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La Papisa, de Rafa Limones

martes 11 de octubre de 2022
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“La Papisa”, de Rafa Limones
La Papisa, de Rafa Limones (2022). Disponible en Amazon

La Papisa
Rafa Limones
Novela
España, 2022
ISBN: 978-84-19445-75-9
547 páginas

“Mi nombre es Johannes Anglicus, enviado de la iglesia de Ingelheim en la provincia de Maguncia, alzada por la gracia de Carlomagno y consagrada por su progenie encarnada en Ludovico Pio, Rey de Aquitania, Emperador de Occidente y Rey de los Francos, que viaja a Roma para unirse a sus hermanos y propagar la palabra del hijo de Dios, educado y nombrado por el obispo MacRuairidh…”.
Rafa Limones, La Papisa
“En una sociedad cerrada el poder no sólo se arroga el privilegio de controlar las acciones de los hombres —lo que hacen y lo que dicen—; aspira también a gobernar su fantasía, sus sueños y, por supuesto, su memoria. En una sociedad cerrada el pasado es, tarde o temprano, objeto de una manipulación encaminada a justificar el presente…”.
Mario Vargas Llosa

1

Europa fue un continente cuyas marcas territoriales no eran más que arremetidas de la crueldad y las de una naturaleza virgen que formaba parte de la violencia, el atraso, el fanatismo y las sombras de una larga noche que fue bautizada edad oscura, edad triste, edad de la que bebían los más poderosos avalados por la ambición y el odio. Esa tierra, ese mosaico de lenguas, de torcidos climas espirituales, consiguió establecerse a través de la llegada del Cristianismo, pero de una manera brutal. En este contexto, en esa intemperie de ilusiones, pecados, traducciones de una masacre a otra, aparecen las sotanas, las abadías, los conventos, los obispos, los falsos y los verdaderos, los nobles y los innobles, los fieles y los infieles, los sarracenos y los revelados creyentes en un dios y su hijo del Oriente Medio que se aposentaron en Occidente con toda su fuerza, con el rigor de las espadas y las palabras mientras el cielo permanecía tranquilo, abierto a cualquier plegaria pagana, que si era descubierta por los seguidores de la iglesia los practicantes de tales rituales serían exterminados.

Europa era un cuadro hiperrealista. Una conjugación de realidades terribles. Un mundo ficticio visto desde el lugar más lejano, el imaginado para quien ahora, en este instante del mundo, parece una pesadilla, un símil de lo que acontece y seguirá aconteciendo en el espíritu del hombre.

Mientras Europa era carne de invasión, del arribo de extraños visitantes, el natural de esa extensa comarca se buscaba en el alma de quien pudiera ofrecerle otro destino. Entonces, llegó Carlomagno y fundó otro mundo en el que el Dios de Israel y su hijo crucificado se posesionaron y comenzaron la gran aventura de construir una iglesia donde el Todopoderoso —para quienes ejercían el gobierno— también era político, organizador de guerras, tributario, mandamás e imagen idolátrica, y su centro, Roma, madre de todos los poderes, del juego de todos esos poderes.

Todos los caminos empezaron a conducir a la llamada Ciudad Eterna.

 

Johanna se convierte en Johannes Anglicus y “oficia” de sacerdote.

2

Una larga y peligrosa travesía fue la que recorrió Johanna para alcanzar los designios que ella, a partir de la postura de su fe y rebeldía, tenía previstos desde el momento en que salió de la casa parroquial de su mentor, obligada a convertirse en monja, escapar del monasterio donde duró poco tiempo por el maltrato recibido y disfrazarse de hombre —gracias a las bondades de una pareja que la acogió— para poder huir de las garras de los asaltantes de caminos. Los monjes eran respetados por quienes se dedicaban a atacar, violar y robar a mujeres y hombres que ambulaban por los caminos de esa tierra inculta. Con la ayuda de una pareja campesina no cristiana llega a otro pueblo donde la confunden con un esperado párroco en vista de que el anterior se había marchado de la comarca. Es así como Johanna se convierte en Johannes Anglicus y “oficia” de sacerdote en esa comunidad donde vive otras experiencias que casi la matan, toda vez que el señor feudal de la zona incendió la iglesia donde vivía por haberle llevado la contraria al procurar ayuda en granos para la siembra y vino para la alegría a los pobladores, todos víctimas del terrateniente apoyado por otros más poderosos carentes de nobleza alguna.

