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Del poemario inédito Partitura de otoño, de Ulises Varsovia

miércoles 18 de noviembre de 2015

Prontuario

Tenebrosos días equinocciales
poniendo sitio a mi casa perdida
en la latitud del oso y la lechuza,
habitada por una poderosa
voluntad de ser y no extinguirme
en la ímproba hazaña de lo humano,
de lo indefinible interrogándose.

Un singular ejercicio óntico
el que mi persona, toda conmovida
por el galope de obscuros jinetes
pasando frente a mi ventana
con sus rehenes de soplo y disturbio,
de indisolubles nudos de mi memoria.

Al mediodía de los destinos,
la larga sombra de los implicados
proyectándose sobre el convicto,
y un dedo de jurisprudencia
dirigido a todos nosotros,
los que convocados y los ausentes.

Amado habitante de ti mismo,
el que contigo su itinerario
de rotas amarras y abordajes,
aquél que su escabroso prontuario
de ave rapaz por la ley asediada,
ya no más su argumento de sombras,
ya no más su vital coartada.

En tu tenebroso domicilio
más allá de la jurisdicción
de tus infatigables fantasmas,
un juez encapuchado abriendo
tu prontuario de ónticas vilezas
perpetradas por alguno de vosotros,
y tu férrea voluntad erguida
aun en la muerte, frente a tantos dedos.

 

Vaga idea

Solamente una vaga idea,
apenas una ligera intuición
de su forma y de su volumen
perfilándose entre mis dedos,
paralelamente a los impulsos
desprendiéndose de mi psiquis.

Tal vez no llegarás a puerto,
tal vez no alcanzarás la orilla
donde ansiosamente me espero
desde hace décadas y siglos,
con un espejo inconmovible
e indubitables fotografías
de alguien idéntico a mí mismo.

Por el tembloroso lineamiento
aparecen ya ciertas pistas,
asoma el nebuloso perfil
de una figura de ambiguos rasgos
luchando por abrirse paso
a través de su brumosa amnesia,
desconcertada ante una imagen
cuya realidad quiso olvidar
sumergiéndose en la tiniebla.

No lleves a cabo esta búsqueda,
no reconstruyas tu errante efigie
a partir de las referencias
de tu otro yo precipitado
en su abismo de almas perdidas.

Por la trémula caligrafía
una imagen luce y se apaga,
un perfil asoma y se esconde,
viejas fotografías sollozan
emborronando la figura
de alguien idéntico a ti mismo.

 

Pirotecnia

Anonadado el caminante
en la pirotecnia vegetal
del otoño en fuego encendido,
flamante su regia vestidura,
exhibiendo todos sus registros.

Amo cada uno de tus vástagos,
de tus hojas en fuego repujadas,
torrencial señor colorido
de pigmentos terrestres subiendo
por tus poderosas raíces,

amo tu espectáculo soberbio
de crepusculares antorchas,
llameando incombustiblemente
en el día gris con tus atuendos
de dignatario de la flora augusta,

y amo la muerte insostenible
que sube a tus ramas y precipita
a tus retoños en el abismo,

en el abismo donde la muerte
eleva otra vez a sus caídos.

 

Fantasmagoría

En la fantasmagórica urdimbre
de seres de esperpéntica catadura
apareciendo en el entrevero
del telón de fondo de noviembre.

Subid todos al escenario,
espectadores difuminados
para el gran teatro de lo grotesco,
pasad a escena en el claroscuro
de nuestra irreal irrealidad,
de las máscaras existenciales
de los personajes innombrables
jugando su rol sin rostro ni nombre.

En las mascaradas de noviembre,
la vida un carnaval de sombras
interpretando su íntimo papel
en el reverso del teatro diario,
vívido, auténtico y espontáneo.

Pero pasad, pasad a escena,
quitaos vuestra diaria máscara
y enseñad la máscara real,
la de la diáfana mascarada.

