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La figuración y el acto

viernes 16 de febrero de 2024
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Cada poema como un espacio donde
se dialoga y se interrumpe el texto…
María Fernanda Palacios.

I.

Cada poema
un desgarro de soledad

Un misterio de sombras

Un reflejo de cenizas
en el paso del tiempo

 

II.

Cada poema escrito
es de antemano una derrota
conjurada
en el ritmo reiterado
de una oración
cuyo fervor contiene
el rostro del abismo

El triunfo del desamparo
tiende su sombra
sobre el árbol secreto del paraíso

 

III.

Estructura hecha de voces
hundidas en nuestra simiente

Vértigo de un viaje que parte
de lo más recóndito de la memoria
y se convierte en vigilia

En promesa de palabra revelada

Levantando pared a pared
la poética de nuestra intimidad

 

IV.

Toda escritura transita
los espacios de una palabra
que nos murmura acerca
de la fugacidad del tiempo

Del deterioro
de cuánto nos rodea

Toda memoria
se convierte en palabras

Palabras sentidas
dichas desde lo más profundo
de la conciencia

En busca de una densidad

Para la celebración

Para el canto

 

V.

El hombre es sólo un testigo silencioso
de un mundo cuyo inmenso poder
que apenas conoce

Un mundo genésico
enraizado en la esencia de sus fantasías

Un mundo que sólo tiene arraigo
en el tapiz del poema

 

VI.

Como esas fotografías
que a veces encontramos
olvidadas al fondo de una gaveta
el poema surge de pronto
sorprendiéndonos
con la revelación de nuestro rostro

Ésos fuimos nosotros:
los mismos gestos congelados
la mirada extraviada
en algún abismo del tiempo

Sin embargo:
¿cuánta decadencia ilustra
nuestro rostro ahora devastado?

 

VII.

Una voz concentrada
emana de lo más recóndito de la noche

Una voz prestada a los fantasmas
que habitan en la memoria

Una voz nocturna
cuyas palabras trascienden
los espacios signados por el deterioro

 

VIII.

Invocar los fantasmas de la memoria
es entrar en una selva profunda
y silenciosa
habitada solamente
por el rumor de algunas palabras

Que nombran el principio

Que nombran la vida

Que nombran el poema

 

IX.

Las sombras familiares
acuden entonces al conjuro
de la palabra convocada en el poema

Voces y sombras:
son el rescate de lo humano
perdido en el laberinto de un pasado
del que apenas nos queda un eco falleciente

Es un tiempo desamparado
formado de presencias cálidas
cubierto por un manto de voces fantasmales
venidas de un pasado nocturno
como el alma del hombre que las invoca

 

X.

He aquí que todo es silencio:
la mirada fija
ante la fugacidad del tiempo

Expresión de un vacío
apenas enunciado
en la sonoridad
de algunas palabras

 

XI.

Entonces
el silencio es asumido
como una forma más del paisaje
como un motivo para el encuentro

A través de la palabra
el poema observa
las mutaciones del recuerdo
las registra
para darles permanencia

Sin embargo
ella es apenas audible
diríase más bien un susurro
que se expande
entre las voces de la nostalgia

 

XII.

Entre el decir
y el deseo de decir
se abre un abismo
un sentimiento de duda

El deseo carece de forma
lo inunda todo
pero es intangible

Entonces:
¿cómo apresarlo en el poema
si su reino está en lo indecible?

 

XIII.

El amor se transmuta en deseo
para abrirse paso
ante la fugacidad del tiempo

Morimos cada día
para transfigurarnos cotidianamente
en la esperanza de una nueva vida

La muerte aparece en el poema
no como un fin
sino como una mutación

Apenas una línea
en el invierno de la memoria

 

XIV.

Y al vivir
de pronto nos encontramos
inmersos en una proximidad constante
con los misterios
que mantienen al hombre
en permanente vigilia

La muerte es la principal
protagonista del poema

La muerte transfigurada

Convertida en sueño

 

XV.

Cada poema devela
una fracción
de nuestras inquietudes:
la simiente de una soledad
la angustia de la pérdida
el desamor latente

Todo forma parte
de su impalpable bitácora
mientras la memoria
recupera los sedimentos
de este tránsito terrestre

 

XVI.

El poema habla de su tiempo
de su devenir

El transcurso de las edades
va dejando huellas
y el poema las advierte
las registra
en el ritmo de sus palabras

El poema habla de su tiempo
y del tiempo de las cosas que lo rodean

De las querencias
que el mismo tiempo
ha venido borrando
con mano lenta pero precisa

 

XVII.

También está
el misterio de la fijeza

De aquello que permanece
estacionado
en el recodo de la palabra

 

XVIII.

La palabra que nombra
es la misma
que borra lo nombrado

Todo es presencia
y al mismo tiempo
todo es ausencia

Pareciera que una fugaz sombra
ha de permanecer inscrita
en la íntima desnudez de una piedra

(Para el Taller Literario Los Moradores
por estos largos años de lecturas compartidas)

Manuel Cabesa
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