
Padre de mi soledad. / Y de mi poesía. // Padre della mia solitudine. / E della mia poesía
Vicente Gerbasi
He salido de mi sombra / se perdió en mi cuerpo / lleno de aristas / De lejos veo un derrumbe / calcinado / puedo mirar la costura / de los días / los versos van creciendo / y alguien muy atento / me acompaña.
Cecilia Ortiz
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Europa es este largo poema. Esta voz épica que recoge las rasgaduras del ambiente y clima de un continente desde una góndola en Venecia al lado del pronombre de su padre, ese tú que configura una presencia invisible que se construye en el texto que Iván González titula Pátera.
El poema es un recorrido por la actual Europa desfasada, vertida en un lenguaraz acento que ha heredado la bulla de quienes han llegado a ella y la han transformado en lo que cada verso desgaja sin pausa alguna. El poema respira sin cesar, no deja tiempo para detener su andadura, su eco provisto de hermosas imágenes, unas surreales, otras arropadas por la realidad, tan sinuosa como el tiempo mismo. Se trata de una poesía que reclama y que, al decir de su autor, es el texto más político que ha escrito.
El lector viaja a través de un lenguaje rico en entonaciones, en un sonido franco cuyo mensaje va dirigido a quienes de alguna manera han devenido herida traducida en costra crítica. Europa es ese pronombre, esa justificación desde el silencio que lo acompaña mientras los remos provocan el oleaje de la gran laguna que contiene la isla de Venecia.

Pátera
Iván González
Poesía
RIL Editores
Madrid (España), 2026
ISBN: 978-84-10248-97-7
75 páginas
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El padre asiente con su silencio, con la poesía que no se detiene con sólo nombrarlo desde el tuteo familiar, cercano, brújula encarnada en unos bajorrelieves que en la isla están incrustadas en las paredes de edificaciones antiguas y que permiten la orientación de quien no conoce la ciudad. Ese término, Pátera, designa la ruta del viaje, pero es también metáfora que surge del extravío de la diosa tierra de Occidente. Pátera, estación donde los sentidos no se contienen para trazar el mapa de Europa, la aporreada, la descuidada por los falsos profetas de la política.
Venecia es el vientre de esta travesía por Europa. Es Venecia el embrión donde padre e hijo, el que perdió el idioma y el que lo recupera, no desvían la mirada del sendero pensado, ahora escrito.
Tu hijo habla el idioma / que olvidaste... como un rescate a quien perdió el horizonte.
Desde la ciudad acuática, desde las callejuelas ríos, la voz del poema polemiza, habita en todos los vocablos para darle fuerza al eco que continúa en la mirada hacia todos los rincones de ese universo que lo agobia de reclamos a la tierra, a la Europa que antes era la plenitud del arte, la armonía y la belleza.
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Iván González (1975), lengua viva de una poesía que pregona la presencia de ese extravío llamado Europa, esa Europa de papel, mientras padre e hijo conforman el denso imaginario a bordo de la góndola que descubre el viaje: la épica de una imagen terrena donde ahora Europa es una y no hacen falta los espejos, donde llueven migrantes, donde se escucha ese país de gente de provincias.
Las imágenes recorren sin cesar todo el texto, en una incesante carrera hacia todos los puntos cardinales del continente. La brújula de piedra, el bajorrelieve para encontrar el mundo, las calles y sus asuntos diarios, el letrero de algún tendero, la Europa que camina desde otras latitudes. Y allí el padre, testigo mudo de lo que canta el hijo.
Una poética de la verba activa: la caja torácica de la isla (...) mirando a Europa / su posición fetal (...) transmigrada conciencia sin descanso.
Quien habla sobre la mareante y oscura laguna turística, bajo el cielo brumoso de Venecia, pronuncia desde su él repetido: tu hijo y tú / mirando a Europa, mientras las maletas vagan incesantes.
El poema es un pregón, un canto que traduce —desde la invención de los versos— la reciente cosmovisión de una tierra invadida por la grosería de los políticos / que se indigestan en la carcajada, lo que provoca el dislocamiento de la risa / de tu hijo, lo dice el hablante que ocupa el espacio del poema, el que se nombra desde él mismo tras el rastro de la nombradía del padre.
