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El Carnicero de Lyon, de Manuel Lasso

domingo 5 de mayo de 2024
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Manuel Lasso
Sin saberlo, durante su niñez Manuel Lasso fue vecino en Chosica, Lima, del criminal nazi Klaus Barbie. De ahí la veracidad de su narración en El Carnicero de Lyon.

“El Carnicero de Lyon”, de Manuel Lasso
El Carnicero de Lyon, de Manuel Lasso (Milabar Works, 2012). Disponible en Amazon

El Carnicero de Lyon
Manuel Lasso
Novela
Milabar Works
Lima (Perú), 2012
ISBN: 978-0985877019
178 páginas

Que el hombre moderno pudiese convertirse en nazi: esta es la esfinge que desafía a todo moralista y psicólogo de nuestro tiempo.
Harold Rosenberg

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Como personaje de una ficción, Klaus Barbie es tan real como la historia de la cual emerge.

Manuel Lasso se vale de su imaginación para retrotraernos a un pasado/presente en el que el mencionado Barbie agita nuestra memoria, toda vez que se trata de un sujeto que, como hicieron muchos nazis alemanes escapados de la justicia, arribó a Hispanoamérica y se mimetizó por un tiempo con la población civil, lo que hizo revivir pesadillas ajenas.

El Carnicero de Lyon es una novela muy bien enhebrada: construida sobre la base de un suceso que conmovió al mundo y que convirtió en protagonistas, no sólo a los torturados sino también a los torturadores que Adolfo Hitler puso a la disposición de su maldad.

El mencionado Klaus Barbie, un veterano torturador de las SS, que se escondió detrás del nombre de Klaus Altman, un nombre judío, disfrutaba al golpear y asesinar a los que, según el Führer, pertenecían a las razas no arias y por lo tanto considerados inferiores, vivió una larga y primera parte de su vida disfrutando del dolor de la gente inocente, de seres a los que había que extraerles “verdades” para luego convertirlos en despojos humanos.

Desposeído de toda humanidad y piedad, con los ojos volteados por el placer de maltratar a otros, mientras que las melodías de La cabalgata de las Walquirias se escuchaba a todo volumen, este torturador formó parte de la distópica veneración de un proceso que marcó para siempre al mundo entero. Los seres humanos también podían actuar como horripilantes bestias.

Sin saberlo, durante su niñez Manuel Lasso fue vecino de Klaus Barbie en Chosica, Lima. De ahí la veracidad de su narración.

Pero el “Carnicero de Lyon” es también sometido al escarnio por imágenes que se le aparecen como loros parlantes, duendes, y fantasmas que lo hacen ver como la personificación de todos aquellos que se dedicaron a matar, torturar y marcar a judíos y no arios, para satisfacción y honra del máximo jerarca del Tercer Reich.

Sin saberlo, durante su niñez Manuel Lasso fue vecino de Klaus Barbie en Chosica, Lima. De ahí la veracidad de su narración. Estamos frente a un excelente narrador que ha sido testigo presencial de un personaje de la historia. De ahí su importancia. Su ficción, dominada por el reflejo de la realidad conmovedora de la ocupación de Francia por las tropas alemanas, muestra a la Gestapo concentrándose en Lyon, ciudad en la que Klaus Barbie y sus compinches ponen en práctica todos los mecanismos de tortura aprendidos en la escuela de Berlín y otros antros donde los nazis cultivaron con fervor el odio más profundo contra la humanidad.

De allí que la primera parte de la existencia de este personaje medular, a veces narrador, y a veces narratario, haya estado dedicada a someter a través del martirio a los que él consideraba como enemigos de Adolfo Hitler.

En veinticinco estancias nuestro autor nos cuenta las aventuras de este hombre que, luego del fracaso de la barbarie hitleriana, se instala en el Perú y en Bolivia, donde llega a trabajar con la dictadura de turno y continúa con su enfermiza práctica de la tortura de luchadores revolucionarios.

Son muchas las anécdotas que cubren la sombra de este personaje. Muchas las acciones ejecutadas por quien es objeto de una brillante novela que mantiene al lector pegado, desde la primera hasta la última página. Es una novela sin saltos: coherente, limpia, dolorosa, adherida a lo que la historia real nos enseñó, escrita desde la ficción con una carga de realidad abrumadora. Una excelente narración. Nadie deberá leer esta novela sólo por ser la descripción de un nazi que frustró el avance de las fuerzas revolucionarias en Hispanoamérica sino porque se trata de una obra literaria ejemplar. Sólo el que la lea podrá confirmar este enunciado.

 

Sujeto predestinado, como todo criminal, Klaus divaga y se refleja en los espejos de su maldad. Hitler es su retrato y él es el reflejo de Hitler.

