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De estrellas y cometas y otros relatos, de José Campione Piccardo

jueves 14 de marzo de 2024
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José Campione Piccardo
José Campione Piccardo es un narrador que bien merece la lectura de todos los hablantes del castellano.

“De estrellas y cometas y otros relatos”, de José Campione Piccardo
De estrellas y cometas y otros relatos, de José Campione Piccardo (Editorial Artística, 2021). Disponible en la web de Librería Las Américas

De estrellas y cometas y otros relatos
José Campione Piccardo
Cuentos
Editorial Artística
Gatineau (Canadá), 2021
ISBN: 978-9974-722-51-4
190 páginas

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Estamos ante un maestro del relato. Estamos frente a unos textos que fulguran por la belleza, la composición y la manera de escribir en castellano. Estamos frente y ante un libro de relatos en los que la poesía traspasa los significados. Es decir, para contar estas historias su autor, el uruguayo radicado en Canadá José Campione Piccardo, se hizo de la magia verbal para crear una de las más fascinantes creaciones literarias de nuestra lengua. Sin ánimo de pasar de exagerados, se trata, definitivamente, de un compendio de aventuras de la imaginación en las que el escritor desbordó toda su creatividad para entregar a los lectores un tesoro de sonidos que se enlazan hasta constituir un mundo de atracciones, toda vez que todos los veintiséis corpus que aquí se nos revelan conforman y confirman la maestría de quien ha sabido pasearse por las estrellas y los cometas de las palabras, y de esa manera construir un edificio que bien podría ser leído también como una novela en la que los temas se mueven instados por la fuerza de los verbos y la belleza de las descripciones, atadas a una narración en la que algunas palabras forman parte de un universo poco destacado en las líneas de otros autores.

Éste, José Campione Piccardo, es un narrador que bien merece la lectura de todos los hablantes del castellano, así como de quienes se sientan complacidos por las diferentes traducciones a los tantos idiomas que sean posibles.

Quien esto escribe no tenía idea de quién era José Campione Piccardo, y confieso que una vez tomado por la cola el primer cometa, la metáfora del intento se convirtió en una ofrenda en la medida en que cada línea pasaba ante mis ojos, que podrían ser los ojos de muchos lectores, los que ya han tenido la alegría de haber leído esta extraordinaria aventura literaria que enorgullece a quien lo escribió y también a quien lo tenga entre sus manos como, de nuevo, una ofrenda al idioma con que traza el universo de su invención.

 

La palabra fabrica los “relatos de fantasía”, de esta manera, como lo afirma el crítico, es “poesía disfrazada de narrativa”.

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Cada relato descubre su poder, el de saberse lenguaje puro, belleza idiomática, como una aventura, un viaje redondo en el que los personajes se convierten en el mismo lenguaje. O son el mismo lenguaje. La palabra fabrica los “relatos de fantasía”, de esta manera, como lo afirma el crítico, es “poesía disfrazada de narrativa”.

Una voz elíptica, marina, un relato, el primero, donde la poesía se posesiona de la misma aventura en un “efímero presente”. Y el viaje verbal, salino, continúa en “Federico C” entre Génova y el Río de la Plata: el lector entonces descubre la geometría de la ciudad de Montevideo. Y no basta el puerto, porque la ausencia, el “retorno imaginado” esconde otras historias terribles del pasado.

El tercer relato, “Arando”, cambia el paisaje. Es un tributo a la tierra. Un personaje sin habla, mudo: era el lugar el que hablaba. Oía y por eso “pensaba sólo por ser”. Y así, el tiempo, ese entrometido, que va y viene, en un bus, y los cajones blancos donde se presumen la muerte y el rostro de unos niños muertos.

El cuarto relato, “¡Eso no se hace!”, contado en primera persona por un narrador interno —paradójicamente omnisciente y que quizás no sea humano— y luego, al final, pluralizado, mientras un mendigo era el silencio.

Hay una suerte de teoría científica en “Crimen en las alturas”, un juego de atmósferas: la teoría de la gota, su ruta, su pesquisa, la lectura de un texto y un golpe mortal. El narrador comienza y termina con las mismas palabras.

“La piedra clave” establece el dolor de una joven. La enfermedad que no aparece. Y la metáfora de Molière (Jean-Baptiste Poquelin) en El enfermo imaginario. La burocracia como tema (Onetti se asoma para este lector) y se diagnostica el “síndrome de agotamiento”. El absurdo: ¿esperando un diagnóstico como a Godot?

El que le sigue, “Decisión parlamentaria”, se concibe tan absurdo como el anterior: la burocracia, la inutilidad de los políticos en acción invisible: una crítica a la violencia perpetrada por los fanáticos del fútbol, pero también a quienes no encuentran cómo detener esa secuela producida por el fanatismo. Y un juego de consonantes que el lector sabrá disfrutar como una salida infantil de quienes tienen el poder en sus manos. Aquí la locura es parte de la comicidad diaria.

