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Alejandro Bruzual

viernes 10 de octubre de 2025
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Alejandro Bruzual
Bruzual: “Yo todos los días escribo algo, es raro pero yo no puedo entender el día sin escribir algo”. En la gráfica, acompañado por la autora de esta entrevista.

A Alejandro Bruzual lo conocí hace varios años cuando visitó San Cristóbal y por invitación de las hijas del poeta Pedro Pablo Paredes estuvo en el Ateneo del Táchira leyendo su poesía. Recuerdo que al terminar la lectura lo llevamos, como tantas veces al salir de un evento, al bar de los negros a oír salsa y compartir unas cervezas. En ese momento algo que me llamó mucho la atención de él fue la alegría que emanaba de sus ojos, alegría pura y simple, alegría de estar vivo, alegría de estar, así como una energía muy grata que emanaba de él. Tiempo después volvió junto a otros poetas a leer sus textos, invitados todos por el Ateneo del Táchira. Desde esa primera vez quería entrevistarlo, pero le perdí la pista y no tenía cómo comunicarme con él; además, desde que me modernicé con la tecnología hago las entrevistas en video (porque es más espontánea y además también por aquello de guardar la memoria de la historia cultural de mi tiempo) y resulta que en julio de 2023 tuve que viajar a Caracas; justo coincidió con el Festival Mundial de Poesía y en una de las actividades que se realizaron en el Centro Rómulo Gallegos ¡me encuentro a Alejandro Bruzual! Por supuesto no perdí la oportunidad, le solicité la entrevista, concertamos la cita y aquí les cuento lo que descubrí ese día de la persona que es Alejandro Bruzual.

Yo hago dos cosas bien; sabes, en ambos casos soy monotemático, es decir, tengo dos áreas monotemáticas: la literatura y la música.

Lo primero que debo decir es que es un hombre sumamente culto y por partida doble. ¿Cómo es eso? Bueno, porque es muy leído, ya que es un investigador, pero también es un hombre que ha viajado muchísimo guiado por el afán de saber y conocer, además de experimentar y aventurar, sumatoria que lo convierte en un hombre muy culto, con una vastísima variedad de temas para mantener una conversación larga, fluida y muy interesante. Dicho lo anterior empecemos por hablar de lo que eran sus planes para ese momento de mediados de 2023. Nos contó: “Acabo de terminar un libro, un libro largo y extenso que me llevó muchos años tanto de investigación como de escritura, sobre Enrique Bernardo Núñez. Lo terminé hace menos de un mes, es decir, puse un punto final. Ahora viene el proceso de reelaboración, de corrección. Pero hubo un punto final, ya sé que ese es el libro. Eso es en el campo de la literatura. En el campo de la música —yo hago dos cosas bien; sabes, en ambos casos soy monotemático, es decir, tengo dos áreas monotemáticas— me he dedicado a temas que tienen que ver con la guitarra y está a punto de salir un libro sobre la guitarra popular en Venezuela que también tomó mucho tiempo. Y estoy comenzando, ahorita estoy ordenando los materiales, un libro sobre la guitarra latinoamericana, puesto que de alguna manera agoté todos los temas que tienen verdadera relevancia en la guitarra en Venezuela, entonces voy hacia eso que es un proyecto largo. En el caso de la literatura, como te dije, después de quince años trabajando a Núñez y cinco años escribiendo el libro, ya lo cerré, entonces estoy planteándome nuevos temas que tienen que ver un poco con la misma época, que es alrededor de los años treinta, y en lo cual me he concentrado. Luego de dos finales empezando dos proyectos”.