La figura de Michel de Hoffenlars, hijo de una pareja de cierta nobleza, la ayuda a trazar el sendero que había imaginado.

El destino de esta “fanática de Dios” era Roma, donde pretendía santificarse, estar más cerca del Altísimo.

Había nacido en la aldea de Ingelheim am Rhein, en la ribera izquierda del Rin, en la Alemania Carolingia, ocho años antes de la muerte de Carlomagno. Huérfana de madre desde el mismo momento de su nacimiento y de padre por abandono.

Eran los días en los que sacerdotes venidos de Francia e Inglaterra comenzaron a introducir el Cristianismo en ese territorio. A establecer la mano poco amable de una iglesia que estaba más cerca del poder terrenal que del celestial.

La anécdota, la historia de este personaje, obliga a los lectores a repasar la vida de quien existió como sujeto real que luego se convirtió en leyenda, quien como mujer llega a ser la primera papisa de aquella Iglesia católica que practicaba la persecución, los castigos corporales, los expedientes y juicios contra la herejía, contra la vida y recurría a la muerte de los infieles para dejar mostrar ejemplo de que Dios así lo mandaba. La eternidad en placidez divina estaba destinada a los poderosos, más allá de cometer todos los pecados del mundo. A esos poderosos se enfrentó esta mujer cuya vida sigue siendo históricamente un misterio, tanto que se convirtió en una ficción desbordante a través de La Papisa, la novela escrita por el narrador español Rafa Limones.

 

(***)

Mario Vargas Llosa, en su libro de ensayos La verdad de las mentiras, escribió:

La recomposición del pasado que opera la literatura es casi siempre falaz juzgada en términos de objetividad histórica. La verdad literaria es una y otra la verdad histórica. Pero, aunque esté repleta de mentiras —o, más bien, por ello mismo—, la literatura cuenta la historia que la historia que escriben los historiadores no sabe ni puede contar.

La historia que cuenta esta novela de Limones es la historia de los historiadores, pero con el añadido de la historia que el autor usa para que la ficción no sea una mentira, sino la verdad de su historia. En tal sentido, Johannes Anglicus es un personaje de ficción tomado de la realidad histórica, enriquecido por la imaginación del novelista, gracias al uso de un portento narrativo evidenciado en el ajustado diseño de los actantes, lo que permite, como afirma Vargas Llosa en un estudio del mencionado libro de ensayos, que “una vez empezado el libro, uno tenía la obligación de llegar hasta el final” por la tensión, lo que en este caso logra Limones con su escritura.

Todos los sujetos narrados y descritos juegan, en esta larga lectura, un mosaico de intereses: la hermenéutica de una presencia obligada por la misma historia. No sobran los personajes por ser un tejido en el que la misma historia se envanece de ser rica en matices, en acciones y datos que permiten al lector saberse en la historia real y en la historia ficticia.

El autor concibe su obra como un monumento porque las anécdotas, los rasgos y acciones, los mismos personajes como iconos, lo merecen. Ellos son un monumento, una representación de la riqueza expresiva de la novela de este escritor español, quien relata sin saltos espaciotemporales, como si se tratara de una mirada permanente, detenida, pero activa a la vez a través del desplazamiento del tiempo y el espacio recorridos tanto por los protagonistas como por los personajes secundarios.

El lector es la reencarnación de cada uno de los perfiles humanos que por esta historia transitan: los personajes poseen la fuerza que la historia real, la historia de los historiadores, ha podido conservar para que la ficción se muestre como una realidad superior a la oficial.

