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Terra Immānis, de Álvaro Martín Navarro

domingo 1 de diciembre de 2024
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Álvaro Martín Navarro
En su novela Terra Immānis, el venezolano Álvaro Martín Navarro nos presenta el alucinante y desmesurado retrato de su país.
...sigo creyendo que el sol sale todos los días y que cada nuevo sol anuncia un día nuevo, un día que ayer fue futuro; sigo creyendo que hoy prometerá un mañana en el instante de cerrar una página, imprevisible antes, irrepetible después del tiempo.
Carlos Fuentes: Terra Nostra.

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Terra Immānis traduce tierra extensa, vasto territorio. El término latino está relacionado con la geografía, pero podría tratarse también de la gran cantidad de contradicciones que en ese espacio inmenso se mueven y desatan múltiples razonamientos. Digamos que estamos ante una lectura en la que los sujetos actantes se imbrican para crear tales contradicciones, como suele ocurrir en la historia real, en la realidad, de la cual se desprende una metaficción dotada de una riqueza de eventos que se desarrollan en un país de muchas complejidades, de pasiones tan reveladoras que hacen que esa tierra, de una extensión limitada, sea vista como un mapa cuyas fronteras son consideradas inconmensurables por los moradores de dicha terra.

Hablamos del título de una novela, Terra Immānis (tercera parte de la serie Razonamientos dialécticos), del venezolano Álvaro Martín Navarro. Título que recoge una rica variedad de historias que se van tejiendo en la medida en que van apareciendo los personajes, los sujetos que vigorizan esta extensa memoria de más de cuatrocientas páginas donde cabe parte del relato reciente de un país llamado Venezuela.

El autor se vale de los signos zodiacales como introducción para cada capítulo. Hace un estudio cosmológico de cada personaje, su carácter, sus ambigüedades: un perfil que luego descubre el nombre con el que inicia intrahistorias que se van enhebrando desde grupos familiares hasta eventos nacionales relacionados con la política, la economía, la cultura, la historia. Pues, bien, las contradicciones de un país tan complejo como los actantes protagonistas, capaces de descubrirse en medio del caos, del paso del tiempo, de asonadas, amores y odios, tragedias y festividades. Es decir, la vida en una tierra donde todo es posible.

Ese entrevero de personajes con sus respectivas acciones conforman una novela en la que el lector se ve en la necesidad de tomar nota de cada sujeto actante, toda vez que aparecen y desaparecen envueltos en los aconteceres de personajes nuevos que posibilitan otra historia. Podríamos afirmar que estamos ante una novela de novelas o con novelas. En su interior se cuantifican muchas historias que el lector va confirmando con la realidad. La ficción y la historia de un país se cruzan, yuxtaponen en una suerte de hibridación narrativa.

 

“Terra Immānis”, de Álvaro Martín Navarro
Terra Immānis, de Álvaro Martín Navarro (La Castalia, 2024). Disponible en Amazon

Terra Immānis
Álvaro Martín Navarro
Novela
Centro Editorial La Castalia
Mérida (Venezuela), 2024
ISBN: 979-8344789491
448 páginas

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El uso de los doce signos del zodíaco surten el efecto de un prólogo-estudio para cada personaje. De allí que el comportamiento del tratado como tal sea el perfil que indica el signo. De manera que en conjunto configuran el “horóscopo de la nación”.

La vaguada de 1999 que sacudió parte de la costa central venezolana, especialmente en el estado Vargas, sugiere el inicio de esta extensa historia, aunque el suceso no se ve fijado en el relato, pero el narrador, escindido personaje, da cuenta de señales que advierten de una tragedia que no sólo tenía que ver con la naturaleza, sino también con la realidad política nacional. Para poder justificar lo que el futuro tenía reservado, el narrador (los personajes son las voces muchas veces de los eventos relatados) hace un recuento de los acontecimientos que llevaron el país a la actual situación socioeconómica y política.

Es el país de la familia, el territorio que se recorre del oriente al centro, de los llanos a la capital y hasta de lejanos países que se concentran en esa paradisíaca localidad de la costa donde se desarrolla la mayoría de los eventos que estructuran esta novela de Álvaro Martín Navarro.