Alejandro está entregado en cuerpo y alma a dos vertientes del arte, la música y la poesía, y en ambas se ha destacado de forma importante, siendo un nombre referencial en cada especialidad. Indagamos su parecer en cuanto a si se acorta o no su camino intelectual y nos respondió: “Bueno, creo que he logrado concretar obra, o sea, tanto en mi aspecto poético, tengo siete libros, en la música tengo no sé, diez, doce libros, y en lo que son temas culturales, literarios, otro tanto. Yo creo que he hecho algo, he convertido mi tiempo en obra. Entonces claro, ver hacia adelante es consecuencia de... Hacer estos nuevos proyectos que te estoy diciendo, que los hago, yo soy persona que cumple sus metas. Me las planteo como metas y espero lograrlas. Tengo un poquito de angustia: ya estuve enfermo de Covid-19, casi me muero; entonces me di cuenta de la fragilidad. Si yo dejo incompletos estos proyectos, como el de Núñez, faltando muy poco para el final, todo ese largo camino se hubiese perdido. Entonces, claro, los grandes proyectos me dan un poquito de angustia con respecto a eso, pero no les tengo miedo a los proyectos grandes, ya he hecho proyectos grandes. El de la guitarra es uno, el de la académica, ahora este de la guitarra popular, de la guitarra en Latinoamérica, es más complejo. Ese lo voy a trabajar en función a los materiales que hay. Sorprendentemente en Latinoamérica hay muy pocos trabajos equivalentes; es decir, las historias nacionales en este campo no han sido escritas en casi ningún país de Latinoamérica a pesar de que tenemos países con medios guitarrísticos muy poderosos. Brasil es poderoso, México, sobre todo Argentina, entonces eso pide un poco el que uno pueda atravesar de preguntas la historia colectiva. Es un poco difícil, pero bueno, yo voy a intentar llevarlo adelante. Hasta ahí llego, no sé después qué va a pasar”.

Alejandro es minucioso al hablar; como buen investigador, junta los detalles para explicar con exactitud la respuesta a cada cosa que le pregunto. Esta vez le inquiero sobre ese fenómeno de la creación que es la llamada musa inspiradora, si cree que se fabrica o viene sola: “Un poco ambas —nos dijo—. Uno no puede decir que está siempre con la misma disposición. Ahora, como te dije antes yo soy un trabajador constante, yo tengo un ratico y me siento. Todos los días escribo, absolutamente todos los días. Puede ser que un día escriba menos, o que escriba algo y después me quede leyendo todo el día o viendo películas. Yo todos los días escribo algo, es raro pero yo no puedo entender el día sin escribir algo, avanzo. Como mis proyectos son muy lentos, yo soy una persona de otro tiempo, mis trabajos son lentos. Yo no estoy simplemente transmitiendo información, yo estoy tratando de procesarla, estoy intentando reelaborarla, estoy intentando escribir. Entonces mi problema no es un problema de inmediatez; requiere de mucho tiempo y mucha reelaboración. Por supuesto la musa a veces ayuda; en el caso de la poesía yo no soy una persona que reúne poemas para escribir un libro sino que yo de una u otra manera escribo, de vez en cuando, cuando siento la motivación. En diversos momentos de mi vida he encontrado que un poema ha llamado un libro, y cuando eso ha sucedido quizás allí está la musa inspiradora que mencionas. Cuando eso ha sucedido, desde esos poemas he desarrollado un libro. Mis libros, creo yo, tienen un sentido formal, un sentido de unidad, por eso, porque no son una recopilación de poemas escritos en equis número de meses o de días o de tiempo, sino que es una idea que produce algo más, un sentido mayor al del poema; entonces quizás eso está vinculado con la musa pero después viene el trabajo, porque el primer poema o el primer verso lo regalan las musas, después hay que hacer el poema, después hay que hacer los otros poemas y después hay que hacer el poemario que tenga un sentido, que tenga una territorialidad de la experiencia poética, ¡y eso es trabajo! Es un trabajo distinto del trabajo que sirve para comer... Es un trabajo en sentido de elaboración, de algo artesanal, de luchar con la expresión. La palabra es así, yo no entiendo, constantemente estoy cambiando el tiempo, los órdenes de la frase, de la sintaxis, metiéndome mucho en la sintaxis. Pienso mucho la parte formal previa a la elaboración de los libros de investigación; es decir, hay trabajo, tareas específicas para las cuales no hay pero ni un momento propicio. Lo hago y voy adelante, pero tengo que reconocer que hay momentos definitivamente más fluidos, más generosos con las ideas y con lo que se produce. Por supuesto es parte y parte”. Alejandro no separa en partes inconexas su vida y su trabajo, y no lo hace porque su trabajo es su pasión, y la pasión atraviesa su vida; podríamos afirmar por tanto que su trabajo es su vida y viceversa.

