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Sesus Interruptus, de Sam Tripton

jueves 28 de marzo de 2024
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Sam Tripton
Sam Tripton aborda el absurdo y la provocación literaria en este largo poema novela o novela poema que es Sesus Interruptus.

“Sesus Interruptus”, de Sam Tripton
Sesus Interruptus, de Sam Tripton (2024).

Sesus Interruptus
Sam Tripton
Novela corta
2024
ISBN: 9798876293145
100 páginas

Nos gritan que el insomnio
Es tierra de exilio, sin leopardos ni ríos.
(…)
Yo me identifico, a menudo, con otra persona que no me revela su nombre
Ni sus facciones…
Juan Sánchez Peláez
Todos los seres son yo mismo…
Un hombre al sacarse el sobretodo provoca la desaparición de otro
y el otro al sonarse las narices hace pensar en 4 vientres fecundados
por la fertilidad de las traducciones latinas…
Aldo Pellegrini

1

El lector es asaltado, desde el comienzo, por la locura, esa que nos advierte Roberto Arlt en el epígrafe (“Todo esto es una locura posible”) que usa la autora para desarrollar esta “metástasis del verbo” donde todo es posible. El lector, no avisado por lo que encontrará en estas páginas, comenzará a hilar un sueño, una suerte de viaje por miles de imágenes que lo envolverán y lo convertirán también en un sueño.

El lector deja de ser lector para convertirse en el yo suculento de quien habla desde tantas ramificaciones que conducen a muchos laberintos verbales, en los que a cada instante el asombro del absurdo inclina al curioso a seguir adelante como si se tratara de un viaje sin escalas.

Sesus Interruptus es una gran provocación literaria. Un enjambre de voces que maravillarían a los surrealistas. Oraciones, en las primeras páginas, donde no hay comas, sólo puntos y seguidos. Escribe de corrido, como un desaforado, atado a esa cama o lecho de Procusto que le permite al personaje (¿podríamos llamarlo así?) viajar con sus propias invenciones arbitrarias y así “acomodar la realidad a sus intereses o a su visión de las cosas”. Digamos que estamos, como afirma el autor argentino de Los siete locos en el epígrafe que abre el libro, ante una bella locura de la cual se desprenden miles de proposiciones literarias, creaciones que ahogan al lector placenteramente para luego dejarlo a la orilla de un gran lago de palabras, todas abiertas a ser interpretadas de acuerdo con el sujeto que las piensa, que las revela: Miguel Fugit, quien se ha fugado de la realidad sin ser Miguel, pero también siéndolo y proyectado en otro a quien llama José López, suerte de fantasma como él mismo, como el mismo narrador o como la autora, que nos lleva de la mano por ámbitos donde todo es posible.

Miguel Fugit siempre está huyendo de quien lo descubre, de quien no lo nombra, de quien es su yo mismo.

Este experimento, esta osadía, es una suerte de viaje por múltiples lugares de las palabras, porque ellas, las palabras, son usadas como objetos de valor en tanto en cuanto revelan su poder a través de las imágenes que emergen de la boca de quien las produce, de quien las labra para que unos personajes fantasmas sean un yo que no deja de ser. Siempre allí, en primera persona, desdoblado en él mismo, sujeto a una “realidad” que lo inventa desde los sueños, desde un largo sueño, desde una surrealista conversión: Miguel Fugit siempre está huyendo de quien lo descubre, de quien no lo nombra, de quien es su yo mismo.

Una vez en el interior del libro, de esta Moby Dick de voces, por la inmensa desvertebración de los significados, el lector es un extravío que se encuentra, que se va encontrando gracias a las peripecias de las palabras por ellas mismas, per se, por su calidad imaginativa, por la invención desde ese yo inmancable que no deja de ser él mismo, aunque muchas veces se niega.

 

2

Poema novelado o novela poemada, nuestra autora es una máquina de elaborar metáforas, la misma máquina que arbitra la interrupción de su seso, de su pensamiento, y lo convierte en una factoría de recreaciones donde se perfila como tema central el ajuste de la semana. Es decir, el dislocamiento del tiempo. Desde el primer instante de la lectura se siente, se nota, se palpa que “la semana no es redonda es puntiaguda. Los lunes pullan como fin de espiral de cuaderno…”. He aquí, entonces, que estamos frente a un juego donde la presencia surrealista desvela a quien sueña desde la imaginación desbordada con imágenes sorprendentes, como ya hemos dicho.

La voz del narrador/personaje lo admite así: “La memoria es una bola de disco”.

Cada capítulo de este trabajo es un agregado autónomo. Y desde ellos se desprende la metástasis, la contaminación que se hace historia con la aparición, por vez primera, de Miguel Fugit, aunque José López se asoma como un referencial cercano al primero, pero no mellizo.

Cada intertítulo es una especie de vagancia sensorial, mental, sesuda, interrumpida por el tiempo que el mismo personaje quiere crear. Y se borra y desconoce desde su propio yo, para luego afirmarse:

Pero aquí no hay nadie. Sólo los payasos. Que son todos yo.

Más adelante:

Hoy es martes (…). Dos números enteros incompatibles se dividen y resulto yo.

Novela poética: se advierte en el uso de las imágenes, en la libertad plena para elaborar un texto que se expande y no tiene un final cerrado. Todo poema es interminable. Toda novela es la continuación del silencio. He aquí la manera de abordar la “realidad”: desde una metáfora, desde un símil, desde la exageración… desde el todo que se incinera en “la oficina crematorio de Miguel”.