(***)

 

Personajes y lector se imbrican, viajan hacia el destino que escogió la futura papisa.

3

El carácter inicialmente manso de Johanna se ha ido tornando duro, agresivo. Altibajos en su ánima ponen en estado de alerta a su guía y protector en el camino hacia Roma. La permanente angustia de Michel, que no sea descubierta su identidad, provoca en ella una tensión que hace que el lector se detenga en la lectura para luego retomarla con más bríos.

Personajes y lector se imbrican, viajan hacia el destino que escogió la futura papisa. En el camino van dejando parte de sus vidas: en un monasterio donde los monjes son caníbales, sitio donde se escenifica una batalla contra el abad, un criminal vestido de cura, que dirige la cacería humana. Derrotado por Michel, cambia la forma de vida en el lugar mientras Johanna/Johannes sufre de fiebres y dolores. Al cuidado del caballero que la acompaña, la mujer que se hace pasar por monje sufre alucinaciones: he aquí que el narrador entra en otro estadio, en otro tiempo, en una suerte de profecía que conduce al personaje a desbocarse, a violentarse contra su protector algunas veces. Pero logra superar todos sus sobresaltos orgánicos y mentales y el camino hacia Roma inicia una nueva perspectiva: la ciudad la asombra, no deja tocar los muros, oler las calles, admirar los edificios, pero también ver con asombro la prostitución en las calles, la pobreza, la miseria, el dolor de los más pobres.

El encuentro con el Papa es una escena que el narrador relata con mesura, con el tacto preciso: la mujer confundida logra convencer al máximo representante de la iglesia de que es un monje instruido, políglota y curandero. El Papa, enfermo, acepta el acercamiento del monje: así comienza otra historia. Otra ficción que renueva la historia ya contada en otras obras, tanto en novela como en el cine.

 

4

El feudalismo era el sistema político dominante de Europa Occidental. Se asentaba en la descentralización del poder: en lo alto de la pirámide se encontraban los reyes o emperadores y en lo más bajo de la misma, los campesinos, que estaban sometidos a los nobles, los cuales estaban instalados en una posición intermedia de la jerarquía y ejecutaban su poder con autonomía e independencia.

Rafa Limones, La Papisa

Era Europa —la topografía espiritual— un paisaje oscuro. Una intemperie de desencuentros. Había que obedecer o morir. Obedecer a los mandantes o a la iglesia ciegamente; de lo contrario, la muerte. En ese mundo se movía la mujer, la joven mujer, que mueve los hilos de esta historia, de esta densidad narrativa que también mueve los hilos de los demás personajes, por la influencia que muestra ante su protector, pero también ante quien cree que se trata de un monje camino a Roma.

Los obispos y abades tenían en muchas ocasiones esos mismos derechos sobre algunas extensiones de tierra, dejando morar en ellas a campesinos libres que debían pagar a la iglesia tributos por la explotación de esos mansos.

Rafa Limones, La Papisa

Es decir, una iglesia casi esclavista, que podría criminalizar a quienes no obedecía sus mandatos, sus órdenes o estrictas normas de conducta, tanto sociales, comerciales como religiosas.

 

Johanna/Johannes se desplaza por un mapa, por una cartografía movible, trasladable, como un escenario ambulante.

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El personaje Johanna es producto de una anamorfosis. Es decir, es un sujeto de cambios, una creación que se desplaza de un género a otro. Una máscara. Un disfraz. Una presencia carnavalizada, revelada como texto, como escritura épica. La épica de su época.

Johanna/Johannes se desplaza por un mapa, por una cartografía movible, trasladable, como un escenario ambulante.

Pero también es un actante sintomático. Una muestra de algo que se tiene previsto va a suceder puesto que el mismo personaje es el suceso.

 

6

Roma: la herencia, el ombligo de una religión que desplazó el paganismo. Los dos hermanos que vaciaban, Rómulo y Remo, las tetas de la loba, suerte de Caín y Abel, porque también fueron protagonistas de homicidios. Roma: centro del mundo cristiano. El imperio que mata a Jesús es ahora el imperio que acoge su ideología.

