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La sacerdotisa de Thot, de Esperanza Theis

miércoles 19 de enero de 2022
“La sacerdotisa de Thot”, de Esperanza Theis
La sacerdotisa de Thot, de Esperanza Theis (2021).

La sacerdotisa de Thot
Esperanza Theis
Novela
2021
76 páginas

“Ante vosotros llego, oh grandes, divinos, soberanos gobernantes, que vivís en el cielo y en la tierra y en el mundo subterráneo, y os traigo a Osiris Ani. No pecó contra los inmortales. Así esté con vosotros hasta la consumación del tiempo (…). Salve, Thot, que diste a Osiris la victoria sobre sus enemigos, haz que el escriba Nebseni triunfe de los suyos, como tú concediste la derrota a Osiris en presencia de los soberanos príncipes que acompañan a Ra…”.
El libro de los muertos
, pp. 57-59.

1

Desde El libro de los muertos, desde los himnos que invocan sus dioses, desde el silencio momificado en las palabras de un libro, una épica sombría alberga el eco de los tiempos. Son tantos los nombres, tantos los apelativos, tantas las deidades y sus semidioses, lacayos, pequeños y grandes demonios, sacerdotes, personajes atados a las ciudades donde se libran guerras y desastres, esperanzas perdidas: la gran epopeya de la vida terrenal y la de los muertos que desde el chapoteo que conduce a la eternidad, traducen lo que nadie se había imaginado: un mundo en el que todos los seres, animados por el polvo de la Tierra, unos, y otros empujados por la ambición del mundo en sus planos oscuros y lejanos, mientras la sabiduría sucumbe en el dolor, se revela en toda la escritura desde la Grecia Jónica, pasando por Egipto, su esplendor y sus derrotas, hasta el inesperado vaivén del tiempo actual, del cual no se desprenden las noticias de esos años tan lejanos donde el rey persa Darío y su hijo Jerjes, tiranos, uno más benevolente que el otro, juegan un papel protagónico en estas páginas, donde la eternidad se hace cargo de todo.

La sacerdotisa de Thot es una historia donde transitan todos los personajes en que la imaginación telúrica y mítica de una cultura formula sus límites. He aquí que Pitágoras de Samos, el padre de las Matemáticas y la Armonía, encarga al alumno de sus afanes teoréticos, Iolaus, héroe de la divinidad, a tomar el rumbo desde Corinto, ciudad de Crotona, también desde Sibaris, para hacerse del conocimiento: el camino es largo y nutricio, pero también peligroso, razón por la cual tiene que poner en práctica todo lo aprendido. Fue inculcado en la insistente sabiduría: Iolaus, en obediencia a su maestro, emprendió la travesía épica hacia su encuentro con otra vida y con varias muertes.

La muerte siempre estuvo pendiente, porque Ella, ese personaje anclado en la creencia de que la eternidad no deja de ser parte de la existencia, pero subterránea, se desplazaba entre guerras, a la espera de la caída o desaparición del personaje, que como Neferure, son los relatores de sus propias vidas.

Neferure, princesa de la corte egipcia, de mágicos poderes y mediadora con el dios egipcio de la sabiduría, luego esposa de Iolaus, se confirman las voces que estructuran este libro de Esperanza Theis, reeditado en Madrid en el año 2019.

Y al decir de El libro de los muertos, en La sacerdotisa de Thot, el Dios-Luna, que forma parte de la pléyade de Isis, Osiris, Horus y demás genealogía egipcia, entre la sangre de los faraones y sus poderes, se relata esta historia, enrevesada historia puesto que, como toda sustancia sagrada, se reinventa entre la carne y el espíritu o la sabiduría: trasluce nombres, apelativos, generaciones hasta que la Muerte, siempre alerta por los tratos o compromisos con los vivos, recurre en auxilio de los que habrán de tomar el otro viaje: más allá del viento, más allá de los mares agitados por las naves, más allá del aire, más allá del fuego, más allá de la guerra. Más allá del tiempo recobrado. Más allá de los elementos.

 

2

Esta lectura prefigura una metáfora del ahora, entre conflictos, perversiones, yerros —sin dioses— y pestes, guerra y deseos de alcanzar un destino más feliz. El libro que aquí se comenta, más allá del conocimiento acerca de hechos reales o imaginados, es un vertido de mensajes que proponen, desde la misma metáfora, una advertencia: el mundo es una guerra permanente y una pérdida que ha desviado la mirada del hombre hacia la tumba. Pero donde la esperanza también forma parte de ese anhelo. Los dioses o el dios único de cada fe actual es una suerte de borradura. No se atiende a los designios del conocimiento. La sabiduría se ha desviado de la vida que ya no es: queda entonces recordar que la teorética precisa de la práctica para poder desenvolver la existencia. Pitágoras no es sólo un nombre, no es un tótem: no está embalsamado bajo una pirámide. Es un signo que, desde los Versos Áureos, desde una incontrovertible verdad, suscita la puesta en marcha de la sensatez, de la Armonía, para poder entender la fuerza de “la palabra y el silencio”.