Que noviembre la fantasmagoría,
y en su red de nebulosa urdimbre
todos nosotros atrapados,
todos jugando su auténtico rol
debajo del nombre y de la máscara.

 

Partita

Acaso para perpetuarse
que mis letras insistentemente
clavándose en el pentagrama,
en el orden que una partita
de efluvios azules sonando
su lentísima melodía,
cuando las hojas desplomándose
a tierra atadas a la gravedad
de ineludibles leyes silvestres,

acaso para continuarse
en la partitura de los ciclos
naturales, girando a través
de las generaciones foliáceas,
emitiendo sus notas húmedas
de la intemperie acústica,
de la intemperie con cuchillos
y cadáveres revoloteando
al compás de la danza de la muerte.

Allí clavadas, pues, vacilantes,
a la espera de un violín intacto
que sus grafemas de memoria,
que sus cuerdas la melodía
de un bardo entretejiendo letras

acaso para perpetuarse,
acaso para dejar sonando
su interior cuando los cuchillos
las letales leyes silvestres.

 

Pasos

Silenciosos pasos
de alguien que en puntillas
merodeando en mi interior,
a mediados del otoño.

¿Quién eres, extraño ser
tan parecido a mí,
tan parecido a nadie,
con tu faz sumergida
en niebla y amnesia?

Afuera el viento rapaz,
afuera las hojas tristes
pidiendo asilo en tierra,
huyendo hacia la muerte.

¿Eres acaso, di,
aquel que en mi infancia
poblaba mis noches
de una presencia gris?

¿O el que en mi adolescencia
susurraba quedo
en mi angustiado sueño,
en la noche vertical?

Afuera el leve silbido
del viento depredador,
arrebatando vidas
de una enferma población,

y adentro el débil rumor
de alguien que insistente
rondando a faz velada,
a faz de niebla y amnesia.

Alguien parecido a mí,
alguien parecido a nadie.

 

Danza macabra

Ya profundamente sumergido
en la peculiar sonambularia
de las tardes de luna llena,
cuando el cielo una densa maraña
de nubes espesamente grises,
espesamente color ultratumba,
filtrando la luz selenita.

De ultratumba también las figuras
grotescas que en el aire turbio
su esperpéntica danza macabra,
contorsionando sus contrahechos
cuerpos de sombra y de ceniza,
como aviesos espíritus salidos
de las tumbas de los cementerios.

En la espesura sonambular
de lo más recio del otoño,
nosotros en viaje por una
visión de esperpénticos seres,
en viaje por el tardío atardecer
al interior del maduro noviembre,
cuando rachas sombrías por el cielo
y la luna cruzada de ráfagas.

Llegaremos a casa extenuados,
tembloroso el corazón de espanto,
y del sueño emergerán figuras
esperpénticas gesticulando,
contorsionando sus contrahechos
cuerpos en una danza macabra.

 

Visión

Ciego en la más desoladora
visión que haya visto el ojo humano,
árboles desnudos como espectros,
ateridos de frío en la humedad
extrema del aire nebuloso,
hojas enfermas de trágica orfandad
cubriendo el suelo de acérrima muerte.

¿Y en este panorama espectral,
en esta visión de ultratumba
sin esperanza de fuga ni perdón,
has venido a caer con tus ojos
clausurados como la noche,
desmedidamente carentes de luz?

En medio del escenario real,
tocas el aire con tus ojos ciegos,
tocas la niebla que en torno a ti
envolviéndote en el misterio,
llevándote a una extraña dimensión
de criaturas desconsoladas.

En lo más recóndito del otoño,
al garete vamos los humanos
como barcas sin rumbo ni voluntad,
desconsoladamente perdidos
en un océano de tinieblas
tan profundas como la noche.

Y tú, introvertido náufrago,
dos veces ciego en esta visión
más real que la muerte y su hedor,
más cruda que la batalla final
del hombre en su lenta agonía.

Ulises Varsovia
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