Alejandro Bruzual
Bruzual: “El hecho de que yo trabaje en temas que son nuestros, venezolanos, forma parte quizás de una visión; no sé si de una filosofía, pero sí de una visión”.

Como todo artista Alejandro es un hombre sensible, pero la suya podemos describirla como una sensibilidad sencilla aunque densa, una sensibilidad de la que no alardea ni hace exhibición, simplemente está allí y vive con ella y a través de ella. Hablando sobre el lugar de sus sueños nos dijo: “Yo creo que no sueño con lugares, sueño con otras cosas pero no con lugares. Y es un poco lo que he venido hablando. Me siento satisfecho con lo que hago y me siento satisfecho con lo que he logrado por el esfuerzo, es producto de un esfuerzo. Entonces el lugar del futuro, el lugar soñado, es el lugar en el cual mis proyectos se realizan. Yo de muchacho, a los veinte años, me fui con mi guitarra, tocaba en las calles. Recorrí Europa, estuve un año, después tres años más. Tocando en las calles, pequeñitos conciertos, cosas así, viví de eso. Eso me permitió conocer muchísimos lugares de Europa —sobre todo de Europa, también estuve en Egipto— y, claro, tengo sitios que recuerdo con muchísima intensidad y que fueron profundamente importantes para..., bueno, para el personaje que yo me inventé. Pero no son lugares; o sea, me encantaría volver, pero no son lugares que sean EL lugar de mi vida, fueron lugares fundamentales. No es el lugar con el cual sueño porque son lugares que ya me pertenecen, me atraviesan la Alhambra en Granada, las cuevas de Altamira, donde pude entrar a las cuevas originales. Ravena, lleno de murales bizantinos. Castel del Monte, en Puglia, que es una especie de castillo que no se sabe qué es lo que fue... Son lugares que me gustaron muchísimo y que realmente tuvieron mucha importancia para mí. Irlanda me encantó, fui a muchísimas ruinas prehistóricas, monolitos, dólmenes, o sea, tengo muchos lugares, en Portugal hay unos muy hermosos. Fui a muchos lugares que quedan en mí y que de alguna u otra manera constituyen mi experiencia cultural, mi experiencia vital, pero no los planteo hacia el futuro, me encantaría volver como digamos para reconocerlos. O por ejemplo las catedrales, sobre todo, más que las catedrales, las iglesias románicas. Yo siento que algo en mí les pertenece, algo mío está ahí en los claustros, siento yo; cuando entro en esas catedrales no quisiera salir, me quiero quedar, necesito tiempo, me gusta estar solo ahí. No en la iglesia en sí, aunque en esas iglesias pequeñas la religiosidad parecía sincera. En esas iglesias pequeñas hay un misticismo... No, ni siquiera un misticismo, un sentimiento religioso profundo que está en las paredes, que está en las estructuras, que está en el espacio, en los claustros. Yo creo que yo fui un monje del siglo XIII, del 1200, seguramente era un monje un..., que se iban a parrandear y tomar, pero bueno, no importa, un monje que seguramente cuidaba las plantas de un claustro, yo me siento que ahí fui en algún momento, en otra vida”.