Encuentros y desencuentros domésticos en los que se reflejan los asuntos concernientes a la política nacional partidista. He aquí que Venezuela, al menos un segmento de su transcurrir temporal, es el personaje que acoge a los semovientes (el ganado humano reviste carácter intelectual toda vez que los vicios y ambiciones se desatan) que transitan por esta Terra Immānis de la que nadie sale ileso, ni los personajes ni el lector.

 

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Es una novela tesis, porque obliga al lector a revisar lo que ha vivido o lo que vivieron sus padres o sus vecinos. Los personajes relatan, cuentan sus peripecias en un país que ha tenido el fracaso como reflejo. La realidad, ese conjunto de venganzas, afables sensaciones, pequeños triunfos y grandes tropiezos institucionales, están fijados en esta pieza literaria en la que la ficción —en este caso— no supera la realidad porque la realidad es una instancia que a esta altura parece ficción. Es más, realidad y ficción suelen confundirse. El símil con la no-realidad, con las invenciones del escritor, se distancia de los personajes que sí son, la mayoría, sujetos de ficción, reflejos de lo que aquella realidad vertió en la memoria del autor, quien se convierte en narrador y hasta en personaje al vaciarlos en el papel o en la pantalla, en el corpus de una obra con rasgos de historia nacional relatada desde las distintas familias que se cruzan y le dan nombre a esta extensión espiritual traducida en territorio.

 

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El primer signo zodiacal, Escorpio, se centra en Cristóbal, dirigente de un partido de la democracia, quien se convierte en un Gargantúa: llega a pesar casi trescientos kilos. De modo que se transforma en una deformidad, en un monstruo de grasa sobre una cama, desde la cual dicta o cuenta parte de la historia que él vivió, que él compuso desde sus conocimientos. Cristóbal es la mejor representación de la derrota, del hombre que desde su apartamento en Macuto no supo controlar el miedo a la calle. El relato de Cristóbal lo desarrolla un sobrino: Harry. Destacan en este segmento el misterio de la vida en el apartamento donde poca gente ingresa. Aparece como referente la famosa comunidad de Las Quince Letras de Macuto, cerca del Castillete de Reverón.

Se habla del apocalipsis de un país. El tío monstruo lo avizora desde su lentitud motriz para ir al baño, desde su perspicacia intelectual devenida en caída, en hombre atado a unas computadoras. Cosa extraña para esos tiempos. Desde su visión, el jalamecatismo es la institución más relevante en la política vernácula.

Durante esos cinco años mi tío sobrepasó los 300 kilos. Su derrumbamiento en la cama se asemejaba al desmembramiento del país.

El sobrino califica a Cristóbal, su tío, como un “posthumano”.

La voz del tío se desliza críticamente para hablar del carnaval electoral, del país como un teatro de vanidades, y así de la vanidad a las operaciones hasta arribar a la crueldad.

Cristóbal se niega a comer, cansado de la humillación que él mismo se provocó.

 

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Una voz femenina destaca como narradora en Cáncer, el próximo signo zodiacal, cuyos protagonistas son el negro Potter, Herminia, la genealogía de los Veitías, los Otamendi. Viven en un edificio en el que se desarrollan muchas de las historias que descubren, no sólo lo íntimo doméstico sino los problemas del país.

Nace el sobrino, Harry Maximiliano Potter Otamendi.

El tejido sigue tramándose.

En Sagitario el tema se centra en los emigrantes. En el niño Harry Potter, en el racismo, porque él y su padre son negros de sangre trinitaria. Y así, el mismo país definido con estas palabras: “No hay nada más peligroso en el mundo que un traidor con poder”, para referirse a los dirigentes de la política que no cumplen con lo prometido. Es la Venezuela del dólar a 4,30. Es la Venezuela de los viajes a Miami. Aquella del dicho: “Ponme donde haiga”. La Venezuela de 1983 y su descalabro.

Aries es la dirigencia ucevista representada en Yakelín, una ultrosa de izquierda; la de Cristóbal en la juventud de Acción Democrática. Los respaldos y rechazos entre esos personajes que claramente forman parte de aquel tiempo de revueltas en la Universidad Central de Venezuela.

Géminis es Clara Marina Veitías, viuda de Otamendi. Los Morales. Venezuela en caos. Los saqueos. El Caracazo. Los llamados tiempos del cinismo. La historia no para de ser la misma: el país es un verdadero descalabro.

