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Silicona 5.0, de Jorge Majfud

domingo 14 de febrero de 2021
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“Silicona 5.0”, de Jorge Majfud
Silicona 5.0, de Jorge Majfud (Baile del Sol, 2020). Disponible en Amazon

Silicona 5.0
Jorge Majfud
Novela
Baile del Sol
San Cristóbal de La Laguna, Tenerife (España), 2020
ISBN: 978-8417263768
320 páginas

¿Una de mis imágenes proyectadas por el mundo había tomado mi lugar y me relegaba ahora al papel secundario de imagen reflejada?
Ítalo Calvino
Lo importante es que la división de las formas miméticas obedece a una “caza”, a un acoso; colabora, con su partición, en una forma de terror: hay que sitiar al mago, al imitador, al inventor de ilusiones, al simulador. ¿Se trata de un copista?
Severo Sarduy

1

Facundo Walsh Ocampo vive volando: pisa tierra en oficinas donde discute y acuerda con un futuro que ya está instalado en el mundo a través de la tecnología. Es un personaje aéreo. Es un personaje de etiqueta empresarial que viaja para acordar la fabricación de mujeres artificiales. Mujeres de silicona que podrían hacer feliz a quien las compre para satisfacer sus fantasías sexuales. Facundo es un pescador de oportunidades. Viaja para descubrir bellezas de carne y huesos que luego —con su talento en favor de poderosos trusts internacionales— convierte en muñecas que llegan a sentir como las humanas.

Facundo Walsh Ocampo, quien dice ser argentino o uruguayo (el acento lo delata) y pasa por ciudadano del mundo en materia de componendas futuristas, ha sufrido un infarto. Ese incidente es sólo una pequeña reacción, tan insignificante que el sujeto alcanza a sobrevivir a tantos desafíos, los que más tarde serán la novela que se crece en la personalidad ambigua de un actante que Jorge Majfud ha inventado para ser descubierto en sus andanzas por un yo que lo acosa.

La novela, Silicona 5.0, ha sido publicada por la editorial Baile del Sol, en Tenerife, Islas Canarias, España, 2020, en la colección Narrativa (Nº 196): es un verdadero reto frente a lo que el mundo de hoy muestra en su vitrina de sorpresas, que ya no son tales sino celebraciones que se convierten en miedos, sospechas, debates, dudas y tragedias.

En esta novela el autor desata su imaginación cuando elucubra más allá de la inteligencia artificial.

Facundo Walsh Ocampo es el destino que el lector podrá encontrar en largos diálogos, en los que muestra su capacidad para la mímesis, sin dejar de mostrar también el humano que lo habita. Va y viene del pasado sin perder de vista el encanto del futuro, de ese futuro que lo despoja de su propia condición de hombre del presente, aunque sufre las consecuencias de sus viajes: es un fracasado familiar. Es un solitario que recuerda conversaciones con cercanos que no son parte de los afectos que podrían suscitarse desde el humano que aún conserva en algún lugar del cuerpo.

Los personajes que a su lado pasan por esta historia podrían ser asomos de lo que él pretendía ser: es un sujeto que se complementa con la osadía de los otros. Es un sujeto que piensa en objetos vivientes. Que viaja, pero sigue instalado en una infancia que a veces lo recuerda y lo rellena de opacidades y de ecos provenientes de su tierra natal. Es un personaje que se sabe complementario porque siempre —en su trabajo— busca al otro en la creación de personas tan posibles que son capaces de superar las capacidades de sus modelos.

La inteligencia artificial es la búsqueda insistente en un sujeto que pueda sustituir la piel, la sangre y hasta el aliento de quienes piensan, extrapolan y crean —desde el ellos ajeno— figuras que llegan al cliente en una caja de plástico o cartón.

Imágenes reflejadas, para decirlo con Calvino, sí. Imágenes tomadas del pulso intelectual, cardíaco o circadiano de bellas mujeres que se multiplicarán como juguetes en manos de adultos que las follarán en la soledad de hoteles, de apartamentos de solteros y, luego, una vez depositado el semen, guardarlas debajo de la cama. Son mujeres jóvenes, bellas, de silicona, capaces de besar, de morder, de moverse al ritmo de un orgasmo que el sujeto/cliente podrá imaginar real. Muchachas sacadas de un reality show, que serán parte del gran negocio entre potentados y buscadores de placer o compañía ilusoria, simulada, copiada.

No se trata esta novela de Majfud de una obra de ciencia-ficción. Es un hecho que las muñecas o mujeres para usarlas como herramientas sexuales están en el mercado. En esta novela el autor desata su imaginación cuando elucubra más allá de la inteligencia artificial, que ya existe: sería incorporada como sentimientos, sentires, ardores, pensamientos en la complicada anatomía de la mujer de silicona. Es una mujer que no sabe caminar, pero sí practicar todas las posturas sexuales. Capaz de hablar, pensar y comunicarse a distancia como un teléfono móvil. Y hasta podría adivinar el pensamiento y los deseos de sus amantes amos.

Es el futuro que le muerde los talones al presente inmediato. Es la tiranía de un futuro que ya es presente. Es la autocracia del reflejo.

 

Se concentró el narrador en la manía obcecada del personaje de encontrar mujeres bellas naturales para rehacerlas más bellas pero artificiales.