Desde la Heliópolis, el sagrado corazón de esa voz sabia, esa que roza la tierra del Nilo, Iolaus hizo el viaje, el mismo que muchos personajes de la gran poesía griega realizaron. Hay un reflejo de Ulises supuesto o probado por peligros y negociaciones en estas páginas.

He aquí un reflejo de las regresiones de Helena, pivote de una historia que se sigue revisando.

 

3

Cada uno, Iolaus y Neferure, desarrollan sus vidas, las relatan, las cuentan, las juntan. Son dos planos narrativos por donde circulan la vida y la muerte, la guerra, la paz y la siempre soñada esperanza, los hijos que nacen, los hijos que mueren, la historia real y la imaginada, el mundo de tierra conocida y la tierra escondida, el río subterráneo que conduce a la eternidad, a la otra vida. Y aquí vemos la influencia de esta ardorosa cultura sobre la cristiana en el libro de Dante, la Divina comedia, en que también el río representa el camino hacia la eternidad. El Caronte que guía la barca podría ser el mismo, Ra, que en la caverna egipcia lleva a Iolaus a su destino final, así como a Neferure en medio de una peste que asoló a los pueblos de su reinado. La misma peste, podría imaginarse, que envió el Dios hebreo al faraón por mantener a su pueblo cautivo, esclavizado.

 

4

La mujer, la sacerdotisa, esposa y madre, quien interpretaba el lenguaje de los pájaros, huye de la peste, pero termina muerta mientras sus hijos son rescatados por sus esclavas.

 

5

Mientras tanto, Iolaus implora al rey persa, Jerjes, sujeto al férreo designio de su poder, que lo deje marchar a Egipto a buscar a su mujer. No sabe que ella ha muerto. La tiranía de Jerjes sufre la derrota luego de varios triunfos contra la Grecia Jónica, contra el poder de quienes no querían seguir siendo sumisos o esclavos de unos invasores.

Esta novela es un reflejo. Un espejismo que aturde a quienes hoy mantienen el poder. A quienes no han pasado los ojos por las letras del tiempo, por la historia cribada por la guerra y las traiciones.

Invitado el sacerdote enviado por Pitágoras, ingresa al lugar donde gobierna la muerte. Allí encuentra a su maestro Pitágoras de Samos, a Medea, la joven que una vez le pidió que se quedara en su casa y fue asesinada por las hordas invasoras. Y ahora, desde la muerte, lo vuelve a hallar.

Todos los que recorren solos este camino y sin mirar atrás serán purificados por el fuego, el agua y el aire. Si consiguen vencer el miedo a la muerte saldrán del seno de la tierra y obtendrán el derecho a recibir la revelación de los Misterios de Isis.

Esa revelación es el conocimiento que Pitágoras le ofreció a su alumno. He aquí entonces que se encontró con él en su casa ahora eterna, al tiempo que sus hermanos de estudios gritaban mientras se quemaban. Porque no perseveraron. Era el viaje hacia el Círculo de Ra. Virgilio también lo hizo para acompañar a su pupilo Dante por el submundo donde los humanos reciben premio o castigo por sus actos.

Durante siete jornadas el que vino de Sibaris navegó en la barca de Ra para llegar al lugar donde ampliaría su sabiduría. La muerte como conocimiento.

Queda en los lectores hacerse a la idea de aquel mundo ya perdido, que regresa en esta novela de Esperanza Theis, de la cual se pueden extraer todas nuestras confusiones, todos nuestros abismos. Todas nuestras pestes. Toda la esperanza siempre a punto de perderse. Toda la enfermedad que una vez asoló al hijo de Darío, quien sería un tirano. Advertido el sacerdote sobre el futuro comportamiento de Jerjes, su vida se hizo en extremo riesgosa por haber escogido salvar al muchacho, para perder a la esposa, a Neferure, la reina sacerdotisa que una vez fue gloria de Egipto.

 

(***)

 

Nota

En la Paideia,1 Werner escribe y además cita su libro Diokles von Karystos:

Sabido es que el desarrollo de la ciencia de la guerra en el siglo IV requería un conocimiento cada vez mayor de las matemáticas. Por eso las matemáticas se convierten en la ciencia predilecta de los estrategas y los reyes de la época helénica (p. 703).

En otro aparte afirma:

Esto nos hace sospechar que la unión de estas dos disciplinas [la astronomía y la música] con la aritmética y la geometría tenía también origen pitagórico o era habitual entre los pitagóricos (…). Los pitagóricos son, pues, los especialistas en la materia, y en este sentido, por mucho que les deba, tiene que ser él quien ponga por sí mismo de relieve el punto de vista que juzga decisivo (…). Los pitagóricos miden las armonías y los tonos audibles entre sí y buscan en ellas los números, pero su misión termina allí donde empiezan los “problemas” (p. 704-705).

Alberto Hernández
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Notas

  1. Jaeger, Werner; Fondo de Cultura Económica; México, 1978.