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Klaus llega a Lyon y allí establece su escenario, donde practica todos los métodos en los que es un maestro: golpizas, electrocuciones, quemaduras, ahogos en lavatorios de agua, y amenazas a la familia del torturado. Una vez extraída  la información, mata a sus víctimas de un balazo en la nuca y las hace arrojar a la calle como estropajos. Luego se va a disfrutar con su amante de los deliciosos platillos de la culinaria francesa como si nada hubiese ocurrido. Un sociópata genuino. Locos y extraviados, los torturadores conforman un colectivo de personajes a quienes, con el tiempo, se les aparecerán en sueños, para recriminarles por sus crímenes, algunos de sus jerarcas militares de las SS y hasta personajes del antiguo Imperio romano, sus enemigos tradicionales. Es decir, ya el futuro lo ha alcanzado, mucho antes de llegar a Suramérica. Sujeto predestinado, como todo criminal, Klaus divaga y se refleja en los espejos de su maldad. Hitler es su retrato y él es el reflejo de Hitler.

Al ritmo marcial de la Blitzkrieg siguen las marchas militares con los ojos cerrados y con la muerte a su lado. Oye los tanques Panzer entrar a Francia, a Lyon y a París; mucho antes, a Polonia. Y la disipación: Odette, la hembra que lo fascina y que lo visita para hacer el amor con él frente a los torturados. Los nazis viven borrachos de poder, celebrando de fiesta en fiesta, mientras que el pueblo francés vive aterrado y con hambre. Mientras tanto, otros sujetos reales lo acosan: el alcalde de Oyonnax con sus maquis y Fritz Harteck, otro nazi que forma parte de su ordalía. Pero la resistencia francesa los tiene acorralados. La fuerza aérea inglesa los bombardea. Igual, la norteamericana. El sueño ario comienza a derrumbarse como un edificio demolido. La marsellesa se escucha en las calles. La muerte de un torturado lo perturba porque éste se lleva mucha información a la tumba. Lyon es un polvorín. En medio del alboroto, la pesadilla del coronel Harteck lo abruma.

El recuerdo de su amante francesa embarazada, a la que ha asesinado para no dejar rastros, lo amilana. Klaus enloquece y sus comandantes le aconsejan desaparecer de Alemania inmediatamente. La danza de la muerte tiene su escenario propio.

El “Emperador de Berlín”, Otto, en un sueño erótico. La locura de algunos y de muchos. Un acoplamiento entre hermanos: Gerda. Se quema el retrato de Hitler. Berlín es bombardeado. Hitler muere junto a Eva Braun y lo mismo le sucede a Goebbels y a su familia. Los fantasmas bailan en la imaginación de los asesinos. Un episodio en el que las mujeres alemanas se erotizan y esperan ansiosas la llegada del Ejército Rojo para desahogar sus apetencias carnales en sus propios lechos. Hay suicidios y violaciones. Los comunistas se comportan como lo que son: una jauría colorada que devora a sus presas.

Klaus es detenido y el interrogador es ahora interrogado. Pero logra escapar.

 

Klaus, el otrora Carnicero de Lyon, aborda el vapor Corrientes, de bandera argentina, y se dirige al Nuevo Continente en compañía de otros nazis que también escapan de sus crímenes.

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La novela se detiene como el tiempo en Europa. Un nuevo paisaje comenzará a aparecer. Klaus, el otrora Carnicero de Lyon, aborda el vapor Corrientes, de bandera argentina, y se dirige al Nuevo Continente en compañía de otros nazis que también escapan de sus crímenes. En medio de borracheras en alta mar cantan melodías alemanas muy populares durante ese tiempo como Gute Nacht, Mutter; Mutterlied; Auf Fahrt und Waltz; Shön ist die Nacht; Dorothee, y Märchen und Liebe. La muerte provocada por ellos ha quedado atrás. Vendrán otras aventuras, otros lutos.

Un personaje de la guerra civil española aparece en escena. Proviene de Orihuela, la patria chica del poeta Miguel Hernández. En sus sueños, Iván González, el expatriado republicano español, se revela como un conocedor de García Lorca, de Vicente Aleixandre y del pastor de cabras que hizo de la poesía su estandarte.

González se establece en una comunidad próxima a Lima conocida como Quirio. Allí comulga con Manuelita Sánchez y su padre, Anselmo. Los nombres de César Vallejo, Martín Adán, Ricardo Palma y Arguedas se le hacen familiares.

Por ese mismo tiempo Klaus Barbie arriba a Buenos Aires. Es 1951. Días después se marcha a Bolivia. Trabaja en un aserradero como capataz, sin poder despegarse de su conducta nazi. Mientras tanto, en Lyon, un tribunal militar lo condena a muerte en ausencia. Cuando Barbie se entera se le erizan los pelos y se siente enfermo.

