
La primera vez que lo vi y que lo fotografié fue el año 2006 en la Biblioteca Julio Pérez Ferrero de la ciudad de Cúcuta, Colombia, cuando coincidieron en el espacio-tiempo el Encuentro Binacional de Escritores de Colombia y Venezuela, del cual estaba yo haciendo registro gráfico, y la Fiesta del Libro de Cúcuta, a la que él estaba invitado. Fue algo muy breve que sólo alcanzó para hacerle las fotos, pero en esos pocos momentos lo percibí como alguien cortés, amable, accesible pero distante, muy en su mundo particular. Lo vuelvo a encontrar en el año 2022 de nuevo en la Fiesta del Libro y esta vez sí hubo oportunidad de entrevistarlo, y corroboré la previa impresión; si bien es cierto que todos tenemos nuestro mundo propio, no en todos es tan palpable como en el caso de William Ospina, porque repito: es amable, cortés, accesible pero distante, se puede percibir su distanciamiento del entorno. Se asoma, habla, comparte, pero no te permite entrar en su espacio, en su intimidad, y esa cualidad no es tan ostensible en todo el mundo. Esto también puede apreciarse en lo conciso y breve de sus respuestas.
No se atreve a afirmar que tenga alguna filosofía de vida, para él la vida es básicamente un misterio y un milagro; por tanto, trata de aprovechar el tiempo, de descubrir la mejor manera de comportarse. De sus respuestas se desprende que de alguna manera vive en el aquí y en el ahora, pues entre otras cosas dijo no tener planes; de hecho nos dijo que no piensa en esas cosas, pues su presente lo llena por completo. “No me preocupo mucho por ese mañana o dentro de un mes. Me siento satisfecho con las cosas que hago”. Para Ospina vida y trabajo son prácticamente la misma cosa: “Yo dedico la mayor parte del tiempo a mis actividades literarias o a alimentarlas con viajes, con conversaciones, con lecturas, pero trato de no vivir dos vidas distintas”. Asume que permanentemente está escribiendo y en ese momento tenía muchos proyectos literarios escritos: “Pero no los vivo como planes sino como deseos; a veces me entusiasmo con uno y entonces me aplico a eso. Estoy terminando una novela sobre el viaje del Barón de Humboldt por América”.

Como todo pisciano es denso y complejo, la misma “simplicidad” de sus respuestas lo demuestra. Un ejemplo perfecto de esto que digo fue su respuesta al preguntarle cómo se describiría: “No puedo hacerlo... no me veo desde afuera, no. Y desde adentro uno es de alguna manera todas las cosas”. O cuando afirma: “Si uno pudiera dar una opinión de la vida estaría perdido”. Y cuando aseguró que la parte que más le gusta de su cuerpo es el espíritu, añadió: “No, no tengo derecho a que alguna parte de mi cuerpo no me guste”. Quisimos saber de su familia y su infancia, a la primera la describió como “Grande. Alegre. Viajera y amorosa”, y a la segunda respondió con una interrogante: “¿Tengo que asumir que ya terminó?”. Si tuviese la oportunidad de hacer otra cosa sería músico o pintor y sin duda alguna le gustaría ser mucho más viajero de lo que ya es. No baila pero le gustan las canciones tradicionales del mundo. Dice no tener una comida favorita, pues afirma: “Cuando hay hambre, la que haya”. Le gusta el olor a sándalo, el color rojo, su domingo es igual al miércoles, le gustaría volver a la India, Venecia y Moldavia. Le duele la violencia colombiana y al pedirle que nos contara una grata anécdota se negó explicando: “Pues porque me tendría que acordar de tantas cosas y no me brota en este momento ninguna y no me gusta hacer esfuerzos más allá de lo indispensable”. Dios le parece algo necesario y no sabe cómo es su aspecto espiritual...
Volviendo al tema literario le preguntamos su parecer sobre si la musa inspiradora viene o se fabrica, y esto respondió: “Yo creo que ambas cosas, pero uno tiene que permitir que se cumplan esos ciclos de los que uno no es consciente, tarde o temprano las voces aparecen”. Considera que la poesía es patrimonio común de la humanidad y añade: “Las élites son las que menos entienden de poesía”. Podemos decir que sus motivaciones para escribir son la vida y sus bemoles, al menos eso entendemos de su respuesta cuando lo interrogamos al respecto: “A mí me gusta vivir, a mí me gusta pensar, me gusta soñar, me gusta sentir. Si uno fuera verdaderamente poeta no habría instante que no le pareciera poético”.
Obviamente esta ha sido de las Anagrafías más difíciles de redactar por lo escueto de las respuestas. En todo caso, me quedo con su descripción del amor: “El amor es un milagro que ocurre pocas veces pero que cuando ocurre marca la vida para siempre”.

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