Cada poema como un espacio donde
se dialoga y se interrumpe el texto...
María Fernanda Palacios.
I.
Cada poema
un desgarro de soledad
Un misterio de sombras
Un reflejo de cenizas
en el paso del tiempo
II.
Cada poema escrito
es de antemano una derrota
conjurada
en el ritmo reiterado
de una oración
cuyo fervor contiene
el rostro del abismo
El triunfo del desamparo
tiende su sombra
sobre el árbol secreto del paraíso
III.
Estructura hecha de voces
hundidas en nuestra simiente
Vértigo de un viaje que parte
de lo más recóndito de la memoria
y se convierte en vigilia
En promesa de palabra revelada
Levantando pared a pared
la poética de nuestra intimidad
IV.
Toda escritura transita
los espacios de una palabra
que nos murmura acerca
de la fugacidad del tiempo
Del deterioro
de cuánto nos rodea
Toda memoria
se convierte en palabras
Palabras sentidas
dichas desde lo más profundo
de la conciencia
En busca de una densidad
Para la celebración
Para el canto
V.
El hombre es sólo un testigo silencioso
de un mundo cuyo inmenso poder
que apenas conoce
Un mundo genésico
enraizado en la esencia de sus fantasías
Un mundo que sólo tiene arraigo
en el tapiz del poema
VI.
Como esas fotografías
que a veces encontramos
olvidadas al fondo de una gaveta
el poema surge de pronto
sorprendiéndonos
con la revelación de nuestro rostro
Ésos fuimos nosotros:
los mismos gestos congelados
la mirada extraviada
en algún abismo del tiempo
Sin embargo:
¿cuánta decadencia ilustra
nuestro rostro ahora devastado?
VII.
Una voz concentrada
emana de lo más recóndito de la noche
Una voz prestada a los fantasmas
que habitan en la memoria
Una voz nocturna
cuyas palabras trascienden
los espacios signados por el deterioro
VIII.
Invocar los fantasmas de la memoria
es entrar en una selva profunda
y silenciosa
habitada solamente
por el rumor de algunas palabras
Que nombran el principio
Que nombran la vida
Que nombran el poema
IX.
Las sombras familiares
acuden entonces al conjuro
de la palabra convocada en el poema
Voces y sombras:
son el rescate de lo humano
perdido en el laberinto de un pasado
del que apenas nos queda un eco falleciente
Es un tiempo desamparado
formado de presencias cálidas
cubierto por un manto de voces fantasmales
venidas de un pasado nocturno
como el alma del hombre que las invoca
X.
He aquí que todo es silencio:
la mirada fija
ante la fugacidad del tiempo
Expresión de un vacío
apenas enunciado
en la sonoridad
de algunas palabras
XI.
Entonces
el silencio es asumido
como una forma más del paisaje
como un motivo para el encuentro
A través de la palabra
el poema observa
las mutaciones del recuerdo
las registra
para darles permanencia
Sin embargo
ella es apenas audible
diríase más bien un susurro
que se expande
entre las voces de la nostalgia
XII.
Entre el decir
y el deseo de decir
se abre un abismo
un sentimiento de duda
El deseo carece de forma
lo inunda todo
pero es intangible
Entonces:
¿cómo apresarlo en el poema
si su reino está en lo indecible?
XIII.
El amor se transmuta en deseo
para abrirse paso
ante la fugacidad del tiempo
Morimos cada día
para transfigurarnos cotidianamente
en la esperanza de una nueva vida
La muerte aparece en el poema
no como un fin
sino como una mutación
Apenas una línea
en el invierno de la memoria
XIV.
Y al vivir
de pronto nos encontramos
inmersos en una proximidad constante
con los misterios
que mantienen al hombre
en permanente vigilia
La muerte es la principal
protagonista del poema
La muerte transfigurada
Convertida en sueño
XV.
Cada poema devela
una fracción
de nuestras inquietudes:
la simiente de una soledad
la angustia de la pérdida
el desamor latente
Todo forma parte
de su impalpable bitácora
mientras la memoria
recupera los sedimentos
de este tránsito terrestre
XVI.
El poema habla de su tiempo
de su devenir
El transcurso de las edades
va dejando huellas
y el poema las advierte
las registra
en el ritmo de sus palabras
El poema habla de su tiempo
y del tiempo de las cosas que lo rodean
De las querencias
que el mismo tiempo
ha venido borrando
con mano lenta pero precisa
XVII.
También está
el misterio de la fijeza
De aquello que permanece
estacionado
en el recodo de la palabra
XVIII.
La palabra que nombra
es la misma
que borra lo nombrado
Todo es presencia
y al mismo tiempo
todo es ausencia
Pareciera que una fugaz sombra
ha de permanecer inscrita
en la íntima desnudez de una piedra
(Para el Taller Literario Los Moradores
por estos largos años de lecturas compartidas)
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