 

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Diferentes voces se distribuyen en este relato de Manuel Lasso. Por momentos es un narrador testigo, otras veces es omnisciente. Se trata de una novela rica en matices en la que Klaus cae y se levanta varias veces. Ahora Barbie está en Lima invitado como asesor del ejército peruano en su lucha antisubversiva. Década de los cincuenta. Época de La ciudad y los perros, de Conversación en La Catedral y de Lima en rock. De nuevo, sus manos se aprestan a torturar como si fuera un vicio irrenunciable, mientras que el viejo coronel Auerbach, un ex payaso de circo y compañero de crímenes y farras, hace sus peripecias circenses en el país donde llegaron para esconderse. En otra parte se comenta la extracción de Eichmann por la inteligencia israelí de la república argentina. La Mossad se lleva al famoso nazi para que lo enjuicien y lo condenen a muerte en Tel Aviv.

Los españoles asilados en el país del general Odría son asediados por ser comunistas. Klaus disfruta con la persecución. Es lo que le encanta hacer. Capturar y torturar comunistas. Es su placer más ansiado. El viejo enemigo de Franco, Iván González, se encuentra en su mira. El fantasma del régimen franquista llega a los Andes y se prepara una cámara de tortura para Klaus en la isla de Frontón. Allí es feliz haciendo lo que más le gusta hacer.

Una vez que cae en manos del Carnicero de Lyon, el luchador de los pobres, Anselmo Sánchez, fallece como les sucedió a los heroicos miembros de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. De un balazo en la nuca es eliminado luego de ser torturado. Su hija busca venganza. Trata de asesinar a Barbie varias veces mientras trabaja como doméstica en la casa del teutón. Al mismo tiempo, Iván es capturado y torturado. Pero escapa a la muerte. En esa época Barbie asesina al comerciante Banchero por haberlo denunciado a los cazadores de nazis de Francia. Barbie no puede estar libre de conflictos. En ese instante le llega una carta en la que se le anuncia que el alcalde de Oyonnax, el mismo de la Resistencia francesa, ha llegado a Lima para ajusticiarlo por sus crímenes cometidos en contra del mártir Jean Moulin y de los maquis. Sin embargo, gracias a la ayuda de sus amigos de la policía logra escapar a Bolivia.

Pasa el tiempo y en 1983, François Mitterrand, presidente de Francia, logra extraditarlo y encerrarlo en la misma celda de Lyon donde había torturado a sus víctimas. En el juicio que se le sigue se le declara culpable y se le sentencia a condena perpetua.

 

El carnicero de esta novela de Lasso dibuja una realidad que existió.

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Toda la narración revela el recorrido del personaje desde Berlín, pasando por Lyon hasta llegar a Lima, que le dio fama mundial como criminal y torturador. El carnicero de esta novela de Lasso dibuja una realidad que existió, como una ficción que nos hace recordar la terrible fascinación por el poder de quienes luego se convierten en dictadores con sus más cercanos colaboradores transformados en torturadores, esbirros, criminales, espías y violadores de las libertades civiles. Esta novela es una gran burla de la ideología nazi y una gran protesta contra todos los que destrozan los sagrados derechos de la humanidad.

 

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A manera de exploración, el escritor venezolano David Alizo publicó en el año 2012, un poco antes de su muerte, la novela Nunca más Lili Marleen (Bruguera, Caracas), una historia en la que relata la llegada al estado andino venezolano de Trujillo de un militar nazi llamado Martín Fuchs (Helmut Braune), quien se establece en La Mesa de Esnujaque. Venía huyendo de la mano de la justicia europea.

En el prefacio de esta obra de Alizo, el doctor Augusto Riotempo, de la Cátedra de Historia de las Mentalidades de la Universidad Central de Venezuela, escribió lo siguiente:

Al final de la Segunda Guerra Mundial, muchos miembros del alto gobierno del Tercer Reich, líderes políticos, funcionarios de la RSHA, agentes de la SD, guardia de seguridad de Hitler [SS Schutzstaffel], hombres de la Gestapo y simpatizantes de corazón que confiaron en el gran líder y pusieron sus manos sobre el fuego sagrado del Reich, escaparon de la Alemania derrotada, cuando los aliados comenzaron la búsqueda tenaz de los causantes de haber iniciado la espantosa y cruenta guerra, de los culpables del holocausto (desde Nabucodonosor II, la acción más pavorosa de la historia del antisemitismo) y de los responsables de muchos crímenes cometidos durante el gobierno de Adolfo Hitler.

¿Adónde se dirigieron los evadidos de la justicia del proceso de Núremberg y los prófugos de la Conciencia Nacional? Vinieron a Suramérica…

Alberto Hernández
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