Un hombre con conceptos muy definidos que no teme, como buen sagitariano que es, llamar las cosas por su nombre y asumir frontalmente las cosas que siente y como las siente. Para él la vida hay que vivirla apasionadamente y, aunque suene redundante, hay que tener una pasión que guíe la vida; la de él es lo que hace: la investigación musical y literaria. “El hecho de que yo trabaje en temas que son nuestros, venezolanos, forma parte quizás de una visión; no sé si de una filosofía, pero sí de una visión. Yo trabajo temas venezolanos, yo trabajo nuestras tradiciones. Enrique Bernardo Núñez es un personaje muy importante de Venezuela, a contracorriente como soy yo, quizás por eso me siento muy identificado con él, un personaje bastante complejo, difícil. Y en la guitarra, yo había estudiado guitarra, entonces es algo que me atraviesa. Me dediqué a los grandes maestros, les fui fiel a los grandes maestros. Luego, he ido armando estas historias. En el caso de la guitarra popular no es propiamente una historia, es una visión histórica, no tiene instrumental de nada, ni es histórica porque los materiales no lo permiten, pero son como visiones de conjunto. Entonces mi tema es Venezuela, es mi visión de alguna manera como intelectual, como escritor; es Venezuela, si eso se puede llamar una filosofía”.

Pero a veces las circunstancias que rodean a las personas hacen presión para que esos sueños apasionados no se logren, depende ya de la porfía del individuo lograrlo o no; a eso se refirió Bruzual cuando hablamos sobre sus motivaciones para crear: “En los países industrializados, los países grandes y poderosos, hay motivaciones. Esas motivaciones se consiguen con relativa, vamos a decir, objetividad; es decir, que si tú cumples con ciertos procedimientos logras respaldo. Creo que en Venezuela, más en este momento tan duro que estamos viviendo, o no es sólo este momento, de hace mucho tiempo, y en Latinoamérica, los incentivos son para que no hagas. Tenemos desmotivaciones y no motivaciones. Realmente hacer arte, hacer investigación, investigación de lo nuestro, soy venezolano y trabajo sobre Antonio Lauro, que es venezolano, y lo hago aquí en Venezuela. Yo no me siento insatisfecho, pero no sería justo, o no, la palabra no es justo, no sería correcto decir que yo tuve motivaciones para hacerlo; la motivación nació de mi propia experiencia con la música, con Lauro, con la guitarra, etc. Es decir, el medio pareciera desmotivarnos, no motivarnos a hacer. ¿Cuáles son las motivaciones? El esfuerzo de los demás, el esfuerzo del maestro, el esfuerzo de los compañeros, el esfuerzo de quienes nos han guiado o quienes nos sirven; el otro día lo hablábamos de Gustavo Pereira, ¿verdad?, lo podría decir también por supuesto de la música o los personajes a los cuales les he dedicado tiempo, mi trabajo y mis libros. Son modelos de comportamiento como venezolanos, como latinoamericanos, como artistas. Son una motivación, pero yo creo que el objetivo de, bueno, tenemos un Ministerio de la Cultura, tenemos organismos culturales, tenemos fundaciones que se supone que apoyan la cultura, que deberían dar es motivación, y son motivaciones no solamente morales, que también son importantes, pero motivaciones que uno tiene que tener si intenta vivir de esto; uno le dedica muchísimo tiempo a esto y esto no está correspondido por la sociedad, y es una sociedad que de una u otra manera tendría que estar en el campo de la promoción cultural en manos, yo sí creo, del Estado, y creo que el Estado hace en realidad muy poco”.

Percibo en él un hombre complicado luchando por simplificar su ser cada día más; a veces habrá de lograrlo, otras no, pero en todo caso esta sensación le otorga un plus a su atractivo personal. “Creo que hay que volver a la experiencia, a vivir las cosas como experiencia; te decía que era pasión, sí, la pasión como experiencia. La pasión desgasta, la experiencia desgasta. La información pasa por encima, vivimos el momento de la inmediatez. Entonces claro que sí, creo que estamos, creo que por eso me he hecho viejo y me siento incluso viejo ante lo que viene y lo que se muestra y lo que importa hoy en día; prefiero entonces lo que teníamos antes”, comenta.

