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Habitaciones solitarias

miércoles 19 de octubre de 2022

estas casas sin nadie se disuelven
en áspera intemperie
y piedras de sombra…
Eugenio Montejo.

Pórtico

de estas puertas
¿cuál es la de mi casa?
Ramón Querales.

Portal del recuerdo

Umbral de la querencia

Pasaje perdido
y por siempre anhelado

Corredor profundo traspasando
la discreta tarde inocente
con trémulo fervor de soledad

Estancia nombrada infinitamente
en el poema
desde el amor y la nostalgia

(En memoria de mis padres y su presencia viva)

 

Puertas entreabiertas

Puertas abiertas a puertas adivinadas…
Raúl Henao.

I.

Puertas que se abren o cierran
a voluntad de quien las traspone.

 

II.

Objeto en apariencia inanimado
la pieza de madera o metal
(tal vez vidrio)
que conforma la puerta
se antepone a nuestro paso
divide y enlaza dos ámbitos

O a veces varios
pues como se sabe
hay puertas que se abren
hacia muchas habitaciones

Como la esperanza

 

III.

Porque la puerta
es todo un cosmos entreabierto

según Bachelard.

Pero también podría ser
un cosmos entrecerrado
conforme entremos o salgamos
por cada sutil puerta
que nos comunique
a otra estancia de la vida

 

IV.

De allí también que las puertas
en su fingida pasividad
sólo movidas por la mano
que las empuja o las atrae
guarden algún secreto

En el cruce de un recinto a otro
las puertas susurran
al oído de quien las cruza
imperceptibles vocablos

(análogos a las palabras
del poema)
confundidos en el aire
que cautelosamente se agita
mientras retornan a su lugar

 

V.

Guardianas de entradas y salidas
las puertas son testigos indelebles
de nuestro tránsito de un espacio a otro
¿de la casa? / ¿de la vida?
¿o más allá?
como supone Eduardo Mitre:
Ajena (como la muerte)
Al que entra y
(como la vida)
Al que sale
……………….La puerta

(Para Marina Sandoval)

 

Coronación de la melancolía

¿Formas parte de esta pléyade de sombras errantes,
entregadas al recuerdo y nostalgia durante la cuarentena?
Juan Goytisolo.

I.

Caminas a tientas
por la casa vacía

Mientras afuera la ciudad
da cobijo a sus fantasmas

Las cosas que te rodean
van develando
sus profundos secretos

El esplendor y la permanencia
están lejos de estas habitaciones

Mientras cada objeto
te impone su presencia muda
desgarrada
en medio de tanta soledad

 

II.

En la habitación del fondo
los libros apilados
esperan inmutables
su turno para ser leídos
(revisados al menos)

Algunos llevan toda una vida
a la espera
sin que tus ojos
reparen en ellos

Pero en estos días
de impávido silencio
no sabes cómo saldar
esa deuda de tantos años

 

III.

Con los platos
y los cubiertos recogidos
sin papeles o libros sobre ella
la mesa ofrece su superficie
abandonada a la posibilidad
del poema

De que aparezcan al menos
algunas palabras
apenas murmurantes
sobre el papel

 

IV.

Pasas junto a los espejos
sin mirarlos siquiera

Hace tiempo que lo sabes:
no es tu imagen
lo que ellos reflejan

Apartada de ti
en el espejo se asoma
la máscara
que alguna vez fue tu rostro

 

V.

Sin pensarlo demasiado
vas apartando las imágenes
de los rostros ahora ausentes
y en su lugar
dejas un vacío impostergable

Decides evitarlos
presientes que de pronto
pueden hablarte
como hablan en los sueños
las visiones nómadas
del tiempo que se ha ido

 

VI.

Enclavada en la pared
como un cuadro más
la ventana te observa

Cuando llega el atardecer
tratas de mirar a través de ella
y apenas puedes distinguir
el umbroso jardín
sólo interrumpido
por tu reflejo en el cristal

Como la silueta de un fantasma
enclavado en el paisaje

 

VII.

¿Así que la muerte era esto?
de obsesivos días circulares

Un deambular entre objetos
que ya para ti son ajenos

Un instante que no pasa
donde el sueño es una bruma
que envuelve la inconciliable
la eterna vigilia

(Para Mercedes, en recuerdo de Aníbal)

 

Desvelada ceniza de nostalgia

Mi oficio es puro acumular ausencias.
Hugo Achugar.

I.

He llegado hasta tu casa
ebrio de añoranza
y al cruzar el umbral
me doy cuenta de que allí
nadie me espera.

Sólo el silencio de los muebles
donde ya nadie se sienta.

La parquedad de la mesa
donde los platos no volverán a vivir
el festín de los alimentos compartidos.

La augusta soledad de las camas
donde nadie duerme salvo yo:
Lázaro resurrecto ante la perplejidad del mundo.

 

II.

Vivo rodeado de tus recuerdos.

Adormilados objetos que me hablan
de una memoria desconocida.

Pequeñas piezas
donde la antigua presencia
alcanza el esplendor de la espera.

Vivo rodeado de tus cosas
volátiles sombras
en la matriz de la noche

 

III.

Triste agobio de los días no compartidos
extrañeza ante una comunión inesperada
distancia vibrátil que une nuestras soledades.

Tú siempre presente / yo detenido en la ausencia.

(Para Luisa E. Figuera, y su recuerdo)

Manuel Cabesa
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