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Unas palabras sobre Los poemas ciegos: borgeanas, de Alberto Hernández

sábado 14 de noviembre de 2020
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Paisajes anímicos que anudan los extremos para no desviar la virtualidad del pensamiento. En ellos buscamos las pistas significativas de esta profunda orfebrería lirica que nos entrega el poeta venezolano Alberto Hernández en su obra Los poemas ciegos: borgeanas.

¿Qué poder logra que la palabra nos arrastre, tras su tono ascendente, en medio de la sonoridad profunda del lenguaje que caracteriza el poemario?, cuando:

El poema se orilla y continúa
Su porfiada llovizna.

“Los poemas ciegos: borgeanas”, de Alberto Hernández
Los poemas ciegos: borgeanas, de Alberto Hernández Disponible en la web de la editorial

La musicalidad oscura que embarga los versos sobrepasa, a momentos, la línea del lenguaje poético para convertirse en un río que, en su largo recorrido, recoge flores, arrastra escombros y baña las costas de la Venezuela destruida que Borges contempla sentado en su nicho inmortal.

Alberto habla desde las formas de su lírica. Mientras construye el lenguaje oscurece el aire que cimienta la palabra. Maravillosos versos hernandianos cuyos andamios se sostienen, se buscan y se encuentran tras nuevos significados. Así el poeta consolida, con sus borgeanas, lo absoluto de su presencia lírica, escondida tras la potencialidad del lenguaje.

Borgeanas, sí, porque, como dice el escritor y crítico literario José Pulido en el prólogo al poemario: “Leerlas desata la sensibilidad que involucra la inmediata participación del corazón, de los sentimientos y del mecanismo existencial”.

A momentos expresa, con la palabra ansiosa, indignada, no poder sofocar la soledad, el aislamiento que le provoca:

Una terca neblina luminosa
o lo más difícil
para un poeta
la hora sin metáfora.

El poemario es un magnifico homenaje a Jorge Luis Borges, sobre quien Hernández dice:

La ceguera sucumbe frente al verso
el poema le asigna a su pupila
el alfabeto entero
todo el alfabeto y sus pronósticos.

Recordar a Borges es conocerlo y soñarlo, aunque mucho se pierde entre los sueños de este viaje onírico, caminar entre ellos es una aventura donde lo cotidiano se convierte en duradero. Las palabras se buscan y encuentran en el destino común de las borgeanas. Un poemario que (copio palabras de Jacques Le Goff) “no se puede cortar en rebanadas” porque se trata de un todo que el oído sensible de Borges debe estar oyendo desde el más allá de los poetas.

En ese ámbito pleno de sonidos y significados, estos poemas de Alberto Hernández estarán llenando espacios y afectos con la proximidad de la presencia del gran poeta argentino.

Julia Elena Rial
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