Roma: la búsqueda porfiada, fanática, de la mujer que sería factótum en un momento de crisis —aunque permanente— de aquella iglesia católica.

En medio de tribulaciones, el personaje logra insertarse en el seno de la iglesia romana y formar parte del equipo de confianza del papa León IV. Enfermo éste, llagados su escroto y su pene, Johannes lo cura y de esa manera se acerca más al hombre más poderoso del catolicismo.

En un ambiente enrarecido, en medio de la pobreza callejera y el lujo de la iglesia papal, Johannes se gana la confianza de muchos de los que lo rodean, pero igual de sospechas, inquinas y manipulaciones de sectores de esa cúpula religiosa. Cuenta con el apoyo de la Guardia Papal.

Un poco antes de morir León IV dejó un escrito donde Johannes es consagrado como arzobispo y con poderes que derrumban las ambiciones de otros con el mismo cargo.

Roma entonces, entre rezos y maldiciones, es un caos de muerte, de manipulaciones, de odios encontrados, de opiniones. Johannes reza y pide consejos.

Se avizora una lucha a muerte por el papado entre Johannes y otros aspirantes que manejan la violencia, la ambición de poder en nombre de Dios. La novela relata esta historia con verdadera fruición, con la densidad que precisa un evento histórico tan relevante como este y que el autor convierte en ficción fascinante.

 

El otrora monje, el otrora obispo, el que fue designado arzobispo, entre discusiones, traiciones y muertes, se convirtió en el Papa.

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El tiempo —ese personaje a veces indeseado— corrió por el mundo, por aquella tierra que era y no era Europa sino Roma, centro de todos los desafíos. El otrora monje, el otrora obispo, el que fue designado arzobispo, entre discusiones, traiciones y muertes, se convirtió en el Papa, pese al supremo esfuerzo de sus enemigos que lo calificaban de antipapa, porque en otro cónclave se designó a otro como tal. Pero el tiempo, tan dado a dar sorpresas, permitió, gracias a eventos en los que participaron las órdenes reales, que Benedicto III, la Johanna de antes, el Johannes Anglicus, fuese la primera mujer vestida con los ornamentos de Papa.

La voz del narrador no dejó resquicio que revisar. El tiempo, el ficticio de los personajes, se descorría lento, mientras que el tiempo que usaba el narrador, entre saltos espaciales, hilaba las acciones de quienes protagonizan esta extensa escritura de Limones.

Y ese tiempo, colmado de traiciones, guerras, sangre, miseria, poder y locura, permitió igualmente que ese Papa, que era mujer y poca gente lo sabía, fuese violada por un cónsul borracho en la misma casa papal. Y el tiempo, asido a la gravedad del hecho, mostró los golpes, heridas y desfloración del personaje femenino vestido de monje, de obispo, de arzobispo y de papa.

Todos los reyes “la” habían confirmado Papa. Pero luego la fuerza de la ambición, el vicio del violador provocó que ese papa se embarazara. La tensión creada por el narrador no deja duda: hay que seguir leyendo, hay que seguir con el relato hasta el final, cuando Johanna es descubierta mientras bendecía un evento popular, toda vez que le dio por parir en público. Un niño salió de su cuerpo. El niño fue acuchillado y ella apedreada, arrastrada por caballos. Asesinada por el fanatismo. Enterrada en un cementerio secreto junto con la criatura.

Sus protectores también desaparecieron. El tiempo se los llevó y la muerte y el extravío comenzaron a protagonizar el silencio.

 

(***)

Nota aparte

De esta historia, películas y novelas, relatos, cuentos y recuentos.

La Iglesia Católica, ese tejido de indelicadas conductas, la iglesia de esa época y de otras que dejaron huella en los años 800, mantiene sus muros en el mismo lugar, Roma: desde ese instante la historia es otra.

Alberto Hernández
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