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La valija, de Amalia Decker M.

jueves 24 de noviembre de 2022
“La valija”, de Amalia Decker M.
La valija, de Amalia Decker M. (Kipus, 2022). Disponible en la web de la editorial

La valija
Amalia Decker M.
Cuentos
Grupo Editorial Kipus
Cochabamba (Bolivia), 2022
ISBN: 978-9917-32-023-4
152 páginas

1

¿Cuentos, asomos de novelas? La narradora, quien ofrece su voz para hacerse personaje, abre un baúl, un cajón donde guarda sus historias, su vida, su destreza memorial, sus luces y sombras, los distintos viajes y aventuras, unas riesgosas, otras sublimes, por miradas y sacudidas de quienes la acompañan en estas páginas tituladas La valija, publicadas por el Grupo Editorial Kipus, en Cochabamba, Bolivia, 2022.

El lector podrá decidir si se trata de cuentos o de novelas en ciernes. La valija está dividida en cuatro libros en que los personajes tienen perfiles parecidos. Son actantes que conjugan sus vidas íntimas con la historia del país donde viven, Bolivia. Se trata entonces de un libro caleidoscópico que busca y encuentra en cada sujeto lo que representan y lo que esconden, aunque la sintaxis y la redacción no sucumben al experimentalismo: son relatos que realmente cuentan, sin desviarse del tiempo: una linealidad que atrapa al lector y le mantiene atado a cada movimiento, a cada desplazamiento, diálogo o descripción que nuestra autora revela con oficio, con determinación.

Este libro es materia de lectura en tanto lectura para un libro. Es decir, ha sido escrito con la idea de que no se pierda nada, que todo lo contado ha sido forjado por una realidad incuestionable: la ficción es la única realidad que puede ser habitada por personajes de distintos modelos sin tacharlos de falsos. Se trata de una antología de comportamientos.

Una valija es un reservorio de secretos. De recuerdos, de misterios, de pecados y milagros. Una valija es una caja —como la de Pandora— que puede albergar peligros, pero también salvación. Una valija es un baúl antiguo generalmente donde reposan las historias, los fantasmas del pasado, los yerros de un presente a punto de convertirse en futuro o en pasado, porque el tiempo se mueve a su gusto.

Amalia Decker M. cuenta sin necesidad de apelar a búsquedas que quebranten su lenguaje. Sabe contar sin ataduras: sus cuentos con asomos de novelas que precipitan al lector a convencerse de que está ante una memoria que cuenta mediante la conjunción de narraciones, descripciones, diálogos y monólogos precisos. Y en algunos el lector podrá advertir un acercamiento poético.

Son varias las voces que peregrinan por estas páginas. Varios los tonos, enriquecidos por el fervor de los cambios, por los viajes, por los amores que se extravían. Por los odios sociales y políticos que forman parte densa de la memoria histórica de Bolivia.

 

Es la novela de la conspiración, la novela de la pesadilla revolucionaria, la del arrepentimiento por los errores cometidos en medio de la violencia guerrillera.

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El primer libro, “Pasados por el tamiz del tiempo”, para este lector se trata de una novela. Es la novela de la conspiración, la novela de la pesadilla revolucionaria, la del arrepentimiento por los errores cometidos en medio de la violencia guerrillera. Es la novela de una suerte de “Tania” (la que acompañaba al Che Guevara en su incursión boliviana) que pasa un tiempo de entrenamiento en Cuba, tierra de la que se trae las críticas a esa realidad absurda, ideológicamente dislocada, luego de formar parte de grupos que volverían a Suramérica a hacer la revolución.

“Yo era fan de la guerrilla del Che”, afirma la voz del personaje. La voz.

Son “aprendices de guerrilleros”, como cuenta Marcela, la voz cantante y actuante de esta primera incursión narrativa de Amalia Decker M.

De esta suerte de novela se desprende la “fe ciega”, el mito de tomar el cielo por asalto. Pero también la crítica al machismo de quienes formaban parte de esas células que en Cuba se entrenaban. Marcela es cruda al decir, al contar su experiencia. Nos dice de la violencia de los atentados, de los disparos para hacerle frente a la dictadura militar. La Paz, la capital de Bolivia, sería una suerte de campo de batalla. También estremece saber de la locura de Sofía, quien también está en la línea de las revueltas. “La cara oculta de la revolución”, así lo expresa la narradora, para redondear todas las adversidades provocadas por un hombre llamado Fidel Castro.

“Creíamos que éramos invencibles… Y, en realidad, ya estábamos vencidos”, expresa el personaje. Y así, “comprometidos con la muerte”, el fracaso, la pérdida, la desilusión. La duda, la revolución como estafa. La obediencia ciega trae más ceguera, porque “ser guerrillera” obedece a “un desafío macabro”.

La vida en Cuba de la aspirante a guerrillera le permite saber del oficio de las jineteras. Saber cómo viven los cubanos: en la miseria, en casas en ruinas. Todo un retrato crítica a Fidel y su revolución, de “la rigidez de sus creencias”.

 

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En el segundo libro, “Querencias”, la autora se sumerge en los recuerdos del amor pero, asimismo, no deja de hablar de las miserias de su país. Dos personajes ambulan por estos parajes: Enrique y la memoria de Lea. Un relato de idas y venidas, de desapariciones de una mujer que siempre regresaba. La infidelidad, el matrimonio, el erotismo.

El tejido narrativo insta al lector a no salirse del cauce de las distintas anécdotas donde los actantes se mueven.

El tercer libro, titulado “El Edén”, muestra el bajo mundo, el de la prostitución, el narcotráfico, la cárcel del personaje Eva, una suerte de doña de la droga y quien maneja el paraíso de los negocios turbios. Y su hermana, quien sucumbe ante la realidad y se convierte en parte de lo que ha sido su delincuente hermana, quien trata de sacarla de ese lugar, El Paraíso, un prostíbulo donde se reúnen los más poderosos de la población. La putería como tema, en el personaje La Muda.

El tejido narrativo insta al lector a no salirse del cauce de las distintas anécdotas donde los actantes se mueven.

El cuarto libro, “Inventando ciudades”, es el de la ensoñación, el de los sueños. Texto onírico en el que aparece la referencia de Sor Juana Inés de la Cruz como inspiradora.

En este relato no dejan de estar presentes la violencia, las heridas del tiempo, la ciudad y las pesadillas.

Calles, nombres que podría imaginarse el lector, están detrás de estas ciudades que crecen en la imaginación de quien cuenta, de quien descuenta, de quien calca o borra.

 

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Cerrada la valija, el lector queda con el deseo de seguir leyendo. El baúl viejo, el que no tiene edad, el que se abre con premura o lentamente, contiene muchas sorpresas.

Amalia Decker M. nos ha dejado con un buen sabor de boca. Sus cuentos, con ganas de ser novelas, tendrán todos los lectores que ella se merece.

Alberto Hernández
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