Así, en Leo sigue Yakelín. Aparece en escena Stalin Pérez Saldivia, un falconiano. Los españoles republicanos comunistas. El gordo Otamendi (Cristóbal) y Yakelín viven un romance y pierden una hija que nace muerta.

Capricornio habla de Ludovico José Arrocha Luongo, quien es tutor universitario y candidato a rector. Aparece la figura de Chirinos. Futuro rector y perseguidor de estudiantes. Pedófilo quien terminó mal sus días. Y se muestra el rostro del narcisismo, una “enfermedad egosintónica”. El personaje Blanqui y sus argumentos cosmológicos. Los estudios interminables de algunos dirigentes. Las tesis que nunca son culminadas. Y así, la decepción.

Un cúmulo de referencias literarias parece salvar el instante de una demostración de la quimera.

El signo Libra contiene a Annunziata Margareta D’Alesio Gallo. El bachillerato de 1985. Harry Potter, ya crecidito, forma parte de esta estrategia verbal. Es el tiempo de la muchachada donde el negrito Potter recibe una andanada de sobrenombres y apodos insultantes.

Armando Reverón es mencionado como referente local.

El signo Tauro revela la presencia de la psicóloga de Cristóbal: Mirem de Todos los Santos De Hormaza Urrestarazu, a quien le relata su vida atormentada por los primeros doscientos kilos de peso. Se desahoga por la muerte de su hija nacida muerta, Blanca Estela, en 1986. Mirem es lacaniana y recibe de Cristóbal toda la información sobre la muerte de su padre en una manifestación. Ella lo analiza. Habla del poder, del ego. En este segmento está el relato del incendio de Tacoa, que dejó varios muertos.

El 27 de febrero de 1989 Mirem es asesinada de varios disparos en el interior de su vehículo por una ráfaga mientras ocurre una manifestación en Caracas. La Peste, el cementerio de los anónimos, es también parte de esta extensa historia, la de esta tierra vasta y aterida.

El signo Acuario nos presenta a François Dominique Basquiatt, a quien le dicen cariñosamente Tati, un heladero de nacionalidad haitiana que se congracia con los habitantes de la región. En su español con marcado acento cuenta su experiencia como vendedor ambulante en Puerto Príncipe con sus primos. Y los referentes Papa Doc y Baby Doc, la hegemonía familiar de esa isla compartida con República Dominicana. Una de las dictaduras más atroces del hemisferio occidental. El olor de la sangre como memoria. Los Tonton Macoute, esbirros que acosaban y mataban a los disidentes.

Virgo desarrolla la vida de Sergio Ulpiano Bravo Calzadilla, el llanero de las costas del Tiznados, que llega a Macuto en su Camaro SS, vehículo que era una chatarra y él convirtió en un carro nuevo. Sergio huyó de Guárico porque su pueblo fue inundado para construir una represa. Era alérgico al alcohol. Abstemio, era la burla de sus amigos. Amparado en la cantidad de salas de cine de la zona vio casi todas las películas de producción nacional. Ocurrió el golpe de 1992.

El signo Piscis aborda la vida de Erwin Leopoldo Mesa Cabrera, a quien llaman Chapita. También le dicen Falsario. Militante del partido AD, profesor en Ciencias Políticas graduado summa cum laude. De esta sección se desprende también parte de la vida universitaria de la cual se reconocen académicamente dos visiones de país: la de la izquierda y la de la socialdemocracia liberal.

No deja de ser tocado en esta novela el tejido de la corrupción institucional: privada y pública: contratos y prebendas que asoman una vez más el fracaso nacional.

Cierra la pieza novelesca con el extraño Ofiuco: un signo trágico, que fue “censurado por los babilonios...”, y que el horóscopo no usa para vaticinar el futuro de quien se asome a sus abismos.

La tragedia queda registrada en la muerte de Cristóbal: se mata de hambre para demostrar una vez más cómo un gentilicio ha sido vapuleado por el pasado y por el presente, éste tan actual que también forma parte de esta ambiciosa novela.

Terra Immánis, terra nostra, terra ajena, terra extensa, tierra de nadie, de los vivos y los muertos, de la derrota y el ensueño. Y así, el sol saldrá todos los días en el presente y será memoria del pasado.

Tierra de adivinos, de rastreadores de signos y símbolos celestes. Tierra incógnita.

Alberto Hernández
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