2

El infarto ocurrió en la avenida Atlantic en Daytona Beach. 59 años andando, volando, fijando el ojo en muñecas vivas para transformarlas en muñecas de plástico. Una existencia en la que cabe este fragmento: “…cuando uno ha quemado todas las grandes expectativas en la vida y no sabe cómo ser feliz porque se entrenó toda una vida para otra cosa”. Se dedicó a la complicidad de reinventar “vidas” a través de la ciencia, de una inteligencia que se convirtió en transitoria con la idea de que fuera permanente en un objeto.

Todo estaba centrado en el Valle de Santa Clara, California, en ese por allá donde el nombre del emplazamiento cambió por Silicon Valley, aunque en realidad el paisaje decía otra cosa. Y así, con él “la evolución del Dow Jones”, las mucosas de The Wall Street Journal, mientras el miocardio estiraba un poco más para que su vida continuara el balance de su carrera. Había muertes en el antes de su vida que comprendían un corazón débil. La madre, el hermano. Muertes que desandaban la memoria. Muertes de corazones propios, de órganos vivos.

Pero el infarto se quedó detenido en el camino. Las tantas aventuras, anécdotas del protagonista dejaron atrás ese episodio y se concentró el narrador en la manía obcecada del personaje de encontrar mujeres bellas naturales para rehacerlas más bellas pero artificiales. El futuro estaba allí al alcance de las manos.

Mientras respiraba los distintos aires del mundo, apegado a la premisa de que todo cambia, unas líneas vagan explícitamente: “Síndrome de Capgras, por el cual el individuo se convence de que sus seres queridos han sido reemplazados por impostores”.

 

3

La sociedad como espía. Una ecuación que se convierte en realidad: todas entrecomilladas ideas que se mueven en el transigente volar de Facundo, suerte de reportero de sucesos que ambula por el mundo tratando de encontrarse, de rescatar su identidad, supuestamente secuestrada. Creído, descreído, buceaba en la personalidad de otros sujetos, hombres o mujeres, para tratar de dar con quien le había robado su yo.

Aliviado en su soledad, sólo participaba con cercanos que más bien parecían ilusiones. Las Silvannas, Jeff, su esposa Elena, conexiones interpersonales como si fuesen intertextuales, especie de rizomas sustantivos. Por esa razón, “todo es mutable”, pensaba.

Y si bien podríamos decir de tres perfiles: las muñecas “inteligentes”, su doble y su relación con la realidad femenina, Facundo era también un espacio donde se movían los fantasmas de su agotamiento, de un cansancio facilitado por la insistencia.

Su doble invisible: un personaje imaginario, un referente real en el espejo de su diaria tendencia a buscarse sin encontrarse. El otro yo. El otro sin saberse. El yo otro. El sin yo. Facundo era el reflejo de lo que buscaba. Lo que se buscaba en el otro, o en él mismo. Secuela de estos tiempos, la sociedad se desdobla a través de la tecnología. A través de su inteligencia, a punto de artificio.

El enemigo que llevaba adentro y con el cual se había enfrentado una gran parte de su vida.

O

Hay un momento en la vida en que uno se reconoce como quien es en realidad. Todo lo demás son versiones.

El humano que es desliza esta oración: “Todos nos corrompemos en algún grado para sobrevivir”.

Muertes, mafias, misterios, conspiraciones. En efecto, detrás de toda duda o sospecha, hay una conspiración. Esta novela revela, a través de algunos eventos, la mano oculta de un poder capaz de todo.

El viaje de Facundo se lee en dos estancias: “Del otro lado” y “Del otro otro lado”. Dos caras del lado otro en el que el personaje se descubre.

A tanta ficción en la realidad, se puede afirmar que ésta, la ficción, es la única verdad que no se puede quebrantar. Y de ocurrir, aparecería otra verdad, tan cierta que se traduce en muerte, en el otro que desaparece.

La historia, la larga historia de Facundo cierra con la suya, con su muerte, producida por una conspiración: un insecto artificial, inteligente, lo mata mientras viajaba en un taxi.

Detrás del homicidio, ¿quién se oculta, su otro yo, el yo que nunca pudo descubrir completamente, o la maraña del poder empresarial?

Una forma de ocultación: dejar la novela abierta al cierre de todas las fórmulas del lector. Las sospechas de quien cierra el libro continúan viajando.

 

4

El viaje de Facundo se lee en dos estancias: “Del otro lado” y “Del otro otro lado”. Dos caras del lado otro en el que el personaje se descubre: siente que la muerte lo vigoriza con un infarto, hasta que ésta se hace presente en el lado oscuro de un instante a través de la mirada láser de un insecto artificial, invento que suscita más sospechas.

 

5

Empalmes, codas, simulacro en el que tres momentos confirman todo el engranaje de la novela.

Así comienza:

Cuando el sábado 17 de marzo le dio el infarto…

Así sigue:

En su libreta de papel escribió:

Pronto estaré en el futuro…

Y así termina:

Lo cierto es que recostó la cabeza sobre el vidrio de la ventana y ya no despertó.

El futuro. Todo el futuro en el silencio de un instante, del presente que ya no es. El lado oscuro.

Alberto Hernández
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