Si la vida hubiese sido otra le habría gustado ser cineasta, y en esta vida lo pensó y se lo planteó, pero en lo que llama él tarde, cuando ya había hecho varios cambios consecutivos un tanto radicales. “A mí me gusta mucho el cine y tengo libros también de cine, artículos sobre cine que me los publicó la Cinemateca Nacional, premio Cinemateca Nacional. Quise hacer en algún momento determinado algo de crítica, me gusta la crítica cinematográfica; entonces a veces vuelvo a ver películas, a veces veo películas nuevas también, claro, pero me gusta volver a ciertos autores y a ciertas películas y a ciertas cosas... Cuando tengo tiempo libre, que generalmente no lo tengo porque estoy dedicado absolutamente a lo que hago; bueno, hago esto, me gusta el cine, me gusta”.

Se define como un ateo militante, que no cree en Dios y que por tanto no le crea problemas. No baila pero confiesa que la única vez que bailó con cierta eficiencia fue samba en Río de Janeiro, sus acompañantes se sorprendieron al verlo pues nadie supo qué lo poseyó, ¡pero bailó samba! Su formación musical es clásica académica, oye música latinoamericana, pero su favorita, la que ama, es el jazz en todas sus formas. Bruzual asume su condición de ser físico con absoluta sencillez y naturalidad, y sin ningún empacho reconoce abiertamente que le gusta comer y beber, siente el placer de la comida y eso lo ha llevado a cocinar desde que vive solo, lo cual además disfruta y tiene una variedad de platillos con los que se luce, de hecho tiene su personal versión de las tradicionales hallacas venezolanas, resultado de la receta de su bisabuelo heredada de su abuela, con el toque de su padre y finalmente con la propia intervención que Bruzual le ha hecho, y agrega: “Creo que la hallaca es uno de los platos más sofisticados de toda Latinoamérica y lo creo sinceramente. No toda la comida venezolana tiene, obviamente, ese grado de sofisticación. La hallaca claro que es uno de mis platos preferidos pero sobre todo lo siento con orgullo como cocinero más que como comensal”. Y en cuanto a la bebida nos dice: “Yo soy un tomador, yo tomo. A mí me gusta tomar, no le tengo miedo, creo que la vida me ha ido enseñando a controlarlo, puedo beber con mayor control, puedo beberme perfectamente una botella de vino, media caja de cerveza o una botella de ron; es decir, no le tengo miedo a las bebidas y un poco como te dije en otros temas, no tengo una bebida preferida”. Un absoluto sibarita.

Un hombre interesante por demás, que ha sabido tomar de la vida lo que ésta le ha ofrecido y con ello ha creado su mundo personal. Un hombre que sabe ser él mismo, sin poses ni subterfugios. Cerramos con esta frase suya: “La vida es una oportunidad. Yo creo que hay que tener pasiones en la vida, que la vida se construye con pasión. Creo que hay que tener compromisos. El aceptar cualquier cosa creo que no es vivir, creo que la vida es algo más que el instante; creo que es necesario hacer proyectos, mi hija dice que es una cosa productivista pero yo creo que hay que transformar el tiempo en obra y que los talentos y las virtudes que nos ha dado, no sé, la naturaleza, generan no un derecho sino un deber; o sea, con lo que te fue dado debes hacer algo y dárselo de alguna manera a los demás. No es que agarre mis cosas para los demás, pero mis libros están destinados a los lectores, a consolidar el medio guitarrístico, que en el que me he desenvuelto; es decir, que la vida es también una transformación de lo que uno recibió en lo que uno da a la vida de los otros, a la vida que somos todos, y creo, y ese es mi mensaje con mi niña, siempre que transforme, y si tiene dones, ella los tiene como todos los tenemos, y lo logra reconocer, eso te da un deber. Eso no es simplemente un regalo que te dio la naturaleza para que tú hagas lo que te dé la gana, sino que es un deber que uno tiene que convertirlo en algo para los demás, en el sentido de vida, en la vida que somos todos”.

Ana Berta López
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