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El libro de las improvisaciones, de Juan Lebrún

lunes 14 de julio de 2025
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Juan Lebrún
Juan Lebrún obtuvo, con El libro de las improvisaciones, el Primer Premio Internacional de Poesía Joven Ida Gramcko 2024, organizado por la LP5 Editora.

Improvisación: Obra o composición improvisada.
Improvisadamente: Sin prevención ni previsión.
Diccionario de la lengua española

1

Componer versos de repente, como quien inventa con los sentidos relámpagos y árboles flotantes. Como quien delante del público enhebra versos y los dice sin leerlos porque es el momento, el instante el que favorece el milagro. Improvisar entonces es rebelarse y revelarse contra la tradición de la escritura manual, contra el teclado, contra la punta del bolígrafo para que la memoria grabada se convierta en libro, en pergamino, pero ha quedado en el aire esa surreal capacidad de mirar rostros, objetos, lomos de libros, el viento en su arrasar sutil o en una inmediata remezón de ramas. Quien improvisa a veces hace música con la voz y hasta teatraliza los verbos anudados a los sustantivos para que el tiempo no corra en vano y quede en la grabadora o en los límites de la buena memoria del improvisador el eco de lo hablado, dicho, perpetrado en una suerte de alucinación gramatical que emerge del cuerpo frente a un público o en desolado paisaje, en medio del silencio para que los dioses sepan de unas líneas sonoras que habrán de quedar flotando como los árboles que forman parte de un libro o de la ilusión estética, forjada por “el tiempo que hace al poema / con ojos vocales”, porque improvisar es ver, oír, mirar, escuchar, observar, percibir, otear, tantear, advertir, ojear y luego, muy luego, escribir, hacer el libro con pupila y oídos.

Y el libro se hizo para luego obtener el Primer Premio Internacional de Poesía Joven Ida Gramcko 2024, organizado por la LP5 Editora. El jurado estuvo integrado por Ana María Hurtado, Carlos Aguasaco, Luis Enrique Belmonte y Edgar Vidaurre.

Pero también se puede improvisar frente al computador, como si éste fuese o fuera un gran ojo u oído que mira y oye a quien traza las palabras, las organiza en voz alta o en muy baja, o con el pensamiento para que se sienta que con o sin testigos espectadores se compone de repente, se improvisan sonidos, tejidos de manera que se contengan en un espacio donde quepa el universo, el real, el surreal, el dislocado, el trashumante, el que viaje de ida y vuelta a la memoria, y desde ella misma.

El libro de las improvisaciones de Juan Lebrún ha motivado estas palabras iniciales que servirán para entrarle a una lectura donde todo podría ser posible, desde la reflexión surrealista hasta la pérdida de la noción memorial de quien anudado a sus versos se transforma en eco de esta escritura recién premiada.

 

“El libro de las improvisaciones”, de Juan Lebrún
El libro de las improvisaciones, de Juan Lebrún (LP5 Editora, 2024). Disponible en Amazon

2

Decir un poema
en el movimiento del tornado

Todo fluye, como un torrente mientras la boca expresa: el poema se alinea con el paisaje, con el entorno, con lo que toca, con la mirada y la atención de quien se siente espectador. De esta manera, Lebrún improvisa: “El único nido es la cabeza”, es decir, la herramienta que contiene la fluidez que, como ha dicho muchas veces el filósofo efesino Heráclito, se vive, se cambia, se muta en un fluir permanente, y así las palabras que emergen vivas para convertirse en versos, para hacerse parte del fluir de lo concreto.

Lebrún escribe a ritmo de voz cantante, también a ritmo de quien conversa o deja dicho lo que habrá luego de transcribirse. Son poemas del todo: es una constante poética porque se mueve para dejar rastro en el aire, como el humo, como el aire mismo:

Di palabras efímeras
como el venado blanco de las letras.

¿A qué velocidad corre ese animal que deja en el ambiente el eco de la voz de quien lo nombra?

El mismo poema se define: “Improvisar es registro, reciclaje modal”, de modo que quien construye poemas instantáneos los graba, los convierte en otro sonido para luego convertirlos en letras. Reciclar, repetir o convertir el ciclo de otra manera, y así la poesía, siempre cambiante, por eso “Corta el tronco grueso del habla”, para delegarse “diálogo interválico”.

Insiste el poeta en definir su condición de hablante poético/sonoro:

Me siento frente al charco
a decir cuanto veo, escucho y
pienso.

Y continúa el movimiento, el fluir de esa conciencia verbal que se formula cosmos en la memoria tanto del oyente como del ahora lector. Y este “ahora” será permanencia porque queda escrito, trazado, leído.

 

3

El fluir vaga para establecer una poética:

No hay mayor dicha que lo fugaz del pensamiento.

Esta aparente contradicción revela el carácter inmediato de la improvisación: el pensamiento que, como afirma Rosa Navarro Durán, está en el poema: tiene un personaje, piensa, ergo, pronuncia hasta hacerse “visible”.

A través de la metáfora el autor vuelve a su andar:

...un barco encalló por su destreza:
su inexperiencia no supo improvisar.

El tono personal avisa, entra en acción:

Pero hoy vine a contar mi historia (...)

Anduve de loco adolescente
y de niño en muchos parajes.

Y una suerte de autobiografía lo alude:

Fue mi tono un columpio,
un niño agachado

Y sigue, como si contara un cuento:

¿Esta vívida imagen era un venado
en el asfalto asombroso de Caracas?

Un vez más, el venado, ese símbolo de la dicha, de la imagen fugaz.

De esta manera, “La improvisación es el instante pensándose”.

Para decir, sin ambages, sin dejar de modular, de hacerse público en el libro:

Salgo ahora del paisaje

porque se ha paseado por diversos espacios, por ese pequeño cosmos de la ciudad, esa práctica sónica, fónica y agónica. ¿Una avería? La palabra aparece y desaparece de la voz cantante.

 

4

Que este verso me parta el límite
porque yo me perdí........infinitándome

Ilímite es la poesía, no obstante decir el universo personal limita el instante: el silencio recurre al auxilio surreal, humanizado:

...la noche agonizante del ladrillo.

 

5

Algunos de estos poemas han sido musicalizados, llevados a partitura, cantados.

Y en un cierre inconcluso del lector:

Las partes del poema que se van con el viento de esta noche
son salvadas de la quema.

En “Nota del autor”, éste declara:

Para hacer estas improvisaciones, me grabé en distintos sitios con mi teléfono celular. Luego, transcribí interpretando mis silencios y los paisajes sonoros caraqueños.

Alberto Hernández
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