Para darle un poco más de “verdad” a este viaje onírico, nos entrega el narrador/autora una entrevista que nos revela el absurdo del mundo. O el mundo del absurdo. La poética de la locura o la poética de los sueños.

¿José López será acaso un ectoplasma o un reflejo de la inteligencia artificial?

 

Toda imagen es posible en este ambiente, en esta herramienta literaria que nos acosa, que nos conduce por diversos senderos.

3

El tiempo es la suma de todos los personajes, visibles e invisibles que por aquí transitan. Estirar la semana, crear un superdomingo, recrearse en el jueves, ambular por el viernes, quitarse la ropa el sábado. Toda imagen es posible en este ambiente, en esta herramienta literaria que nos acosa, que nos conduce por diversos senderos. Así, el tiempo trastocado, la supersemana, y de pronto, varias veces, Bolaño, aquel poeta salvaje que atina a moverse como pez en el agua en esta aventura verbal. Y esta insistencia: “Yo no era yo. De pronto me había creado de cero”. La matemática del yo envuelta por la cábala, la numerología, los astros revelados y Míster Invisible, el personaje del autor chileno.

Una invasión de moscas, personajes fecundados por la memoria, generados, ojalá, por las de Monterroso, significadas en el mundo de afuera, y no dejar de rendir cuentas a José López todos los domingos, “mi mejor torturador”, quien “me ha robado mi creación (…) el tiempo que creé”.

Por eso, “el cero soy yo” y “José López no es IA. Es un parásito humano que vino a estirarnos la tripa del tiempo para hacernos perder la razón”.

Miguel sigue en sus cavilaciones: “Las cavilaciones de un loco”.

Toda una distopía reflejada en los surcos del sueño. La realidad, entonces, es un epifenómeno, un contexto, un entorno: lo demás es imaginación, tiempo que discurre incompleto.

Hay quien dice que yo he inventado a José López (…). Igual me han inventado a mí.

Y despliega una definición:

En los sueños, los pensamientos se manifiestan como imágenes. Pero el tiempo no piensa. A menos que se lo pidamos.

 

4

El absurdo, como una porfía, porque el mundo es así, alocado, desquiciado. Todo es simbólico. Y ese todo contenido en un libraco, en el breviario de José López. Un momento nostálgico es el recuerdo de la casa de la abuela, único referente donde se puede saber de un Miguel familiar. Una especie de “mamiferia” cuando se reunían.

Y duda: “Y si Dios me ha invitado como comentarista a su sueño y llueve cuando tiene ganas de orinar algunas cosas se aclaran pero otras no”.

Esta gran metáfora de la confusión, esta novela caos, continúa su férrea crítica desde un imaginario pleno de imágenes.

Divagancias. Preguntas a la historia, vueltas y vueltas: “¿Dónde están los héroes del siglo 21? ¿Dónde está el siglo? ¿Dónde está el tiempo?”. Una crítica que podría sopesarse como un guiño al caos de estos días. Y sigue: “El mar la sopa que nos hala, sudor de Dios”.

Y vuelve a la idea de eliminar los lunes, porque “¡Quizás así termine mi desgracia! (…) El mal mental de la humanidad”.

Esta gran metáfora de la confusión, esta novela caos, continúa su férrea crítica desde un imaginario pleno de imágenes, de sensaciones que van más allá de lo normal: la tradición queda atrás, el tiempo habla. Es una escritura totalitaria. Los abarca todo, pero siempre estará Miguel afirmando: “No hablan de quien piensan que soy. Hablan de una construcción que han realizado a la que han puesto mi nombre”. Y luego lo niega.

¿Habla Miguel con el narrador, con la autora, como un eco extraído de la misma irrealidad?

Se dice: “ser yo nuevamente”. Es decir, cambia de personalidad, muta, como el tiempo.

El suspiro de alivio fue por la libertad de poder ser yo nuevamente. Y allá afuera que se quedaran con mi yo ficticio.

Un juego donde lo real y lo ficticio se cuestionan o se encuentran, en un reclamo alucinante. “Yo no soy un bicho raro, sólo soy Miguel Fugit”.

¿Qué no puede haber en un sueño que no esté en este ¿libro?

Acostado, atado, en el lecho de Procusto se afina la norma arbitraria de acomodar la realidad a su personal interés o a su visión de mundo. El personaje, ese Fugit que no se detiene, pone en duda si esto es un libro, porque quien habla desde el narrador/narratario es también el personaje/fantasma que nos lee, que nos inventa desde las páginas de este compendio de imágenes, de este largo poema novela o novela poema escrito por Sam Tripton, quien también es Christine Palmer, quien dice haber nacido en Maracaibo el 27 de julio de 1988, egresada de la Universidad del Zulia como economista, y quien ha publicado poesía y cuento y actualmente vive en la Florida en Estados Unidos.

Estas trece instancias que ha escrito “fugazmente” su autora y ha vivido eternamente Miguel Fugit, porque la escritura nunca termina porque ya no es un libro, han sido vertidas a través de un tiempo recreado, imaginado, inventado, estirado.

Y que el colorín colorado permita admitir que Sesus Interruptus continúe su rumbo mientras los personajes cambian de máscaras y de imaginarios en provecho del lector que sueña con viajar junto con ellos.

Del insomnio se encargarán los astros.

Alberto Hernández

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