 

Metáfora de la libertad, que denuncia la tortura, el exilio, el encierro procurado por un régimen de los tantos que han mancillado la existencia de América Latina.

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La lectura nos lleva a “La peonía”, donde una pareja vive el jardín de su casa, en medio de la fe y una gata merodeante. Hasta “El tercer candado”, metáfora de la libertad, que denuncia la tortura, el exilio, el encierro procurado por un régimen de los tantos que han mancillado la existencia de América Latina. El candado, el descaro.

“El retorno” nos avisa de la vuelta a la patria luego de una ausencia autoimpuesta. Atrás quedaba la dictadura. Atrás quedaban el dolor y la muerte. El regreso nos dice mucho con este fragmento: “Toda la vida que en ese momento dejaba atrás no habría servido más que como improbable prólogo para ese viaje de total incertidumbre hacia el futuro”. Tanto Onetti como Galeano surgen como personajes referenciales. No obstante: “Yo volvía, pero con menos urgencia y dramatismo”, frente al llanto, el dolor o la alegría por el reencuentro. Un regreso temporal que se convirtió en el aeropuerto en una situación tragicómica que el lector sabrá interpretar con desazón y una sonrisa. Una “Turbulencia” destaca el detalle de un vuelo. Entonces, advertimos que estos relatos califican como aéreos y acuáticos y tan terrestres por la llegada o la partida de los personajes, como “Leonardo”, quien se debate entre bestias y ensueños. O una realidad que se traduce en la fantasía de una alegoría anticorporativista.

“Catástrofe” es un atisbo matemático, que nos lleva a la cita siguiente: “Sabía que una emoción fuerte podría ser —antes bien, sería— una verdadera catástrofe”. Escapado de cualquier asomo que tuviera que ver con el hubris mundano, el personaje recurre, ayudado por el narrador, a referentes intelectuales que describen la belleza anatómica de una mujer o, al menos, la síntesis de una idea que destaque la presencia de un sujeto animado por esa descripción ante los ojos de Artemio, todo basado en el doble sentido de la palabra “catástrofe”.

En el siguiente relato, “Palabras”, se lee: “El poder de las palabras es tal que, a veces, aunque no se sepa lo que se dice, y tampoco lo que se oye o lee, por la alquimia y magia del cerebro humano se termina logrando un mismo efecto plural…”. No queda más que agregar ante esta afirmación. Las palabras son un espacio espiritual o material, una geografía: “El país me tenía harto. (…) la constatación del retorno y el florecer instantáneo del recuerdo” avivan la herramienta verbal como si se tratase de un viaje.

“La violación de Octaviano”: un eco del pasado remoto romano. Una biografía de la historia y una alegoría de la tragedia del Antropoceno.

Y así se allegan “Rompecabezas” —una sátira que toma como base la mercantilización del arte—, “La ascensión” —un condenado a muerte atisba caminos y acontecimientos fuera del tiempo—, “Solsticio de verano…” —tiempo para la cosecha y la tragedia—, “La hormiga” —una reflexión sobre el infinitesimal espacio de cada ser vivo en el universo—, “La bienvenida” —una fábula sobre la prostitución de las ciencias en aras del capital—, “La partida” —siempre el comienzo siempre—, “El sabiá” —un ave da un mensaje definitivo como el de aquel cuervo de Poe—, “Divina comedia” —una metáfora del Dante y las aventuras de sus personajes, de los que se añaden a la imaginación de nuestro autor—, “Reencuentro” —sobre las emociones que pueden incubarse en la ausencia—, “Gualiche sepé” —una voz fantasmal que cuenta el genocidio desde la perspectiva de los ultrajados— y “Compositor de cuentos”; en este último se nos dice: “Componía cuentos en castellano (…). Eran textos que intentaban capturar aquellos caóticos conceptos de ideas entrelazadas, pero más eran textos con una intención de memoria emocional, de mover, de estremecer a quien así los creaba no sólo con las ideas que intentaba capturar, sino con sus significados múltiples, sugeridos por asociaciones de todo tipo, por sus ritmos, sus sonoridades (…). Por ello, escribía”.

¿Un cuento autobiográfico, la biografía de una manera de escribir?

Aquí quedan estas palabras para este magnífico libro, para esta magnífica aventura literaria.

Cómo adquirir
De estrellas y cometas y otros relatos,
de José Campione Piccardo

Edición original en Canadá:
Librairie Las Américas
10 Rue Saint-Norbert, Montréal, QC H2X 1G3, Canada
Tel.: +1 514-844-5994
Web: https://lasamericas.ca

Reedición en Uruguay:
Librería A Puro Verso
18 de julio 1199, esquina Cuareim
Tel.: (+598) 29 016 429
Web: https://www.puroverso.com.uy

Alberto Hernández

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