Esta especie de enciclopedia de imágenes conduce al lector a alimentar más su imaginación. Lector y poema se hacen uno para expresar el desagrado del totalitarismo [que] sigue dicho / en las esquinas, y así, quien se extravía en ellas recurre a las páteras / con luz ajena de otro astro, mientras el tiempo ya no corre.
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La insistencia de la poesía revisa parte de una historia enclavada en el ensayo de los sentidos sobre el acontecer de Europa, término femenino que permite agravios mientras la mirada opaca de sus habitantes pierde la forma y el sentido de su acontecer, por eso dice: la rozadura de la tarde / en su onerosa carga / de países idos / en el eco y espumas, para verter el tiempo un anochecer de ausencia de espejos. Cada imagen es una revelación semiológica, un signo natural e intencional en movimiento.
Este es un juicio verbal al poder, una interpelación. Es la poesía que rasga la cortina de los escondites de quienes han mancillado la madre de la cultura: los políticos / nuestros políticos / se lo quitaron todo / sus políticos / también / se lo quitaron todo / nadie les juzgará / nuestros políticos / venían a quitarnos antiguos dictadores: la fuerza de la memoria histórica, del numen que envuelve las contradicciones, la verdad, una verdad, que carcome la conciencia de esos políticos que desataron la ira de un eco detenido, ahora libre de expresar rechazo.
Y añade en sus dolidos versos: también perdió las páteras / esos bajorrelieves circulares / por toda la laguna / que orientan / a Europa / a Europa las nubes le clavaron monigotes / tu hijo y tú / en la edad del comercio / y parece mentira / en la edad de la guerra.
Bruselas, nombrada como referencia. Y la pesada carga de Sísifo en la isla en la que los viajeros en góndola representan un viaje al pasado, mientras el gondolero mira el horizonte del agua y de las horas. El alma del poema intenta recuperar los cuerpos sin fin vistiendo paz, en la dilatada persistencia del hijo que pronuncia la presencia de un dios ausente.
Pronuncia lacerado, el extranjero ya eres tú, al padre que seguramente ha retornado a su tierra, cosmos de su nacimiento, pero extraviado de la lengua, mientras el hijo recupera las palabras y las acentúa con el tono de su otra memoria.
Una violencia calculada, inesperada para los que tienen aún a Europa como alma de creación, ética y estética: en la calima de estorninos muertos / por bombas incendiarias.
El poema, la poesía: dos rostros que se juntan, como Jano, le abren la puerta a la voz para decirse: la mano frágil y huidiza de tu hijo / te busca bajo sus manoplas. La tendencia de las aguas a la ensoñación y a un despertar sonoro: isla ilusoria en su rotación inútil (...) se hunde la isla: se pierde Europa.
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El perfil de Dante aparece en estas líneas, en estos versos cargados de significados, de hipótesis de la cultura, como expresa Umberto Eco. La Divina comedia, costilla de esa gran ilusión por la que viajan todos los signos, todos los sentidos.
Santa Muerte en las cosas y los rostros / los muslos de Beatrice / tuvieron que inventarse la Comedia / para negar del todo que la flor / se desprende de la hoja / Dante arañó en Florencia el Paraíso.
Es la cultura, es la sensación de que Europa, a pesar de todo, es la región de un espíritu vivo, destacado desde la invocación de esa simbólica Santa Muerte.
La góndola sigue su curso con Europa a bordo. El poeta no deja de repasar todo lo expresado. El padre silencioso lo escucha sentado a su lado como una ausencia, como el cuerpo y el alma de quien retorna y se deslumbra con los cambios de su isla, de su Italia, de su Europa toda.
La Europa herida mientras el poema se adensa y es leído por el tiempo, por el ojo visceral del presente.
Como un cierre, una sombra sentada en la sencillez de la pátera / piedra de eternidad / brújula de resistencia / como el poema / la muerte es imprudente (...) tú sabes que tu hijo / habla la lengua que olvidaste (...) Europa / palabras deshechas / Europa.
- Pátera, de Iván González - jueves 14 de mayo de 2026
- El hielo negro y otras historias, de Carlos Montuenga - jueves 14 de mayo de 2026
- Deshabitados, de Arnaldo Jiménez - lunes 11 de mayo de 2026


