mismos lados en la gente que nos rodea. Es un asunto bien complejo… Quizás eso es lo que nos lleva a escribir. Tratar de entender o darles una versión, darle sentido a esos aspectos que como el amor, y como Dios y como todo eso son incógnitas. Ahora, también el mismo esfuerzo de escribir y de leer sobre esas mismas preguntas; hemos aprendido a vivir sin ninguna respuesta, o sea, también hay que aprender que esas cosas no tienen ninguna respuesta clara, entonces la incertidumbre termina siendo algo normal también. Y con lo que hay que aprender a lidiar sin ningún problema, sin crisis, sin estrés, sin melodrama, o sea, están allí y listo”. Intentamos de nuevo husmear en su intimidad, le preguntamos sobre sus gustos, a lo que dijo que su bebida favorita es el whisky, su color el verde, la ciudad a la que le gustaría volver París, el lugar de sus sueños un buen libro. Y todo respondido así: breve, conciso. Dijo oír todo tipo de música desde Bob Dylan y Eric Clapton pasando por Joan Manuel Serrat y Sabina y llegando a la Billo’s; ya no baila mucho pues las discotecas le parecen peligrosísimas y la gente ya no hace fiestas bailables. En sus ratos libres, luego del trabajo y la literatura, “veo películas y ando con los muchachos y con mi esposa”. Y los domingos los dedica a “La Billo’s, bañar a la perra, limpiar la casa, etc., ¡y luego leer periódico!”.

Intentamos nuevamente husmear en su vida, le pedimos que nos contara sobre su familia, cómo son desde su punto de vista: “Como cualquier otra. Una familia muy literaria quizás. Muy dada al arte, digamos, a vivir en ese mundo del imaginario de la ficción, del juego, del cine, de la misma música”. Insistimos y le preguntamos sobre su infancia y sólo dijo que fue muy feliz, así que en definitiva no pudimos saber mayor cosa sobre él y su vida. Un hombre hermético que deslinda muy bien su vida privada de su vida pública como escritor, un hombre que con mucho tacto y amabilidad resguarda su intimidad tenazmente.

Por último quisimos saber qué piensa del amor y de Dios, y nos dijo que piensa que ambos resultan ser más incógnitas que certezas, y como dice en su libro El polvo de los muertos (Alfaguara, 2013), que no se joroba pensando en eso.

Norberto José Olivar
“La situación del país nos ha obligado a un giro”.
Ana Berta López

Ana Berta López

Fotógrafa y actriz venezolana (Caracas, 1963). Cursó estudios en el Taller de Actuación Luz Columba, de Nelson Ortega, en 1986, y en 1990 cursó el Ciclo Básico de Arte Dramático en el IFAd y el Taller de Elaboración de Libretos para TV con Mariela Romero. Al llegar a San Cristóbal, Táchira, donde reside actualmente, tomó el Taller de Actuación para Cine y TV con Miguel Ponce, en 1998. En teatro hizo la obra Avenida Lecuna, con el grupo Arriba El Telón, en 1989, mientras en televisión se desempeñó en Radio Caracas Televisión como actriz destajista en varios programas tales como Selva María, Señora, Abigaíl, Mi Amada Beatriz y otros. Desde 1997 ha trabajado como docente independiente de actuación en la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Táchira, la Unidad Educativa Bolivariana Páramo de La Laja y el Colegio Don Bosco, entre otros entes. Como fotógrafa cursó los talleres “Fotografía y cultura popular”, dictado por Mariano Díaz, y “Revelado y copiado blanco y negro”, con Gustavo Carmona, ambos en la Fototeca del Táchira. Ha presentado sus trabajos en la exposición colectiva “Creadores del hecho fotográfico”, en la Fototeca del Táchira (2004), y en las individuales “Capturando egos”, en la Casa Steinvorth (1999), “Ojos de miles miradas”, en la Fototeca del Táchira (2004), “Aunque sean tonterías, ¡escríbeme!”, en el Consulado de Venezuela en Cúcuta y en el Ateneo del Táchira (agosto y noviembre de 2005), “¡A escena!”, en la Casa Sindical San Cristóbal (2006), y “Aquel lugar secreto...”, en la Casa Steinvorth (2008).

Sus textos publicados antes de 2015
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Ciudad Letralia: Anagrafías
Ana Berta López

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